Los zapatos para el bebé

Los zapatos para el bebé
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Desde pequeños, los niños acostumbran a llevar zapatos que protegen sus pies. ¿Pero a qué edad es adecuado calzarles sin perjudicar su salud? Ángel Camp, director del Instituto Valenciano del Pie, ofrece a los padres una serie de recomendaciones para cuidar los pies de los más pequeños

Los niños utilizan, desde el primer momento de vida, sus pies para sentir y reconocer el mundo que les rodea. Entre los 12 y 16 meses de edad comienza la etapa de la deambulación y no es necesario que utilicen calzado pues, debido a la información táctil que les generan sus pies, mientras más libres estén mayor será su capacidad sensitiva.


Del mismo modo, es imprescindible no forzar al niño a caminar antes de tiempo, ya que su aparato músculo esquelético no está preparado para ello y puede provocarle alteraciones ortopédicas como por ejemplo el desarrollo de un pie plano.


Es recomendable, especialmente en los días fríos, cubrir los pies de los niños a la hora de salir a la calle, para ello, un material como la lana sería conveniente para mantener su temperatura corporal.


No es sano que el calzado empleado sea muy grande o muy pequeño ni tampoco que sean modelos no adaptados a la edad del pequeño, ya que puede resultar muy dañino para esos piececitos en plena formación, creando uñas encarnadas, algo muy doloroso.


Desarrollo del pie


El pie de los niños al igual que el resto de su cuerpo no acaba de desarrollarse hasta la edad adulta, por eso es imprescindible que desde pequeños tomemos todas las precauciones necesarias para cuidarlos.

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Un bebé no tiene los huesos formados plenamente. La forma del pie está constituida por un cartílago suave y flexible, la planta es plana y está rodeada por una capa de grasa temporal. Esto hace que los pies sean suaves pero también que sean propensos a doblarse y perder la forma sin que el niño sienta ningún dolor. En realidad, los pies en esta etapa tendrán más huesos que nunca, ya que éstos empezarán a fusionarse durante los siguientes 15 años. Hasta los 17-18 años no se consolidarán definitivamente.


Qué evitar


Es frecuente traspasar la ropa de los hermanos mayores a los siguientes, si bien esta práctica no es recomendable en el caso de los zapatos, pues los pies son anatómicamente diferentes y cada niño tiene diferentes puntos de apoyo y una forma distinta de andar, por lo que los zapatos pueden deformarse. Caminar con unos zapatos heredados puede resultar molesto y provocar heridas que impidan el correcto desarrollo del pie del niño.


Aunque los zapatos deben dejar espacio suficiente para que el pie tenga movilidad, no debes escatimar comprando zapatos de tallas superiores a las que necesita el niño con el fin de alargar la vida útil del calzado.

 

Consejos para escoger el calzado adecuado


Ángel Camp alude a siete parámetros básicos a la hora de elegir calzado para los más pequeños:


- La caña debe ser blanda y envolver con suavidad el cuello del pie, no ofreciendo ningún obstáculo al movimiento.


- A nivel de la zona posterior del talón deberá tener un contrafuerte sólido que no sobrepase el nivel de la articulación.


- La puntera será alta de manera que no impida el movimiento de los dedos; pero dicha puntera estará protegida mediante un refuerzo que resguarde los dedos de los golpes ocasionales.


- La suela, a nivel de las articulaciones metatarsianas será flexible tanto como para doblarla sin dificultad y lo bastante gruesa como para poder amortiguar las limitaciones del terreno.


- El calzado deberá ser siempre de piel, jamás de material sintético.


- Forrado y acolchado por dentro, sin costuras sobresalientes que puedan provocar alguna herida.


- Suela de goma antideslizante para evitar caídas. En esta etapa es muy importante que el calzado ofrezca protección, adherencia y agarre. Los bebés se sentirán más seguros para dar sus primeros pasitos.


¿Cuándo cambiar de talla?


El pie del bebé está en continuo crecimiento, por lo que debe preverse un espacio para permitir el aumento de este. Para dar un paso, cada pie necesita espacio suficiente para deslizar los dedos en la punta. 


Los niños, al probarse los zapatos, no sabrán decidir objetivamente si es el adecuado; además el pie infantil es flexible y blando por lo que será posible meterlos en zapatos de tallas más pequeñas sin que sean capaces de darse cuenta. Por eso aquí tienes un truco: Al abrocharse los zapatos pídele que mueva los dedos de los pies. Si no tiene sitio suficiente para abrirlos, debe cambiar la talla.


Observa a menudo los pies del niño, si detectas zonas enrojecidas o abultadas es señal de que necesita otro zapato.

 


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Fuentes: Instituto del Pie de Valencia

Fecha de actualización: 01-06-2010

Redacción: Lola García-Amado

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