¿Cómo será mi hijo?

¿Cómo será mi hijo?
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No hay madre o padre que no se haya planteado esta pregunta durante los meses de embarazo. O incluso antes. 40 semanas es mucho tiempo para comerse la cabeza y preguntarse si el pequeño heredará el pelo rojizo de su padre, los ojos verdes del abuelo o el talento artístico de su madre.

Pues bien, los rasgos, tanto físicos como intelectuales, pasan de generación en generación gracias a unos agentes trasmisores, los cromosomas, situados en el núcleo de cada célula del organismo. Los cromosomas son estructuras compuestas a su vez por genes y en ellos se encuentra toda la información que el cuerpo necesita en cuanto a comportamiento, funcionamiento y forma. Serán por lo tanto los que determinen las características de cada individuo.


¿Cómo se transmiten éstos al bebé?
 

La herencia genética


Las células sexuales, espermatozoides y óvulos, poseen solo la mitad de los cromosomas que otras células, esto es 23. Y es así porque en la fecundación, cuando se unen, cada uno aportará al cigoto la mitad de los cromosomas que tendrá, sumando así un total de 46, o 23 pares.


Por lo tanto los genes que los progenitores transmiten a sus vástagos determinan parcialmente las características físicas y psicológicas de estos. Pues la mitad de los genes provienen de la madre y la otra mitad del padre, que a su vez heredaron una mitad de sus genes de cada uno de sus respectivos padres. En realidad, una cuarta parte de los genes del bebé, procede de sus abuelos, o una octava de sus bisabuelos.

Si fuera mi hijo… la importancia de no juzgar

Si fuera mi hijo… la importancia de no juzgar

Seguro que más de una vez te has sorprendido a ti misma por la calle diciendo, u oyendo a un amigo decir: “Si fuera mi hijo, no permitiría que estuviera dando esos gritos”, o “montando esa rabieta”, o alguna frase similar. Y ahora, años después, te ves a ti mismo en medio del centro comercial aguantando la pataleta de tu hijo sin saber muy bien cómo pararle, mientras notas cómo todo el mundo te mira y te juzga.


En cada generación los genes se mezclan una y otra vez, lo que significa que las generaciones sucesivas pueden compartir determinadas características. Es el parecido físico familiar. Que nos hace parecernos a nuestros antecesores pero manteniendo una identidad única.
 

El parecido físico


Bien, como vemos, nuestras características físicas dependen de la combinación de los genes heredados. Cuando se mezclan en la concepción los cromosomas se unen y generan de nuevo el conjunto completo que forma la base genética del nuevo ser.


Al estar los cromosomas duplicados (la mitad del padre y la mitad de la madre) se puede decir que cada gen tiene dos versiones, una heredada de cada progenitor. A veces son iguales y otras son versiones distintas. Esta variación es la responsable de las diferencias entre los individuos, y determinan por ejemplo, el color de ojos, de pelo, la altura, la forma de la cara, etc.


El mensaje hereditario que forma un rasgo determinado (por ejemplo el color de ojos) no es una mezcla de los dos genes que forman el par, sino que la información de uno de  ellos  prevalecerá sobre la otra y será la que conforme dicho rasgo. Pero ¿cuál de los dos (ojos azules o marrones) es el que se manifiesta? Los genes pueden ser dominantes o recesivos, de modo que cuando en un par hay un gen dominante y uno recesivo, aquel se impondrá sobre este. Solo en el caso de que haya dos genes recesivos en un mismo par, se podrá manifestar un rasgo recesivo.
 

Caracteres dominantes y recesivos más comunes


Características dominantes: Pestañas largas, orejas grandes, piel morena, nariz aguileña, ancha o grande, ojos oscuros, pelo oscuro, cabello rizado, hoyuelos de las mejillas, labios gruesos, polidactilia (dedos de más), oído normal, lóbulo de la oreja prominente y despegado, grupos sanguíneos A y B, factor Rh+, hipermetropía, altura, pecas, etc.


Características recesivas: Entre estas encontramos, lógicamente, los opuestos de las dominantes, como la piel clara, las pestañas cortas, los ojos claros (verdes, azules y grises), el grupo sanguíneo 0, y el factor Rh – u otras características como la miopía, el daltonismo, la calvicie, los ojos rasgados, etc.


¿Cómo será mi hijo?


Aun conociendo esta información, predecir con exactitud cómo será el bebé que se espera es todavía muy complicado, incluso con los medios disponibles actuales (ecografías 4D, análisis genéticos, etc.). Como la división de los 23 cromosomas del espermatozoide y su unión posterior con los del óvulo se hace totalmente al azar, estaríamos hablando de millones de posibilidades y combinaciones distintas.


No debemos olvidar tampoco que en este asunto existe siempre una influencia del entorno. El aspecto físico, y por supuesto el psicológico, es, al final, una combinación de lo que se hereda y lo que proviene del entorno.


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