¿Por qué queremos incondicionalmente a nuestros hijos?

¿Por qué queremos incondicionalmente a nuestros hijos?
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Cuando no eres padre oyes a la gente decir que “no se descubre el verdadero amor hasta que se tiene un hijo”. Una frase muy manida pero que realmente es cierta porque cada vez que una persona se convierte en padre o madre se da cuenta de cuánto verdad había en ella. Y es que el amor más incondicional que existe, el único del que nunca se espera nada a cambio, es el de un padre a su hijo.

En prácticamente todas las relaciones humanas siempre esperamos de los demás lo mismo que les damos. En las parejas, los amigos, los compañeros de trabajo… Menos hacia nuestros hijos. El amor de un padre hacia un hijo es absolutamente incondicional. Por muy mal que se porte nuestro hijo, haga lo que haga, incluso aunque nos haga daño, siempre le querremos por encima de todo.

El amor más puro y verdadero que existe, por lo tanto, es este.

Muchos padres se sorprenden cuando nace su hijo al ver cuánto quieren a ese pequeño ser que acaba de llegar a sus vidas. Resulta increíble querer tanto a alguien que apenas si es capaz ni de mirarnos a la cara. No habla, no puede hacer nada por su cuenta, solo llora… pero aun así es, desde el primer momento que le ves, incluso desde el primer momento que sabes de su existencia, lo más importante para ti.

De hecho, muchas personas sienten que su vida tiene sentido por el hecho de haber creado una nueva vida.

Los hijos nos dan las mayores alegrías, aunque también suponen fuente constante de preocupación y sufrimiento. A pesar de todo, lo bueno siempre compensa.

Y aunque este amor incondicional puede resultar sorprendente, lo cierto es que forma parte de nuestra naturaleza humana. Somos como somos, en parte, por el amor que profesamos a nuestros hijos. No hay que buscarle explicaciones, solo disfrutarlo.


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