Miedo infantil a las consecuencias

Miedo infantil a las consecuencias
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Una desagradable sensación como es el miedo, la atraviesan alguna vez en su vida todas las personas, e incluso los niños más pequeños. La oscuridad, las alturas, los perros, las arañas, quedarse solo, etc., son algunas de las cosas que más comúnmente provocan este sentimiento de temor, miedo o pavor. Sin embargo, con el paso del tiempo los temores van cambiando y estos pueden convertirse en miedos más profundos.

Normalmente, el miedo es una emoción que desata un sentimiento de alerta y nerviosismo al que el cuerpo reacciona a causa de un peligro inminente. Viene dada por el instinto básico de supervivencia que se ha heredado de los antepasados, y tiene como fin facilitar la adaptación al medio y evitar que puedan suceder cosas malas.

 

El miedo es una de las sensaciones negativas que antes se siente ya que suele ser el anticipo a las demás. Además, también se encarga de capacitar a las personas para el llamado “aprendizaje por evitación”, es decir, saber qué cosas hay que evitar y cuáles no. Durante la infancia es normal que los niños y las niñas experimenten miedos que, a medida que crecen, irán cambiando y evolucionando de miedos más simples a otros más profundos.

 

Según Morris y Krachotwill, los miedos son algo normal y un componente de desarrollo indispensable:

 

1- El miedo debería considerar parte fundamental del desarrollo psicológico de los menores ya que se trata de un fenómeno evolutivo. Lo extraño sería no tener esta sensación.

El miedo infantil a la oscuridad

El miedo infantil a la oscuridad

Millones de niños padecen miedo a la oscuridad. Se trata de un temor que se desarrolla por lo general a edades tempranas, cuando el niño comienza a relacionarse con el mundo que lo rodea y su imaginación se desarrolla. Esto puede suceder a partir de los 3 o 4 años y evolucionar con el niño hasta los 7 o incluso más años.

2- Las experiencias y emociones que los niños vivan y sientan en relación con sus miedos les permitirán generar los recursos y medios necesarios para resolver estas situaciones a menudo tan estresantes.

3- Los miedos son transitorios, todos los niños con edades similares lo experimentan y no suelen interferir en el funcionamiento normal emocional. Van desapareciendo con el tiempo.

4-Este sentimiento son reacciones a estímulos externos o que genera el propio individuo y que se autodenomina como amenazas o los relaciona con peligros inminentes.

 

Estos mismos investigadores hicieron una división de los miedos más comunes y esperados según la etapa evolutiva por la que esté pasando el pequeño:

 

-Desde que nace hasta los 6 meses el bebé tiene miedo a los estímulos intensos, normalmente, la pérdida repentina de soporte o los ruidos fuertes o estímulos sensoriales inesperados.

-Entre los 7 y los 12 meses las sensaciones comienzan a variar. Estímulos repentinos como la aparición brusca de algunos objetos o la separación de sus progenitores o quedarse solo son los nuevos miedos que experimentan. Las personas extrañas tampoco suelen ser de su agrado. Además, empieza a surgir el respeto a las alturas y los perros.

-Alrededor de los 2 años y hasta los 4 persisten algunos de los temores que ya tenían, y además surgen otros nuevos miedos, hacia los objetos y las máquinas grandes, hacia las habitaciones oscuras o los ruidos extraños.

 -Cuando llegan a los 7-8 años los miedos comienzan a evolucionar y a ser algo más profundos. Suelen temer sufrir lesiones corporales, a los seres sobrenaturales y a cualquier hecho negativo que hayan podido ver en los medios de comunicación.

-A partir de los 9 años y hasta los 12 los miedos se vuelven más maduros padeciéndolos a causa de suspender exámenes, por su aspecto físico, por su rendimiento académico o a causa de la muerte.

-Durante la adolescencia los temores cambian y van más dirigidos a sus inseguridades, su aspecto físico, no encajar en un grupo, temor a fracasar, etc.

 

Según esta tabla de edades se puede comprobar también que será a partir de los 7 u 8 años cuando comienzan a ser más conscientes del mundo en el que viven y de los sucesos que ocurren en el mismo. Por ello, el cambio climático y el medio ambiente, por ejemplo, son temas que les van a comenzar a preocupar ya que ven en las noticias las causas y las consecuencias que ello conlleva.

 

Está comprobado que las fuentes y el contenido de los miedos van cambiando con la edad, y tienden a estabilizarse sobre los 6 años, aunque sobre los 9 vuelve a experimentarse un aumento debido también a la madurez del niño y sus nuevas preocupaciones.

 

Los progenitores tienen una misión importante en este aspecto. Es fundamental que no se les quite importancia a los miedos de los menores ya que, a la larga, pueden empeorar y convertirse en fobias.

 

1- Nunca hay que ridiculizar el miedo de los niños o las niñas ni restarle importancia, mucho menos delante de sus amigos. Hay que mostrar apoyo y ayudar a que lo superen. 

2- Se recomienda mantener una buena comunicación con los pequeños, hablar sobre sus miedos y preocupaciones y ser comprensivos. También hay que hacerles entender que muchos niños tienen temores y que no hay que avergonzarse por ello.

3- En ningún caso hay que obligar a los menores a superar sus miedos ni a hacerse los valientes. Una situación forzada puede empeorar este sentimiento y crear un trauma. Con paciencia y tiempo irá superando poco a poco sus barreras y los progenitores deben alentarlos y demostrarles apoyo y cariño en todo momento.

 


Fuentes:

Centro de Psicología Bilbao

Academia Americana de Pediatría

KidsHealth.org

 

Redacción: Andrea Rivero

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