Excursiones con niños

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Este otoño se presenta cargado de puentes, un momento ideal para hacer una escapada con la familia y así descubrir algunas de las maravillas naturales de las que se puede disfrutar en España

El Monasterio de Piedra

 

Escondido entre las abruptas sierras del Sistema Ibérico, situado en el término municipal de Nuévalos, en la provincia de Zaragoza, el parque natural del Monasterio de Piedra nos ofrece una de las experiencias más gratificantes que se pueden encontrar en el mundo, en un recorrido de dos horas y media por un vergel insólito en torno al agua y su movimiento en cascadas y grutas.

 

La corriente del río Piedra ha modelado la roca formando lagos, grutas y cascadas. Descubrirás hermosos parajes como el Lago del Espejo, pasando para llegar a él por la Peñadel Diablo o la impresionante cascada de 50 m de altura Cola de Caballo que oculta una espectacular gruta natural, la Gruta Iris; la cascada Trinidad, Los Chorreaderos, Baño de Diana, cascada Caprichosa, cascada Iris, Lago de los Patos, el Vergel... indiscutiblemente el parque es la fantasía del agua, su magia se puede sentir a través de todos los sentidos: observar la belleza del paisaje, oír el canto de los pájaros, sentir el fluir del susurro de la caída del agua y pasear por un fantástico paraje romántico que nos transporta al siglo XIX, fecha en que D. Juan Federico Muntadas, artífice y descubridor del parque y la gruta Iris, convirtió al parque natural en una visita obligada hasta nuestros días.

 

El parque acoge densos bosques de ribera, en uno de los ecosistemas de mayor riqueza biológica, donde se encuentran muchas especies de animales y plantas en un espacio relativamente reducido y gran variedad de árboles gigantescos.

 

Además, se puede visitar la exposición y exhibición de aves rapaces, cuyo fin es enfocar bajo un prisma de tipo educacional y medio ambiental a todos los visitantes las enseñanzas, a través de las explicaciones de un cetrero; los valores de las aves rapaces, su función, su conservación en el medio ambiente y el estudio dependiendo de su morfología, conociendo su forma de vuelo tanto en las aves rapaces diurnas como nocturnas. Se muestran halcones, buitres, búhos, águilas... Todas las aves que se presentan están criadas en centros de cría en cautividad. Hay tres pases diarios de exhibición. La exposición de aves se puede ver durante toda la jornada. La curiosidad, el divertimento y el ocio os animarán la visita al parque natural que se ha atrevido a ser el pionero en divulgar esta actividad al público en Aragón.

 

También se puede visitar el monasterio cisterciense del siglo XII. El Claustro y la Sala capitular, el altar barroco, la iglesia, el museo del vino, del chocolate… conoce la forma de vida y las costumbres de los monjes que habitaban el Monasterio.

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Las Médulas

 

Las Médulas, situado en las inmediaciones del pueblo homónimo, en la comarca de El Bierzo, provincia de León, es un entorno paisajístico formado por los restos de una antigua explotación minera de oro de la época romana, cuando la zona pertenecía a la provincia Tarraconense. El enorme trabajo de ingeniería realizado para la extracción del mineral supuso una gran destrucción del medio ambiente, pero dio como resultado un paisaje grandioso y espectacular de arenas rojizas, perfectamente integrado con la vegetación de castaños y robles, que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997.

 

Las Médulas es un Paisaje Cultural, resultado de la intervención romana en un territorio a lo largo de dos siglos y de los cambios experimentados en ese territorio hasta la actualidad. Su importancia, sin embargo, va más allá de los monumentales restos de la minería de oro romana, ya que es el producto de los cambios históricos de todo tipo que esa explotación y dominación implicaron.

 

Por un lado, fue la mayor mina a cielo abierto de todo el Imperio Romano, puesto que los desmontes mineros producidos alcanzaron 3 kilómetros de extensión máxima y más de 100 metros de profundidad. En segundo lugar, porque todas esas transformaciones -que pueden apreciarse y comprenderse directamente sobre el terreno haciendo de él, en parte, un paisaje relicto o fósil- dieron lugar a nuevas realidades que han condicionado su uso hasta el presente. No se trata de un paisaje estático ya que ha estado siempre sujeto a una permanente dinámica: el proceso histórico no se cerró en época romana.

 

Existen varios itinerarios posibles que te llevarán a conocer toda la zona, desde los asentamientos prerromanos como los de el Castrelín de San Juan de Paluezas, un buen lugar para conocer las formas de vida de las comunidades prerromanas astures que ocuparon la zona desde el siglo III a.C. hasta el cambio de era, o el castro de Borrenes, otro castro astur, construido en los momentos inmediatamente anteriores a la llegada de los romanos; pasando por la explotación minera en sí hasta el poblado metalúrgico de Orellán, un núcleo de población fundado en época romana, en el siglo I d.C., donde se instalaron gentes indígenas, con la finalidad prioritaria de reducir mineral de hierro y fundir útiles y herramientas. El poblado es un buen ejemplo de las perduraciones del mundo indígena y de las innovaciones romanas.

 

 

El Palmeral de Elche

 

El Palmeral de Elche, situado en Elche (Alicante), es una gran extensión de palmeras dentro del casco urbano de la ciudad. Es el palmeral más grande de Europa, y en el mundo sólo le superan algunos palmerales árabes.

 

El descubrimiento de huesos de dátiles fosilizados en esta zona del Mediterráneo parece corroborar la teoría de que la palmera tiene presencia en Elche desde épocas prehistóricas. En cualquier caso, fueron los árabes quienes le dieron su definitiva configuración en forma de huertos, creando, con la ayuda del regadío, un paisaje que ha estado indisolublemente unido al devenir histórico de Elche.

 

La unión ciudad-palmeras se ha mantenido hasta nuestros días en una notable armonía. Tanto es así que muchos edificios y dotaciones públicas se levantan en medio de un auténtico mar de palmeras, con una perfecta integración de los espacios habitados con los huertos, formando una combinación de singular estética. El Palmeral, que cuenta con más de 200.000 ejemplares en todo el término municipal, es el mayor patrimonio natural que posee Elche.

 

El empeño de los ilicitanos por conservar el Palmeral ha permitido mantener los huertos de palmeras una vez que su cultivo dejó de ser económicamente rentable. En los últimos años un buen número de ellos se han transformado en parques para el disfrute público.

 

También se está haciendo un esfuerzo por la recuperación de los oficios tradicionales y en el estudio de métodos naturales para asegurar la salvaguarda y fomento de los huertos, con la creación del centro de investigación de la palmera datilera, la Estación Phoenix.

 

 

Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

 

El Valle de Ordesa es uno de los valles más espectaculares y únicos de toda Europa. Incluye una amplia zona de pequeños valles y barrancos, altiplanicies y picos (muchos de más de 3.000 m de altura), cuyos límites serían al norte la cresta Monte Perdido-Mondarruego, que sirve de frontera con Francia en gran parte, al sur la cresta Sierra Custodia-Acuta y al oeste la confluencia con la cabecera del valle del Ara o valle de Bujaruelo. Todo este conjunto conforma una cuenca fluvial, que a través de valles secundarios y cascadas, desemboca en el valle de Ordesa propiamente dicho, por cuyo fondo discurre el río Arazas.

 

El Parque Nacional constituye una unidad geográfica de primer orden. Domina su geografía el macizo de Monte Perdido (3.355 m.) siendo el mayor macizo montañoso calcáreo de Europa Occidental, con las cimas de las Tres Sorores o Treserols (Monte Perdido, Cilindro y Pico de Añisclo -Soum de Ramond), desde donde derivan a modo de brazos los valles de Añisclo, Escuaín, Ordesa y Pineta, cincelados por las aguas respectivas de los ríos Bellós, Yaga, Arazas y Cinca.

 

Al igual que la vegetación, la gran variedad de ambientes determina una riqueza faunística y una amplia representación de especies animales.


Redacción: Irene García

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