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¿Dejar llorar al bebé o no?

¿Dejar llorar al bebé o no?

Este eterno dilema asalta a la mayoría de los padres cuando, tras varias noches sin pegar ojo, escuchan el llanto incesante de su bebé, buscando desesperados una solución a su desconsuelo.

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Estos suelen debatirse entre dejarse llevar por su instinto paternal y abrazar al bebé para calmarle, o por el contrario, hacer caso de las advertencias de abuelas y madres, y no doblegarse al chantaje, ya que, según aseguran, cogerle en brazos provocará irremediablemente que se acostumbre, se enmadre, se convierta en un manipulador y en el mejor de los casos se vuelva un niño mimado que necesite ser constantemente atendido.

 

Ante tremendas amenazas pendiendo sobre nuestras conciencias, y con la certeza que da la experiencia maternal en estos asuntos, es normal que no nos atrevamos siquiera a pensar en coger en brazos a nuestro bebé más de 1 minuto, no vaya a ser que se malacostumbre. Sin embargo este consejo, muy de moda entre anteriores generaciones va perdiendo credibilidad a medida que surgen estudios, investigaciones y expertos que desmontan los argumentos que lo avalaban.

 

A pesar de ello, aún hoy es un tema controvertido que cuenta con defensores y detractores.

 

Por un lado aquellos que, con estudios científicos en la mano, opinan que dejar llorar a un niño puede acarrearle unas consecuencias nefastas.

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Rosa Jové, psicóloga infantil y autora del libro Dormir sin lágrimas, se basa en numerosos estudios para asegurar que el empleo de métodos para adiestrar a niños dejándolos llorar, tiene unas graves secuelas, pues el sufrimiento que les provoca no recibir el consuelo de su madre, irremediablemente hace mella en su salud psicológica. El fin no debe justificar los medios en ningún caso. Y ante todo hay que tener en cuenta que si el niño llora es por una razón. Cuando el niño es muy pequeño, es un bebé, no tiene capacidad de manipulación. Los bebés lloran siempre por un motivo: tienen hambre, están incomodos, les duele algo, o quieren estar con su madre.

 

Pero por otro lado existen algunas corrientes que sostienen que si un niño se habitúa a ser acunado para dormir nunca aprenderá a hacerlo solo. Si acudimos a su lado nada más al oír su llanto aprenderá, dicen, a utilizar esa forma de llamar nuestra atención para que actuemos a su antojo.

 

En contra, el pediatra Carlos González, partidario de la crianza con apego, desmonta este argumento afirmando que siguiendo el razonamiento que predica que el bebé que se acostumbra a dormirse en brazos, no aprenderá a hacerlo solo, deberíamos pensar de igual forma que, si aprende a dormirse llorando y gritando, se acostumbrará también a hacerlo siempre así.

 

Inconvenientes y riesgos de dejar llorar a un bebé

 

Los opositores a la práctica de dejar llorar al bebé, no ponen en duda la eficacia del método. Al contrario, saben que funciona, y ahí está el problema. Los riesgos que conlleva negar el consuelo a un niño de corta edad son muy graves.

 

Para entenderlo basta con fijarse en la propia naturaleza del ser humano. Los bebés solo tienen una forma de expresarse: llorando. Cuando un bebé llora es que tiene una necesidad, que ha de ser satisfecha. Y a veces lo que necesita simplemente es el contacto físico con su madre, sentirse protegido.

 

Dejar a un niño llorar solo, va contranatura. La forma de actuar de un bebé es inherente a su condición como ser humano y como mamífero. Un bebé es vulnerable, dependiente, y necesita a su madre cerca para sobrevivir. Cuando esta no está a su lado, llora para llamarla. Es puro instinto de supervivencia. Lógicamente los adultos sabemos que no hacer caso a su llanto no significa que le hayamos abandonado, pero él no.

 

Expertos, como Jové o González, consideran que privar a un bebé de consuelo, generará en él unas secuelas terribles. Reconocen que es cierto que dejarle llorar podría conseguir, a la larga, que no demandara demasiada atención, pero esto sería a costa de que el pequeño asumiera que su madre no va a acudir a su llamada cuando la necesite. Los especialistas en neurocirugía no dudan de que esto implica unas consecuencias muy negativas (estrés, angustia, depresión, ansiedad por la separación…)  que pueden convertir al niño en una persona infeliz, desconfiada, insegura, agresiva…

 

En cambio, las investigaciones demuestran que los niños cuyas necesidades han sido atendidas, evitando los llantos, son personas más independientes, seguras, etc.

 

¿Le cojo, no le cojo?

 

En conclusión, sabemos que un niño llora porque necesita algo. Y se calmará cuando esa necesidad esté satisfecha. Lo ideal es atender al niño en cuanto muestre los primeros signos de empezar a llorar, y hacerlo desde el principio, pues una vez se ha establecido el patrón, será más difícil cambiarlo.

 

También es verdad que no pasa nada si en determinados momentos le dejamos llorar, porque nos resulta imposible atenderlo. Lo que no tiene sentido es permitirle llorar si podemos evitarlo acudiendo a su llamada. Los científicos coinciden en que el bebé que no es consolado se estresa y que este no tiene capacidad de gestionar ese estrés. Si la práctica de dejarle llorar se prolonga en el tiempo la ansiedad irá a más, su tristeza también y la calma tardará en llegar.

 

Igualmente hay que tener en cuenta que no todos los niños son iguales. Cada uno tiene unas necesidades y una forma de expresarlas. Hay niños que requieren más contacto físico, otros que son menos llorones, a unos les basta oír la voz de su madre para calmarse y otros necesitan sentir su presencia cerca.

 

Lo que está claro es que, en contra de lo que nos digan, un bebé no sabe manipular y tarde o temprano llegará el día en que dejen de llorar. Si ya ha comido, está seco, vestido, descansado… tal vez es que simplemente quiera estar en brazos de mamá ¿qué sentido tiene negárselo?

 


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Fuentes:

"Dormir sin lágrimas", Rosa Jové.

Carlos González, pediatra "Cómo ayudar a dormir a un bebé".

 

Fecha de actualización: 14-02-2013

Redacción: Irene García

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