Mi hijo llora mucho

Mi hijo llora mucho
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A partr de los 12 meses los niños empiezan a descubrir el mundo, se mueven solos y son capaces de aprender cada día algo nuevo. Al mismo tiempo, quieren comunicar a sus padres todos sus logros y avances, pero aún no dominan el lenguaje. Por eso, es muy probable que no pare de llorar, lo que no significa siempre que esté enfermo o que le pase algo malo, pero aún así, lo más seguro es que sus continuos lloros te acaben sacando de quicio

¿Por qué llora?

Los motivos de su llanto son muy variados:

- Físicos: Tiene hambre, sed, sueño, le duele algo… Al principio, cuando nació, era imposible saber qué era lo que quería, pero ahora, a medida que va diciendo sus primeras palabras, estos balbuceos pueden ayudarte a descubrir qué es lo que necesita. Además, ya le conoces y sabes perfectamente cómo llora cuando tiene ganas de comer, muy distinto de cuando está incubando algo.  

-Emocionales: Cada vez muestra más sus sentimientos y quiere que tú compartes con él lo que siente. Si se enfada, está triste o siente miedo no sabrá cómo hacértelo entender, así que una de sus armas será llorar. Cuando esto ocurra, debes prestarle atención y darle muchos mimos y cariño. Intenta descubrir qué es lo que ha ocasionado el llanto para ponerle remedio.

-Frustraciones: Sus nuevos descubrimientos le muestran también sus incapacidades. Querrá coger objetos que no estén a su alcance, correr detrás de una pelota demasiado rápida para él, pedirnos algo concreto pero no seremos capaces de entenderle… Todas estas situaciones le frustrarán y acabará llorando para intentar comunicar lo que le pasa.


¿Qué hacer?

- Lo primero es no ponerse nervioso y saber que llorar es una de sus mejores armas para comunicar algo, pero que su llanto no está necesariamente asociado a un problema o conflicto grave.

- Después, debes buscar la causa, para poner fin a sus llantos y ayudarle a superar ese momento.
- Si no encuentras el motivo, usa la imaginación. Proponle un juego o ver esa peli de dibujos que tanto le gusta, así cortarás su mal humor y acabarás con sus (irritantes) lágrimas.

- Crea una rutina. Los hábitos tranquilizan a los niños y les hacen sentirse seguros. Saber que, a pesar de los pequeños problemas con los que se crucen a lo largo del día, al final de la jornada sus papis le darán un relajante baño, la cena y le acostarán.

- Préstale toda la atención posible. Los niños que se sienten queridos son más fuertes emocionalmente y, por lo tanto, tienden a llorar menos y a buscar otras formas de comunicación. Además, si llora tanto es porque quiere llamar tu atención, por lo que si estás con él, no le hará falta recurrir a las lágrimas.

- No te enfades con él ni le grites “¡Deja de llorar!”. Tienes que ser consciente de que el niño quiere decirte algo y esa es su única forma.

- Intenta entender qué le pasa diciendo en voz alta las posibles causas, así le ayudas a comprenderse a sí mismo, a desarrollar su lenguaje y puede que, con una simple afirmación de cabeza, descubras el motivo.

Si fuera mi hijo… la importancia de no juzgar

Si fuera mi hijo… la importancia de no juzgar

Seguro que más de una vez te has sorprendido a ti misma por la calle diciendo, u oyendo a un amigo decir: “Si fuera mi hijo, no permitiría que estuviera dando esos gritos”, o “montando esa rabieta”, o alguna frase similar. Y ahora, años después, te ves a ti mismo en medio del centro comercial aguantando la pataleta de tu hijo sin saber muy bien cómo pararle, mientras notas cómo todo el mundo te mira y te juzga.

 


 


Fuente:

Ajram, Dr. Jamil, Tarés, Dra. Rosa María (2005), El primer año de tu hijo, Barcelona, Ed. Planeta.

Stoppard, Dra. Miriam (2006), Padres primerizos, Barcelona, Pearson.

Redacción: Irene García

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