Comunicación con amor

Comunicación con amor
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Margarita se desespera porque sus hijos no le hacen caso. Por lo menos no la primera vez que les pide algo de buena manera. Paola y Rubén le hacen sentir que ella es prácticamente invisible; ambos sienten que su juego o la televisión son mucho más importantes y divertidos que las órdenes de su mamá. No la escuchan, ni le hacen caso a menos que les grite.

Margarita sufre mucho porque adora a sus hijos; sin embargo, sabe que cada vez está más lejos de poder dejar de gritar, y que sus niños se portan cada vez peor. Si ahora que son pequeños no le hacen caso, a menos que grite, ¿qué va a pasar cuando sean más grandes?

 

La comunicación es el puente de las relaciones humanas. Si lo rompemos desde una corta edad, ¿cómo pretendemos que se mantengan los lazos en los años verdaderamente críticos?

 

La comunicación es un proceso en el que se da y se recibe información. Es una manera de intercambiar ideas, sentimientos y experiencias. La comunicación con los hijos se inicia desde el embarazo; los movimientos del bebé le permiten a la madre saber si está tranquilo. De la misma manera, la madre comunica su estado emocional al bebé a través de los cambios en el ritmo cardíaco y respiratorio: el bebé siente que algo agradable o desagradable sucede.

 

Esta comunicación continúa cuando nace el bebé. El recién nacido utiliza el llanto como recurso para expresar una necesidad, primero biológica, como tener hambre o frío, y después  social, como desear compañía.

 

Nuestros hijos aprenden a comunicarse inicialmente imitando las acciones que ven a su alrededor, primordialmente en su familia. Cuando el niño ya es capaz de mantener pequeñas comunicaciones, empieza a aprender que para comunicarse verbalmente existen reglas: “Mientras uno habla, el otro escucha. Después se invierten los papeles: el que escucha habla y el que hablaba escucha”.

 

Para que un niño aprenda a escuchar es necesario mostrarle constantemente cómo se escucha. Escuchar es una acción y una actitud que requiere el estar atento a lo que la otra persona dice, mirarlo a los ojos, guardar silencio en momentos y hablar brevemente en otros, mover la cabeza y transmitir con gestos o palabras que deseamos continuar escuchando.

 

Muchas veces es difícil para los niños reconocer y, aún más, expresar sus sentimientos. La manera de ayudarles es a través de identificar como se sienten “reflejando sus sentimientos”. El reflejar sentimientos se refiere a expresarle al niño, en otras palabras, lo que el nos está queriendo decir acerca de lo que siente. Por ejemplo:

 

Niño: “¿Por qué estás más tiempo con mi hermano que conmigo?”.

Madre: “¿Te gustaría que hagamos más cosas juntos?”.

 

De esta manera, reconocemos la necesidad que el niño nos está expresando. Como un espejo reflejamos lo que escuchamos que el niño nos está diciendo.

 

La comunicación se rompe cuando criticamos, juzgamos, no aceptamos o nos burlamos de lo que dice o siente el niño.

 

Es importante hacerle saber sus derechos asertivos:

- Que puede expresar libremente lo que quiera, sin que se le juzgue o critique.

 

- No tiene por qué aceptar los sentimientos negativos de culpa, angustia o ignorancia de otra persona.

 

- No tiene que dar excusas a todo mundo por lo que hace.

 

- Si en una situación determinada las cosas salen mal, no necesariamente es por culpa suya. Analiza, y si te toca una parte del problema, conviértete en una parte de la solución.

 

- Puede cambiar de opinión si se siente incómodo.

 

- Cuando cometa un error, puede admitirlo sin avergonzarse.

 

- No tiene obligación de saberlo todo, puede decir “no lo sé” sin sentirte mal.

 

- No tiene que ser amigo de todos, ni tiene por que gustarte lo que todo el mundo hace.

 

- No tienes por qué demostrar a los demás que tiene la razón en lo que hace, piensa o siente.

 

- No tiene que entenderlo todo, puede decir “No entiendo” sin sentirse mal.

 

- No es necesario que sea perfecto, y no tiene por qué sentirse mal cuando es simplemente él mismo.

 

Sugerencias para comunicar adecuadamente:

 

- Que el mensaje que enviamos a nuestros hijos sea claro, lo cual implica que expresemos en forma concreta lo que pensamos, deseamos y sentimos. Dar mensajes o instrucciones claras y precisas.  Por ejemplo: “No quiero que juegues con la pelota en la sala”. “Me gustaría ver tus juguetes ordenados”.

 

- Observar al niño, prestarle atención y darle importancia a su comportamiento, es una manera de invitarlo a expresarse y un recurso para conocerlo. Reflejar sus sentimientos es una manera que nos permite que el niño se sienta comprendido. Por ejemplo: “Esos ojitos me dicen que estás triste”. “Cuando das esos saltos pareces muy contento”.

 

- Tener la sensibilidad y respeto para identificar cuando el niño quiere hablar o necesita privacidad, deseo de estar solo. Evita interrogarlos respecto a sus sentimientos. Por ejemplo: “Si no quieres que hablemos ahora, tú me dices cuándo. Estaré en mi habitación si me necesitas”.

 

- Evita criticarlos de manera agresiva. Es importante decirles sus errores de manera constructiva, enfatizando el hecho y no a la persona, utilizando ejemplos concretos de cómo pueden mejorar. Por ejemplo: “Me molesta que saltes en los muebles del salón; todos debemos cuidar nuestra casa. ¿Qué te parece si lo haces en el parque mejor?”.

 

- Cambiar los mensajes negativos en positivos. Un mensaje positivo es aquel en el que decimos, de forma tranquila, qué hacer en vez de qué no hacer.

 

- Enseñar a nuestros hijos a comunicarse de forma asertiva, invitándolo a resolver los conflictos, escuchando su punto de vista con respeto, y enseñándolo a expresar sus ideas y opiniones de manera clara y precisa.

 

 


Bibliografía:

Pick S, Givaudan M. Yo papá, yo mamá. México. Editorial IDÉAME, 1997.

Dinkmeyer D, McKay G, Dinkmeyer J. Parenting young children. USA. AGS, 1989.

Dinkmeyer D, McKay G, Dinkmeyer J. The parent’s Handbook. USA. Step Publishers, 1997.

Alberti R, Emmons M. Stand up, Speak out, Talk back. USA. Pocket Books, 1975.

Alberti R, Emmons M. Your perfect right. USA. Impact Publishers. 1980.

Redacción: Lola García-Amado

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