Resiliencia en niños

Resiliencia en niños
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Antes de comenzar a leer, parémonos a recapacitar, ¿qué es lo único constante en nuestras vidas? ¡El cambio! Aunque parezca una paradoja, nada hay más importante que poder adaptarnos a nuestros propios cambios y a los del medio en el que vivimos. Aspecto clave, que es necesario tener en cuenta cuando educamos a nuestros hijos.

Parasomnias en niños

Parasomnias en niños

Las parasomnias son todo aquel conjunto de movimientos anormales y antinaturales, comportamientos, emociones, percepciones y/o sueños que se producen durante las fases del sueño. Son muy habituales en niños, especialmente el sonambulismo, el bruxismo, las pesadillas o los terrores nocturnos.

¿Qué papel juega la resiliencia en todo esto? Pues sin duda, un papel protagonista.

Definimos la resiliencia como la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. Por definición, el niño tiene una capacidad innata para sobreponerse a las situaciones especialmente dolorosas.

En ocasiones, podemos pensar que el cerebro del niño es un mini cerebro adulto, ¡no! Es un órgano que evoluciona a una velocidad mucho mayor que la del adulto debido a un fenómeno llamado plasticidad neural. La plasticidad neural es el mecanismo biológico que impulsa el crecimiento y el desarrollo, responsable del aprendizaje humano, construye y reorganiza las conexiones neuronales. Si bien es cierto que es un proceso que se realiza a lo largo de toda la vida, en la infancia tiene una especial importancia. Este mecanismo posee una base tanto genética como ambiental, y es en la segunda en la que nosotros (padres, educadores y profesionales de la salud mental infantil) tenemos la responsabilidad. Cuanta más estimulación reciba el niño, más capacidad tendrá para resolver conflictos y, por ende, su resiliencia será mayor.

Con el fin de mejorar la salud mental del niño, vamos a delimitar tres principios básicos que le ayuden a afrontar los cambios de forma natural y adaptativa:

1. Rechazo al victimismo. El niño, por propia supervivencia, cuando se encuentra ante situaciones que no sabe o no puede resolver, tiende a tomar una actitud victimista, en la que la decepción, la rabia o la impotencia se alían para que no afronten la situación conflictiva. Ante esto, enseñarle a resolver el conflicto ayudará, no sólo a mejorar su autoestima, sino que aprenderá a tolerar la frustración cuando no lo sepa solucionar. Tan importante es que conozca cómo solucionar el problema, como que en algunas ocasiones no pueda resolverlo satisfactoriamente. Aprender a perder le orientará hacia la cooperación. Preguntará, tendrá curiosidad y comprenderá que los demás pueden cooperar pero no resolver por nosotros.

2. Pensar en Positivo. Durante muchos años hemos oído la importancia de pensar en positivo, pero en pocas ocasiones hemos "tenido ganas" de llevarlo a cabo y menos, de enseñarlo como educadores. Esto es debido a que parece un concepto romántico de filosofía popular y no nos hemos centrado en la potencia pragmática que posee. Pensar en negativo no previene que acontecimientos negativos ocurran, pero por su propia disposición, sí que puede provocarlos. En nosotros queda la elección de "provocar" consecuencias que nos hagan daño u otras que, por el contrario, nos hagan felices. El adulto es un continuo modelo de actuación para el niño, al percibirlo, él lo intentará imitar, y aprenderá que de cada tarea que realizamos, existe una parte que se puede disfrutar.

3. Enseñar a Crear.Vivimos en un sistema completamente caduco, tanto laboral como educativo. Es hora de sacar a relucir las ideas que derrocábamos por miedo, ¿vamos a permitir que los niños aprendan esto? La pureza de la creación es el arma más poderosa ante la incertidumbre, y el niño es el arma creativa más importante de la sociedad. Fomentar su creatividad en cualquier aspecto incrementará su capacidad de crear nuevas conexiones neuronales.

Para terminar, es necesario reflexionar sobre un curioso teorema: el principio de Parsimonia. “Ante varias alternativas para resolver un problema, la más sencilla sea probablemente la más correcta". Buscando fórmulas mágicas nos perdemos en el trayecto. Vamos a darnos cuenta de que en la esencia de la naturaleza humana está la puerta abierta que necesitamos. La resiliencia hará el resto.

¡Enseñémoslo al niño!

Redacción: Santiago Pérez Hernández. Col: A-1970. santiagoperezhernandez.jimdo.com


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