Embarazo molar parcial

Embarazo molar parcial
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La mola hidatiforme (llamada también enfermedad trofoblástica gestacional) es un raro trastorno que se produce por la formación anormal del tejido placentario, dando lugar a una mole de quistes en lugar de a un embrión sano.

La enfermedad trofoblástica gestacional se produce cuando un óvulo se fecunda de manera anormal, lo que provoca que el tejido placentario se transforme en múltiples quistes, que en su estado más avanzado se asemejan a un racimo de uvas.

 

En sus primeras fases parece un embarazo normal: reacciona ante los test caseros y los análisis de sangre, produce los síntomas propios de un embarazo (náuseas, malestar, dolor abdominal, etc.). Sin embargo, en ningún momento llega a existir un embrión sano.

 

En el caso del embarazo molar parcial, a diferencia del completo, sí están presentes los 23 cromosomas de la madre, pero también dos grupos de cromosomas del padre, con lo que el embrión tiene 69 cromosomas en lugar de 46, dando lugar a un embrión deforme que no puede sobrevivir. Esto puede suceder si el óvulo es fecundado por dos espermatozoides a la vez.

 

Sin embargo, hay que añadir que la causa de esta anomalía no se conoce totalmente. Se piensa que podría deberse a defectos en el óvulo, anomalías en el útero o deficiencias nutricionales (dietas bajas en proteínas, ácido fólico y caroteno).

¿Qué es un embarazo molar?

¿Qué es un embarazo molar?

Un embarazo molar es aquel en el que el óvulo fertilizado crece anormalmente, convirtiéndose en una masa de quistes. Este embarazo nunca puede llegar a término, ya que el óvulo o no existe, o no se desarrolla de manera adecuada. Por eso se debe interrumpir en cuanto se tiene conciencia de su existencia. Lo bueno es que las perspectivas de tener un futuro embarazo normal después de esta dura experiencia son altísimas. Conoce sus síntomas, tratamiento, etc.

 

 

Síntomas y tratamiento

 

Muchas veces es asintomático, y se descubre en la primera ecografía. Otras veces, los síntomas que denuncian una anomalía son: hemorragias vaginales (normalmente de color marrón oscuro), náuseas y vómitos de carácter serio que impiden la alimentación, presión arterial elevada, calambres abdominales, sialorrea, crecimiento excesivo del tamaño del útero…

 

Tras diagnosticar el embarazo molar (parcial o completo), solo hay un tratamiento posible: interrumpir el embarazo. Una vez se lleva a cabo (mediante un legrado, normalmente), es necesario realizar revisiones periódicas a la mujer ya que esta enfermedad se comporta como un tumor, y en algunos ocasiones puede dar lugar a un carcinoma.

 

Durante el año siguiente a la pérdida del embarazo, se llevan a cabo revisiones de los niveles de hCG, ya que si sus niveles son muy altos, puede que hayan quedado restos de células anormales del tejido placentario enfermo, que puede sufrir metástasis y convertirse en un coriocarcinoma.

 

Sin embargo, los datos sobre este tipo de consecuencias negativas son alentadores:

 

- Más del 80% de moles son benignas y desaparecen totalmente tras el tratamiento, con lo que la mujer puede volver a quedarse embarazada y tener un hijo normal después de un año.

 

- Del 10 al 15% se pueden convertir en moles invasivas, que penetran en la pared del útero dando lugar a hemorragias internas u otro tipo de complicaciones.

 

- Entre el 2 y el 3% se transforman en un coriocarcinoma, un cáncer maligno, de rápido desarrollo, pero que tiene una tasa de curación muy alta.


Fuente:

Blott, Maggie (2015), Tu embarazo día a día, Barcelona, Ed. Planeta.

Redacción: Irene García

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