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Obstrucción del conducto lagrimal

Obstrucción del conducto lagrimal

La función de las lágrimas es básica: protegen, limpian y lubrican la superficie ocular creando una fina y constante capa acuosa sobre ella. Sin apenas percatarnos las lágrimas bañan permanentemente la córnea para asegurar la salud del ojo y mantenerlo hidratado.

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Indice

 

¿Cómo funciona el lagrimal?

Las lágrimas son generadas por unas glándulas y una vez cumplida su función el líquido es drenado hasta la nariz y la garganta a través de los conductos lagrimales, cuyos orificios de entrada se encuentran el extremo interno del ojo. Estos canales, dos en cada ojo, se unen en uno y van a parar al saco lagrimal, situado en la base de la nariz.

A las pocas horas de nacer, un bebé es capaz de secretar lágrimas, aunque tendrán que pasar algunas semanas hasta que su producción sea apreciable. Si bien, en algunas ocasiones ocurre que el canal que las recoge y las drena está cerrado o se bloquea y los ojos, incapaces de absorberlas, se llenan de lágrimas.

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La obstrucción del lagrimal es una afección congénita ocular bastante frecuente en bebés que suele evidenciarse a partir de los 15 o 30 días de vida del pequeño, cuando empieza a generar una mayor cantidad de lágrimas.

 

¿Por qué ocurre la obstrucción del conducto del lagrimal?

Este trastorno, que afecta en mayor medida a un solo lado, suele tener su origen en la imperforación del conducto, lo que provoca que las lágrimas no puedan evacuarse, se acumulen y rebosen por la mejilla, pudiendo dar lugar a una infección.

 

Síntomas de obstrucción

Es fácil percatarse de que un bebé padece esta afección. Sus ojos (o uno solo) estarán continuamente llorosos, lo que se conoce en oftalmología con el nombre de epífora.

Es común también la presencia exagerada de secreciones no purulentas (legañas), repetidas conjuntivitis por infección o secreciones amarillentas o verdosas al apretar el lagrimal.

Igualmente el ojo suele irritarse con mayor frecuencia y en algunas aunque raras situaciones puede derivar en una diacrocistitis o inflamación del saco lagrimal por infección o por obstrucción.

 

Tratamiento

La mayoría de las veces esta afección ocurre porque la vía de drenaje no ha terminado de formarse cuando el bebé ha nacido. Por lo que en un 80% de los casos se resuelve solo entre los 6 y los 12 primeros meses de vida y no es necesario ningún tipo de tratamiento más que los destinados a la higiene ocular u otros remedios conservadores.

Si no hay infección:

- Limpiar las lágrimas y los restos de legañas varias veces al día con gasas estériles y suero fisiológico para prevenir infecciones.

- Masajear la zona del saco lagrimal presionando con el dedo de 3 a 5 veces al día, para favorecer la apertura y el drenaje del conducto.

Si hay infección:

- El médico puede considerar conveniente la aplicación de antibiótico en colirio o en pomada.

Generalmente, con estas medidas y un poco de tiempo (semanas o un par de meses) suelen solucionarse la mayor parte de los casos. Cuando esto no sucede puede ser necesario realizar una pequeña intervención quirúrgica, mediante la cual se introduce por el conducto obstruido una sonda o catéter por el que se irriga una solución salina con el fin de desbloquearlo. Es una operación ambulatoria que, por la corta edad del bebé, suele requerir anestesia general, pero tras la intervención el pequeño recibirá el alta y podrá pasar la noche en casa.


Fecha de actualización: 14-04-2020

Redacción: Irene García

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