¿Cuándo un bebé empieza a usar almohada?

¿Cuándo un bebé empieza a usar almohada?
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La mayoría de los progenitores creen que las almohadas son indispensables para que sus hijos pequeños puedan tener un buen descanso, pero nada más lejos de la realidad. A la hora de añadir una almohada a la cama de los pequeños hay que tener presente muchos factores, desde la edad hasta la postura en la que suelen dormir.

Conseguir que los niños y las niñas tengan un buen sueño reparador todas las noches no depende, ni mucho menos, de una almohada. En función de la edad, su estructura física y sus posturas al dormir habrá que ir cambiando el tipo y tamaño de almohada.

 

Durante los primeros meses de vida del bebé no es aconsejable utilizar ningún tipo de almohada por fina o pequeña que sea. Los pediatras no recomiendan su uso debido a varios factores:

 

-El tamaño de la cabeza del bebé es proporcionalmente más grande que el resto de su cuerpo y, sobre todo, sus hombros. Por ello, el uso de una almohada impediría una alineación natural de su espalda al forzar la curvatura normal de su cuello. Los bebés estarían bastante incómodos y no podrían descansar adecuadamente.

-El uso de almohadas antes de tiempo puede contribuir al llamado Síndrome de la Muerte Súbita del Lactante. Esto se define como el fallecimiento inesperado de un menor aparentemente sano de manera repentina. Si un lactante duerme con almohada, rodeado de peluches o de cojines puede verse en la situación de haberse girado boca abajo durante el sueño y luego no ser capaz de darse la vuelta conllevando a este tipo de situaciones.

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Existe una excepción en la que un recién nacido debe dormir con una especie de almohada y es cuando se trata de bebés prematuros. En esos casos se suele colocar un rosco bajo sus cabezas para que estas no se deformen debido a que sus huesos son demasiado blandos aún y pueden hundirse a causa de su propio peso. Es una manera de evitar la conocida como plagiocefalia, es decir, la cabeza deformada.

 

No es hasta los 2 años cuando se debe pensar en ponerle una almohada al niño o a la niña para dormir, ya que desde el punto de vista fisiológico hasta que los hombros del menor no son más anchos que su cabeza no es lo ideal. Su estructura física ha cambiado por lo que ya no se sentirán incómodos si utilizan una pequeña almohada fina y mullida al dormir. 

 

Asimismo, entre los 2 y los 4 años los pequeños van a hacer un uso muy limitado de una almohada ya que durante el sueño tienden a moverse mucho y a no aguantar en una misma postura durante un periodo largo de tiempo. Esto significa que cualquier parte de la cama puede terminar ejerciendo la función de la almohada.

 

Por otro lado, también hay que tener en cuenta que algunos niños padecen de vegetaciones y que en estos casos hay que sopesar la mejor manera que tienen para dormir. Sufrir de vegetaciones conlleva a que se padezcan dolores de oídos y se respire mucho peor cuando se está tumbado. En estos casos los niños duermen mejor si se encuentran más incorporados y para ello sí serviría una pequeña almohada o un cojín grande. Al no poder respirar bien si se bajan o se mueven mucho cambiando de posición estos pequeños si suelen mantener la postura para poder dormir.

 

A partir de los 4 años el sueño de los niños es menos movido y más relajado por lo que la opción de la almohada es mucho más recomendable a partir de ese momento. Eso sí, hay que tener en cuenta las posturas que adopta el menor al dormir para escoger el modelo de almohada que mejor se adapte a su manera de dormir.

 

-Si duerme boca arriba de manera habitual se recomienda que utilicen una almohada más bien fina que pueda acomodarse a su nuca sin flexionar mucho su cuello dejando la parte posterior de la cabeza sobre el colchón para favorecer su descanso.

-Si duerme boca abajo lo ideal es que no utilice almohada o que se haga uso de una muy fina, de no más de 10 cm de grosor. Igualmente, hay que tener en cuenta que esta postura no es muy buena para las cervicales.

-En el caso de que su posición predilecta sea de lado hay que utilizar una almohada con un grosor importante y firme que permita la alineación de su columna y su cabeza.

 

Lo importante es que los niños y las niñas no tengan problemas para dormir ni se despierten con dolores de cuello. Conforme vayan creciendo habrá que seguir adaptando el tamaño y el grosor de la almohada a su nueva estructura física. Por otro lado, se recomienda que la composición de esta se base en un relleno de algodón y que esté recubierta de espuma hipoalergénica.


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Fecha de actualización: 31-07-2019

Redacción: Andrea Rivero

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