Las ecografías en el embarazo

Las ecografías en el embarazo
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Aunque se utilizan para otros fines médicos, la palabra ecografía inmediatamente nos sugiere un embarazo. Y es que durante esta etapa, la mujer debe someterse a un seguimiento médico continuo que implica la realización de varias ecografías con el fin de comprobar el correcto desarrollo del feto. Pero es que además, para los padres, y especialmente para mamá, la primera ecografía se convierte en una experiencia inolvidable, pues por primera vez “ve” al bebé que lleva dentro.

Por el momento, es la mejor forma de ver al niño cuando todavía no ha nacido. Pero ¿qué es exactamente? ¿Por qué se utiliza este método en obstetricia?


Las ecografías también se llaman ultrasonidos por la técnica empleada para obtener la imagen del feto. El mecanismo es sencillo: una fuente emite sonidos, no apreciables por el oído humano,  y estos al chocar contra un obstáculo, rebotan y vuelven a la fuente. Algo similar a lo que ocurre con el eco, y de ahí el nombre que recibe. Después, un sistema informático reconstruye, en un monitor, la imagen que han dibujado los ultrasonidos al chocar contra todos los puntos del cuerpo y los órganos del bebé.  


Objetivos de las ecografías


Los ultrasonidos permiten visualizar lo que ocurre en el interior del vientre de una mujer desde el primer momento del embarazo, lo que resulta de gran utilidad para la práctica obstétrica. Entre otras cosas posibilita:


·         Determinar el tiempo del embarazo.


·         Observar el número de embriones para diagnosticar una posible gestación múltiple.

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·         Vigilar el crecimiento y desarrollo del bebé.


·         Observar la placenta y el líquido amniótico.


·         Detectar posibles anomalías fetales.

.         Observar la secreción serosa proveniente del útero o serometra.


¿Cuándo se realizan?


En nuestro país la Sanidad Pública prevé tres ecografías en el transcurso de todo el embarazo. Lo que equivale a una por trimestre. Y se realizan alrededor de la semana 12, de la 22 y de la 32.


En la Sanidad Privada la frecuencia de pruebas ecográficas aumenta, y algunas clínicas pueden someter a la mujer a una ecografía mensual. Aunque un mayor número de ecografías no son realmente necesarias para asegurar un mejor control del embarazo, muchas mujeres confiesan sentirse más tranquilas “viendo” a su bebé una vez al mes en lugar de cada tres.


Sea como fuere, en todo seguimiento gestacional, se realizan al menos tres ecografías


1.       Primera ecografía. Semana 12


Se aconseja realizarla entre la semana 11 y la 14.


¿Qué muestra?


La vida del embrión. Confirma la correcta evolución del embarazo, la vitalidad del embrión o la detención del mismo y un posible aborto.  

El tiempo de gestación. Esta primera ecografía permite medir al feto y estimar su edad, con lo que se fecha el inicio del embarazo y el tiempo de amenorrea (ausencia de regla).

El número de embriones. Se examina la posibilidad de gemelos, o más embriones.

Detección de anomalías. En esta ecografía se mide el pliegue nucal del feto, una medida para evaluar la presencia de anomalías cromosómicas, como la trisomía 21.

Patologías maternas. Además se descartan patologías o anomalías en los órganos de la madre, como útero u ovarios.


2.       Segunda ecografía. Semana 22


Suele llevarse a cabo entre la semana 20 y la 22.


¿Qué muestra?


Los órganos del bebé. Esta prueba es muy importante pues el feto ya está prácticamente formado y sus órganos son apreciables mediante ultrasonido. Puede verse en detalle su desarrollo y descubrir posibles anomalías en ellos.

El cordón umbilical. Se verifica su longitud, el número de vasos y la circulación sanguínea.

El crecimiento del feto. La eco de la semana 20 permite observar si el feto crece adecuadamente o tiene un tamaño por debajo o por encima de lo normal, lo que podría indicar alguna patología en la madre o el bebé.

La placenta y el líquido amniótico. Además de vigilar al feto, esta ecografía sirve para controlar el entorno en el que vive, indispensable para su correcto desarrollo.

El sexo del bebé. Aunque no tiene relevancia médica (de hecho algunos ecógrafos no lo mencionan si los padres no lo solicitan), en este momento puede distinguirse el sexo del bebé con claridad.
 

3.       Tercera ecografía. Semana 32


Se prescribe a partir de la semana 30 y no más tarde de la 33.


¿Qué muestra?

El crecimiento fetal. Nos muestra de forma bastante precisa el tamaño del bebé. Dato importante de cara al parto.

La posición y aspecto de la placenta. La colocación de la placenta puede entorpecer la salida del bebé durante el parto, además esta puede envejecer antes de lo normal y no cumplir su función por lo que el bebé estaría en peligro. Los ultrasonidos pueden advertir de alguna de estas circunstancias y el ginecólogo actuar en consecuencia.

Los gestos del bebé. Debido al tamaño que tiene el feto ahora ya no es posible verlo entero pero gracias a esto se pueden apreciar mejor los gestos de la cara y valorar su deglución y respiración.

Colocación del feto. Esta información es muy importante, especialmente cuanto más cerca esté el día del nacimiento. Lo ideal para el parto es que el niño presente posición cefálica en esta semana, esto es, que esté colocado con la cabeza hacia abajo.


¿Cómo se lleva a cabo una ecografía?


Las ecografías se hacen a través de una sonda, indolora para la mujer y el feto, que se desliza por la tripa de la futura mamá. Para que los ultrasonidos se transmitan mejor, se aplica previamente un gel sobre el vientre. Esta sonda arrojará imágenes en directo que pueden ser visionadas en una pantalla. El ecógrafo las examinará concienzudamente. Este momento suele inquietar a los expectantes papás y no es raro que malinterpreten sus silencios y gestos de concentración. En la mayoría de los casos no hay nada por lo que preocuparse. Examinar e interpretar una ecografía requiere de una cuidada atención y esos gestos serior seguramente respondan a ello.


Durante la exploración es común pedir a la mamá moverse para que lo haga también el bebé y así obtener un mejor ángulo de visión.


Tras el diagnóstico, las imágenes son fotografiadas y guardadas en el dosier clínico de la madre, para poder compararlas y cotejarlas con otras ecografías y pruebas prenatales.


Lo habitual es que se imprima una copia y se entregue a la madre.


Algunos consejos


Te recomendarán, al emplazarte a una ecografía, que acudas con el vientre limpio y libre de cremas o aceites. En algunas ocasiones, especialmente en la primera, podrán aconsejarte que bebas mucha agua antes, aunque lo habitual es que no sea necesario.


Acude sola o con tu pareja. Generalmente no permiten la presencia de nadie más. Las estancias donde se realizan las ecografías suelen ser espacios muy pequeños donde, además, el obstetra necesita concentración y la máxima atención para examinar e interpretar las imágenes.


Ten en cuenta que esta prueba requiere de cierto tiempo, y es importante que se realice en un determinado momento de la gestación. Planifica y prevé tus citas.


¿Pueden hacerse más ecografías de recuerdo?


Lo primero que conviene saber es que las ecografías son herramientas médicas de diagnóstico, y no una sesión de fotos de tu bebé. Es totalmente normal emocionarse al ver por primera vez una imagen del hijo que se está esperando, pero piensa que para el médico es una gran responsabilidad.


A pesar de que los expertos aseguran que la exposición a ultrasonidos es una práctica inocua para la madre o el feto, no son pocos los ginecólogos que están en contra de realizar ecografías de más, pues, afirman, no se ha estudiado el riesgo real, y por lo tanto prefieren, como medida de precaución, limitar su uso a lo estrictamente necesario para la vigilancia médica del embarazo.


¿Y qué pasa con las ecografías 3D y 4D?


Estas ecografías, muy de moda los últimos años por su calidad y gran visibilidad, no aportan muchas novedades desde el punto de vista médico. Es muy poco relevante la información que ofrecen para un ginecólogo, pero su coste es muy elevado. Y por esta razón, principalmente, los centros públicos carecen de su tecnología. Por el contrario, cada vez es mayor el número de clínicas privadas que optan por este método que permite ver al niño en tres dimensiones e incluso en movimiento.


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