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¿Cómo saber si mi bebé es inteligente?

¿Cómo saber si mi bebé es inteligente?

Es habitual que los padres observen a su bebé cada día y piensen que es, sin duda, el bebé más inteligente del mundo. Pero ¿sabrían definir exactamente qué es la inteligencia y descubrirla en su bebé adecuadamente?

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El concepto de inteligencia hace referencia a la facultad de la mente que permite aprender, razonar, tomar decisiones y formarse una idea determinada de la realidad. En definitiva, la capacidad de relacionar conocimientos que poseemos para resolver una situación. Existen tres ideas básicas sobre la inteligencia que consisten en lo siguiente:


Estimular equilibradamente al bebé para que desarrolle sus capacidades cognitivas. No hay que excitarlo ni descentrarlo, y por ello hay que dosificar los estímulos en función del momento, los intereses y las capacidades.


No comparar la inteligencia de su hijo con la del resto. Cada uno madura a su ritmo y aprende de manera diferente en relación con sus propios gustos y talentos únicos.


No prohibir constantemente. Con ello lo único que se consigue es obstaculizar su curiosidad y frenar sus ansias de exploración y progreso, por lo que lo más adecuado es permitir que arriesgue, descubra y se equivoque para poder buscar soluciones por sí mismo. Recordemos que el desarrollo de su inteligencia depende de muchos de sus errores previos y equivocarse le ayuda a aprender.

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Muchas madres primerizas asumen que los lactantes nacen sabiendo instintivamente cómo aferrarse al pecho y que si presentan su pecho de la manera correcta el bebé sabrá qué hacer. Ciertamente algunos bebés son capaces de aferrarse por sí solos, con una buena técnica.

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Según Mario Alonso Puig, neurocientífico e investigador apasionado de la inteligencia, este concepto hasta hace unos años se entendía como algo fijo que se podía medir con un test, pero que ahora, sin embargo, “se ve más como una ventana que se puede abrir o mantener cerrada, y cuando se abre el niño empieza a entender las cosas, a asociarlas, empieza a crear, etc.”


Sin duda, una ventana que no se abre a la vez para todos ya que requiere de unas condiciones necesarias para abrirse. Con esto nos referimos exactamente a que es normal que los padres a menudo duden sobre el momento exacto en que sus hijos deberían hablar o andar o en que otros niños, por ejemplo, no hagan lo que su hijo sí a esa edad, pero cometen un grave error al hacerlo. Todos los bebés vienen al mundo con muy pocos conocimientos y a las pocas horas de nacer ya comienzan a investigar sonidos, aromas, texturas, etc., y a los pocos meses interpretan, piensan y toman decisiones. Y todos lo harán, aunque algunos antes y otros después.


Y es por eso por lo que resulta fundamental que todos ellos sean conscientes de esto y que entiendan que a pesar de que su hijo haga cosas que el resto de los niños a su edad no hacen, ello no implica que su bebé sea inteligente. Todo lo nuevo va a convertirse en alimento para su cerebro, pues su crecimiento intelectual será imparable y sorprendente, pero para aprender mucho y con facilidad no basta con ser un bebé inteligente, pues la inteligencia es pensar y razonar, pero también tener ganas de hacerlo.


Según un estudio llevado a cabo hace años en Estados Unidos para entender la inteligencia no solamente se debe contemplar una como tal sino nueve. Aunque parezca increíble, cada forma de recibir la información está relacionada con un tipo de inteligencia diferente y en cada niño predomina una, aunque puede haber varias. De hecho, para M.A. Puig, “si un niño no aprende es que no le estamos hablando de la manera en la que él aprende”. No todos aprendemos igual y no por ello los padres deben dominar los nueve tipos de inteligencia de los que se habla (espacial, lingüística, lógico-matemática, kinestésica, musical, interpersonal, intrapersonal, naturalista y existencial), pero sí crear las condiciones necesarias y la confianza imprescindible para permitir que el bebé aprenda a su manera. Por eso es fundamental observarlo, respetarlo, alentarlo y no ponerle ninguna etiqueta que lo limite.


En referencia a este último punto, Puig no comprende qué es lo que entorpece el proceso de aprendizaje si estamos dotados para aprender y explica que hay ciertas cosas que lo bloquean. Según el neurocientífico, el aprendizaje se bloquea principalmente por estos tres factores:


1. La manera en que gestionamos el error, ya que según Puig “en nuestra cultura el error despierta sentimientos muy negativos, sentimientos de torpeza y amenaza con efectos muy serios en el funcionamiento del cerebro”.


2. Demasiada tensión en el aprendizaje y en la vida en general. Para Puig una pequeña tensión ayuda, sin embargo, cuando es grande bloquea.


3. La importancia de la compañía, ya que “todo aprendizaje implica estar en tierra nueva, desconocida, y es importante sentirse confiado”. No es lo mismo tener a alguien que nos apoya que tener a alguien que nos critica.


Señales de que mi hijo es inteligente o posee altas capacidades


Según algunos expertos en Diagnóstico y Atención Psicopedagógica de Niños con Altas Capacidades existen algunos síntomas evidentes para averiguar si el niño es o no inteligente:


- Su mirada parece estar siempre en alerta. Es una mirada que parece preguntar desde minutos después del nacimiento.


Demandan estimulación constante y se aburren cuando no la reciben. Cuando se les estimula el nivel de atención es total.


- Memorizan en las primeras semanas. Son capaces de recordar y reconocer lugares, personas y objetos.


- Duermen menos y con mayor dificultad que los demás bebés, les cuesta mucho conciliar el sueño y tienen menor necesidad de este.


- Se sobreestimulan con los juguetes de cuna que se mueven o giran de forma constante.


- Son hipersensibles a olores, sonidos, texturas, que son las primeras señales de la hipersensibilidad sensorial.


Dicen sus primeras palabras en torno a los seis meses y al año pueden llegar a mantener una conversación.


- Comienzan a caminar alrededor de los ocho y nueve meses, casi siempre antes del año.


- Son capaces de aprender por sí solos a leer antes de los cuatro años e intuyen rápidamente conceptos matemáticos como la suma o la resta en torno a los tres.


No obstante, que el bebé muestre alguna de estas características no significa que sea un bebé inteligente (o con altas capacidades), aunque sí son unos buenos indicadores que los padres deben tener en cuenta a la hora de observar la evolución de su hijo para tener más claridad sobre la posibilidad de que el niño sí lo sea. Además, una detección temprana trae consigo multitud de beneficios y ahorra tanto a padres como a niños muchas frustraciones.


Finalmente, se considera que en un asunto tan complicado como este son los padres la piedra angular en su desarrollo y felicidad, aunque estos siempre vayan a necesitar del apoyo de otros profesionales y especialmente del sistema educativo. El principal objetivo es que estos bebés el día de mañana puedan desplegar todo su potencial y convertirse en inmensos bienes para sí mismos, pero también para nuestra sociedad.


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