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Qué hacer con un bebé bajo de peso

Qué hacer con un bebé bajo de peso

A todos los padres les preocupa que sus hijos no cojan suficiente peso o tengan un percentil muy bajo, pero no necesariamente debe ser un problema o implicar que el niño está enfermo. Hay que valorar cada caso personalizadamente.

 

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Indice

 

El peso en el desarrollo del niño

A los recién nacidos se les pesa y mide muy a menudo para comprobar que crecen y engordan adecuadamente. Con los datos de cada revisión, se elabora una gráfica que va marcando el aumento de peso del niño que puede detectar si se estanca o pierde peso, alertando de un posible problema.

Asimismo, estos datos sirven para calcular el percentil del niño, es decir, el crecimiento del niño en relación a unos rangos estándares.

Cuando los papás salen de la consulta del pediatra y este les dice que ha engordado muy bien y tiene un percentil 50 o más, todo es felicidad. Pero si nos dicen que su peso es bajo o se ha estancado o que el percentil es 3, todo será preocupación e inquietud por el estado de salud de nuestro pequeño.

No obstante, que tenga un bajo peso no significa necesariamente que le ocurra algo. Muchos niños son pequeños o engordan poco y están totalmente sanos. Al igual que tener un percentil bajo no significa necesariamente que le pase algo al niño. Para saber si le ocurre algo o no hay que tener en cuenta muchos otros datos:

- Los niños enfermos son poco activos, su peso se estanca o baja de repente cuando su evolución hasta ese momento era normal y su desarrollo es más lento.

- Mientras que los niños sanos, aunque pesen poco, son activos, despiertos, con un desarrollo normal y siempre han engordado poco o tenido un percentil bajo.

Es decir, lo más importante es estudiar la evolución del niño ya que lo preocupante es que de repente empiece a perder peso o se estanque y no engorde nada en semanas. Una alteración importante de los percentiles en los que suele moverse es lo que puede alarmar de que hay un problema.


Causas de bajo peso en niños enfermos

En aquellos niños en los que el bajo peso sí es un problema, las causas pueden ser muchas y muy diferentes:

- Intolerancias y alergias alimentarias

- Enfermedades crónicas respiratorias, metabólicas y de corazón

- Problemas con la hormona del crecimiento y del tiroides

- Anemia por falta de hierro

- Reflujo gastroesofágico

- Infecciones respiratorias o urinarias de repetición (niños que enferman a menudo)

 

¿Qué hacer si el bebé tiene bajo peso?

Como hemos dicho, lo primero es valorar si el bajo peso se debe a un problema o es la condición normal del bebé. Si no tiene ningún problema y el pediatra confirma que el pequeño está sano, solo que es más pequeñito que la media, no se debe hacer nada de nada. Es decir, ni suplementos vitamínicos, ni jarabes para el apetito ni aumentar la ingesta calórica ni, mucho menos, obligarle a comer más. Todas estas opciones son un grave error ya que forzaríamos el metabolismo del bebé, haciendo que aparezcan problemas de salud a la larga, como sobrepeso, diabetes o trastornos alimentarios. Si tu hijo está sano y feliz, déjale comer y engordar a su aire y no te preocupes.

Si el pediatra detecta un problema en el niño, lo que hay que hacer ante todo es encontrar la causa de su bajo peso y tratarla, será la única manera de que el pequeño vuelva a engordar.

Así, si está con la lactancia materna, quizá se deba a una mala postura que le impide succionar correctamente y comer bien. Si tiene una intolerancia o alergia, habrá que descubrir cuál es (las más habituales son lactosa y gluten) y eliminar esos alimentos de su dieta. Etc.

Hay veces que la escasa ganancia se debe a una dieta insuficiente. En estos casos el pediatra deberá examinar lo que come el bebé y ver si hace falta darle más cantidad o añadir alimentos más calóricos a su dieta.


Te puede interesar:

Los percentiles de peso permiten determinar el peso de un bebé dado con otros de su misma edad, facilitando así el control de su crecimiento.

Glosario

Reflujo gastroesofágico

Definición:

Es la vuelta a la boca de alimento contenido en el estómago o el esófago después de que el bebé haya comido o si le han movido mucho.

Síntomas:

Si la cantidad expulsada es escasa, poco frecuente y va acompañada de un eructo es una simple regurgitación y se resuelve espontáneamente al crecer el niño. Pero sin son habituales y abundantes, pueden repercutir en el crecimiento del bebé. Además, el ácido puede llegar a irritar la mucosa del esófago e incluso la laringe.

Tratamiento:

No mover demasiado al bebé después de comer; acostarle boca arriba con la cabeza más alta que el resto del cuerpo; no tumbarle inmediatamente después de la comida; intentar que no ingiera mucho aire. Sólo en casos graves se recurre a la cirugía. El reflujo suele mejorar al cambiar a alimentos sólidos.

Fuente:

Ajram, Dr. Jamil, Tarés, Dra. Rosa María (2005), El primer año de tu hijo, Barcelona, Ed. Planeta.

AEP

Fecha de actualización: 27-09-2021

Redacción: Irene García

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