¿Cuándo empezar a ponerle zapatos al bebé?

¿Cuándo empezar a ponerle zapatos al bebé?
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Los bebés comienzan a caminar entre los 12 y los 15 meses de edad, aunque esto puede retrasarse hasta los 18 meses y no hay que preocuparse por ello. En estos casos, el desarrollo psicomotor del pequeño será valorado adecuadamente por su pediatra que ha ido observando su crecimiento. Pero ¿cuándo hay que empezar a ponerle los zapatos al bebé?

 

El motivo por el que hay que calzar a los más pequeños es para proteger sus pies del frío y su piel en aquellos suelos que puedan sufrir algún daño. Los pies de los niños hasta los 3 años aproximadamente son planos. Están formados por una capa de grasa que los hace regordetes y les permite un mejor contacto con el suelo para ayudarles a comenzar a andar.

 

A medida que el menor va creciendo su pie y su horma van cambiando. En un primer momento su planta es bastante ancha debido a la almohadilla de grasa que la forma. Con el paso del tiempo va dejando de ser tan ancha y al llegar a los 4 o 5 años ya tienen un arco plantar muy bien formado y definido.

 

Los zapatos en los bebés no suelen durar mucho, no solo porque su crecimiento rápido hace que le duren un mes, también porque no suelen aguantar con ellos puestos mucho tiempo. Esto no es ningún problema ya que hasta que no pisen la calle no son necesarios y su función no va más allá de la estética.

 

Los niños comienzan su aventura de caminar entre los 12 y los 15 meses, aunque varía en función de cada uno. Muchos progenitores creen que la evolución normal para llegar a este punto obliga a pasar por la fase del gateo, pero esto no es así. Aproximadamente un 20% de los menores no gatean, sino que comienzan los intentos de andar directamente. En el caso de que el pequeño vaya a gatear fuera del hogar es recomendable que el zapato que se le coloque sea holgado y ancho, que tenga la punta reforzada y que no le apriete el empeine.

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En ocasiones, muchos padres y madres acuden al pediatra ya que su hijo al tener los pies muy regordetes tiene problemas para utilizar zapatos porque no le entran. En ese caso, no hay que forzar ya que, además de poder hacerle daño, está claro que no es el calzado adecuado. El zapato no debe oprimir el pie del menor y debe entrar sin necesidad de hacer fuerza.

 

Cuando el pequeño se encuentra en casa es preferible que vaya descalzo para que acostumbre a sus pies al suelo y, cuando comience sus intentos de caminar, lo mejor es ponerle calcetines con suela antideslizante en caso de ser necesario, además de protegerlo de la suciedad y también de los posibles objetos que puedan dañarle. El pequeño no va a resfriarse por ir descalzo, eso es un mito.

 

A la hora de escoger un par de zapatos para el bebé no hay que dejarse engañar por aquellos que son especiales para ayudarles a andar o los que tienen sujeciones específicas para ello. Esto no es necesario. Es importante que los pies de los niños se acostumbren al contacto directo con las superficies por donde caminan. Andar descalzos estimula el desarrollo adecuado de los huesos y ligamentos del pie y fomentan su capacidad de agarre con los dedos. También es recomendable que camine por superficies irregulares como la arena.

 

El zapato adecuado para los niños y las niñas más pequeños tiene que cumplir las siguientes características:

 

1-Es indispensable que sea ligero, sobre todo cuando aún no sabe caminar con agilidad, el zapato no debe suponer un estorbo. También es necesario que sea flexible, los progenitores deben ser capaces de flexionar el zapato con sus manos, en caso contrario probablemente le haga daño al bebé.

2-Heredar los zapatos de otros niños no es recomendable. Cada pie tiene su forma y cada persona su pisada. Siempre será mejor un zapato nuevo que se adapte por completo al pie del bebé.

3-El tobillo debe quedar libre para que lo pueda mover con facilidad. La zona del talón debe estar reforzada, así como los laterales del calzado.

4-La horma del zapato tiene que ser ancha y sin costuras. El pequeño no debe tener el pie atrapado dentro del calzado, si le sobra espacio por delante mejor. Además, así se evitan rozaduras y tiene libertad de movimientos.

5-El material con el que esté hecho deberá ser transpirable para evitar posibles infecciones producidas por la humedad que se produce en los zapatos de mala calidad. El níquel o el cromo tampoco son materiales adecuados ya que a estas edades son muchos los niños que sufren hipersensibilidad a estos metales llegando a sufrir lesiones en la piel.

6-Los progenitores deben tener en cuenta que el pie del pequeño crece bastante de prisa. Se estima que los niños menores de 15 meses cambian de talla cada 4 meses aproximadamente. Entre los 15 y 24 meses cada 6 y los mayores de 2 años cada 8 meses.

 


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La cantidad de leche para un bebé de 3 meses debe ser definida por el propio bebé tal y como se hace con la lactancia materna, que es a demanda. De esta manera, el bebé se regula en función de las necesidades de cada momento.


Fuentes:

Dra. Lucía Galán Bertrand

Redacción: Andrea Rivero

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