Hablar con tu bebé

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Desde el momento que coges a tu bebé por primera vez os estáis comunicando mutuamente. Su llanto no es una manifestación de tus habilidades como padre, sino un intento de comunicación del pequeño. Un “idioma”, el del bebé, que al principio te sonará a arameo, pero que antes de lo que crees entenderás perfectamente, logrando atender sus necesidades según lo que él te comunica.

Y a la inversa, tú también podrás enseñarle tus formas de comunicación: hablando, tocando, susurrando, abrazando, gesticulando, etc. A medida que vayas aprendiendo su lenguaje, él aprenderá el tuyo


Desde el primer día

Las vías de comunicación con el bebé son infinitas y cada padre o madre recorre unas u otras. A continuación proponemos algunas que puedes intentar:

Comenta todo: Mientras estés con tu bebé, no des un paso sin comentarle lo que estés haciendo. Describe el proceso de vestirlo: “Ahora vamos a poner el pañal… aquí va la camiseta sobre la cabeza… abrochamos los pantalones…”. En la cocina describe cómo lavas los platos, cómo preparas la lasaña, etc. Durante el baño explícale que el jabón y el agua lo limpian, etc. no importa que el bebé no entienda una palabra de lo que estás diciendo. La descripción punto por punto hace que mientras tú hablas el niño escucha, iniciándose el camino de la comprensión.

Pregunta mucho: No esperes a que el pequeño pueda contestar para hacerle preguntas. Interrógale sobre todo, las preguntas pueden ser variadísimas, según lo que hagáis durante el día: “¿quieres ponerte el jersey azul o el blanco?, ¿Qué compro para comer, carne o pescado?" Y haz una pausa para la respuesta y respóndete tú mismo en voz alta: “¿Carne? Muy bien”. Ya verás como un día te sorprenderá contestándote.

Dale la palabra: Varios estudios han demostrado que los niños aprenden a hablar antes cuando los padres hablan con ellos y no a ellos. Dale la oportunidad de intervenir en el diálogo con un balbuceo, una risita, etc.

Frases sencillas: Por el momento, para el niño, el placer de escuchar es igual si le recitan una poesía que si le leen un informe de economía; pero a medida que vaya creciendo es bueno irle ayudando a identificar algunas palabras. Así que al menos, algunas veces, esfuérzate por usar frases sencillas: “Mira la luz”, “Adiós”, etc.

No emplees pronombres: Para un niño muy pequeño es difícil distinguir que “yo” y “tú” pueden ser mamá o papá o la abuela. A él llámalo por su nombre: “Ahora mamá le cambia el pañal a Paula”.

En presente: Aunque por el momento no haya comprensión por parte del pequeñín, cuando ésta se desarrolle, convendrá que te ciñas a lo que él esté experimentando en la actualidad. Los niños pequeños no tienen memoria del pasado ni noción del futuro.

Sube el tono: La mayoría de los bebés prefieren una voz en tono alto, lo que quizá explique por qué las voces femeninas son naturalmente más altas que las masculinas y por qué las mamás al hablar a sus niños suben el tono de la voz. Sube tú el tono cuando te dirijas a tu niño y observa la reacción: hay bebés que prefieren una voz más grave; pruébalo para ver cuál le gusta más.

Imítale: Al bebé le encanta la adulación que implica la imitación. Cuando él balbucee, haz tú lo mismo; cuando diga “aaa” dile “aaa”. La imitación se convierte rápidamente en un juego que le servirá de base para que el niño aprenda el lenguaje.

Ponle música: No hace falta que seas un gran melómano para introducir a tu niño en la música. Los niños no son exigentes en materia musical. Les gusta cualquier cosa que les canten: un aria de ópera, la última canción de moda, las nanas de toda la vida o el tarareo de la sintonía de un programa de televisión. Y su alegría será mayor si acompañan las canciones con gestos y ademanes. Con el tiempo tu niño te dará a conocer las que prefiere, las que tendrás que volverle a cantar una y otra vez.

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Hablar con tu bebé

Hablar con tu bebé

Desde el momento que coges a tu bebé por primera vez os estáis comunicando mutuamente. Su llanto no es una manifestación de tus habilidades como padre, sino un intento de comunicación del pequeño. Un “idioma”, el del bebé, que al principio te sonará a arameo, pero que antes de lo que crees entenderás perfectamente, logrando atender sus necesidades según lo que él te comunica.

Lee en voz alta: Aunque al principio la lectura no tenga ningún sentido, nunca es demasiado pronto para empezar a leerle poemitas infantiles. Comparte con él lo que estés leyendo, desde un artículo de política internacional del periódico hasta una receta, pasando por las instrucciones del nuevo esterilizador para biberones.

Déjalo descansar: La cháchara y el canturreo incesantes agotan a cualquiera incluso a un bebé que no entienda de qué trata la conversación. Si el niño ya no presta atención a tus palabras, se le cierran los ojos, desvía la mirada o se muestra inquieto quiere decir que ha llegado a su punto de saturación. Déjalo descansar.


ImageSus primeras palabras

Cuando el niño entra en la etapa de desarrollo lingüístico, todo lo que le digas adquiere nuevo significado. Esto le dará los cimientos para aprender el lenguaje tanto receptivo -comprender lo que oye-, como expresivo –hablar-, que se desarrollará más lentamente que el primero. Para ayudarle a desarrollar ambos tipos de lenguaje, puedes proceder de la siguiente forma. Toma nota:

Háblale despacio: Cuando el niño apenas empiece a desenredar la “confusa jerga” que empleas, hablarle rápidamente puede confundirle. Para que pueda empezar a distinguir las palabras, debes hacerlo lentamente, con mucha claridad y frases sencillas, recalcando cada palabra: “Te voy a cambiar el pañal… Y aquí está el pañal… Ahora te estoy cambiando el pañal”. “Te voy a servir el zumo en el vaso... Éste es el zumo y lo echo en el vaso… Mira, éste es el vaso”. En general las oraciones deben ser cortas y sencillas, concentrándose principalmente en las palabras de uso corriente en la vida diaria de un niño. Después de cada frase, antes de hablar más, haz una pausa para darle tiempo a descifrar tus palabras.

Evita los pronombres: Los pronombres todavía confunden al bebé, de modo que sigue con: “Éste es el libro de mamá”, “Ésta es la muñeca de Carlota”.

Refuerza la imitación: Ahora que el número de sonidos que hace el bebé está aumentando, también aumenta la diversión de imitarse el uno al otro. Se pueden elaborar conversaciones enteras con unas pocas consonantes y vocales. El niño dice: “ba-ba-ba” y tú dices: “ba-ba-ba”. Sigue con este juego mientras él siga disfrutando. Si el niño parece receptivo, intenta con otras sílabas: “ga-ga-ga”, estimulando la imitación. Pero si el cambio no le gusta, vuelve atrás. Antes de pocos meses te sorprenderá imitando tus palabras sin incitarle a ello.

Crea un repertorio de canciones y rimas: Aunque te pueda parecer aburrido repetir las mismas canciones de cuna doce veces a día, al niño le encantará la repetición y así es como aprende. Ya sean canciones infantiles de siempre o inventadas. A él le dará lo mismo. Lo que importa es la perseverancia. Ahora también es el momento de ampliar la variedad de música. Ponle CDs infantiles en casa, en la radio del coche, etc.

Usa libros: El bebé no está todavía en edad de escuchar cuentos enteros, pero sí le pueden llamar la atención las rimas sencillas de libros ilustrados. Señálale constantemente objetos aislados, animales o personas. Empieza preguntando: “¿Dónde está el perro?” Y un día te impresionarás viéndole señalar con su dedito al perro.

Espera la reacción: Aun cuando el niño todavía no hable, ya está empezando a procesar la información y a menudo reaccionará a lo que dices, aunque sea simplemente con un grito de alegría -cuando le propones salir con el cochecito- o con un gruñido de queja -cuando le dices que se baje del columpio-.

Dale órdenes: Es importante que el niño aprenda a obedecer órdenes sencillas, como: “Dale un beso a la abuela”, “Di adiós”, “Dame la mano”, y no estaría de más añadir el “por favor” al final si quieres que estas palabras acompañen de forma natural las solicitudes que él mismo haga. Seguramente el niño no te obedecerá inmediatamente, pero si le ayudas a ejecutar lo que se le ha pedido, entenderá de qué se trata. Cuando esto ocurra ten cuidado de no tratar a tu hijo como una foca amaestrada exigiéndole que muestre su última gracia en cuanto tenga un poco de público.

 

ImageMes a mes

De 0 a 2 meses: El niño cuando nace, se comunica a través del llanto. Gradualmente éste irá modulándose para manifestar diferentes estados de ánimo, que iréis identificando con el tiempo. Mientras sea un recién nacido, háblale acercando tu rostro a 20-25 cm del suyo y permítele que vea el movimiento de tu boca. Sonríe y mantén el contacto visual a esta distancia. Háblale cantando y riéndote mucho. Habla constantemente para que se acostumbre a tu voz y haz gestos con la cara para acompañar tus palabras.

De 2 a 4 meses: A partir de esta edad aparece un incipiente balbuceo, que serán sus primeros intentos de una posterior articulación de la palabra. Sus sonidos son guturales y labiales y ya escucha su voz y repite algunos sonidos. Contéstale con respuestas teatrales y grandes aspavientos. Recompensa sus intentos de comunicarse contigo con abrazos, besos y exclamaciones de satisfacción. Imita cualquier sonido que haga. Explícale todo lo que ves y haces. Estimula su sentido del humor. Ríe con él. Comparte la broma e imita todo lo que haga, así como los sonidos que emita.

De 4 a 6 meses: Cuando intente llamar tu atención, respóndele. Así favorecerás un buen comportamiento. Gírate hacia él de manera exagerada. Así sabrá que le prestas atención concentrándote en él: avanza hacia él, inclínate y establece contacto visual. Llámale constantemente por su nombre. Repite su nombre cada vez que le hables. Enséñale gestos nuevos al bebé: si extiendes los brazos él también lo hará. Cuando parezca que te entiende, pregúntale si es así, repite lo que has dicho y elógiale.

De 6 a 8 meses: A partir de los seis meses va reemplazando los lloros por diferentes gorjeos y gritos. El niño a esta edad se distrae mucho escuchando sonidos que él mismo produce. Algunos empiezan a articular alguna sílaba como “pa” o “ma” y algún diptongo. Repite cualquier sonido que haga para que se sienta importante. Haz que se sienta valorado repitiendo su nombre en cada situación. Le ayudará a desarrollar el sentido del ser, que puedes favorecer enseñándole su reflejo en el espejo sin dejar de repetir su nombre: “Ése es Pepe, ése eres tú”.
Cuando debas decirle que no, hazlo con firmeza y en un tono distinto.
Juega con los sonidos para enseñarle los significados. Dile “tranquilo” con un susurro y “fuerte” con un grito. Así, la comunicación que se establezca con los bebés debe tener un tono de voz adecuado, afectuoso, acompañándolo siempre de contacto físico individualizado, indicando con el gesto lo que se quiere decir.

De 8 a 10 meses: Ayúdale a comprender la vida cotidiana explicándole todas las rutinas. Repite las palabras que empiecen por t y por d. Copia todos los sonidos que haga y nómbralo todo. Léele cuentos de animales, imitando sus sonidos. Mira al bebé de frente para que pueda leer el movimiento de tus labios. El niño irá conociendo el tono de voz de mamá y exteriorizará sus sentimientos y estados de ánimo con gorjeos, gritos, parloteos, vocalizaciones, etc.

De 10 a 12 meses: Conforme va avanzando el tiempo, al finalizar el primer año, el niño utiliza estos sonidos para conseguir una respuesta de su entorno. Estos primeros sonidos con los que parece querer comunicarse con los de su alrededor, son más bien una conducta imitativa de los adultos, más que la representación de las palabras concretas.
Léele distintos libros y revistas. Ríete cuando algo le resulte divertido y sobre todo felicítale cada vez que entiendas lo que te está diciendo.


 


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Fuentes:

Esperanza Gómez-Olazábal, Escuela Infantil Jauja.

A. Eisenberg, H. E. Murkoff, S. E. Hathaway, Tu hijo mes a mes, Parramón. 

Stoppard, Dra. Miriam (2006), Padres primerizos, Barcelona, Pearson.

 

 

Redacción: Lola García-Amado

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