Neutralidad sexual: educar a nuestros hijos sin género

Neutralidad sexual: educar a nuestros hijos sin género
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Ciertos tópicos asociados a cada uno de los géneros (masculino y femenino) se perpetúan por la educación que damos a nuestros hijos y la forma en la que los criamos, como vestir a las niñas de rosa y a los niños de azul o comprarles muñecas a ellas y coches a ellos. Estos tópicos pueden dar lugar a injusticias y desigualdades al crecer, por lo que cada vez son más los padres concienciados de la importancia de educar sin género. Algunos padres, incluso, llevan esta idea más allá y los crían con “género neutro”.

De acuerdo al I Estudio Imaginarium de Educación y Género, casi el 99% de los padres está concienciado acerca de la necesidad de educar sin género. Así, el 80% de los encuestados reconoce haber comprado juguetes o disfraces que tradicionalmente se identificaban con el género opuesto al de su hija o hijo. Esto supone que son muchísimos los padres que saben que es importante educar a sus hijos por igual independientemente de su sexo, evitando así ciertos prejuicios asociados a cada uno de los géneros.


Sin embargo, este estudio también muestra que, conforme van cumpliendo años, los roles de género tradicionales se refuerzan y las optan por juguetes normativamente asociados a su género como las cocinitas (62%) y las muñecas (97%) y los niños por los muñecos de acción (77%) y coches (93%).


Además, queda mucho por recorrer ya que el 45,6% de los encuestados afirma haber escuchado recientemente expresiones del tipo “ser un hombre” o “como una chica” y el 42% cree que sus hijos o hijas serían objeto de burla si llevaran al colegio algún elemento que no se correspondiera tradicionalmente con su género. Este es, probablemente, uno de los grandes retos: conseguir que los colegios no sean lugar de burla para aquellos niños que no hacen las cosas igual al resto o que se atreven a decir o llevar cosas diferentes.


También a la hora de elegir la carrera profesional para nuestros hijos seguimos siendo sexistas. Así, el estudio muestra un sesgo hacia la orientación de las profesiones asociadas tradicionalmente a niños (deportivas y técnicas) y niñas (artes y cuidados). Esta identificación con profesiones realizadas tradicionalmente por uno de los dos sexos también se observa en las actividades extraescolares elegidas por niños y niñas. Aunque parece que los padres dejan libertad para su elección, ya que el 58% de los encuestados reconoce que han sido sus hijos quienes han decidid qué quieren hacer después de clase.

 

En este aspecto se observa que los niños optan por practicar de forma mayoritaria los deportes de equipo como el fútbol (89%), hockey (65%) o baloncesto (61%). Por su parte las niñas son mayoría en gimnasia rítmica (96%) o en patinaje (76%) y, de forma paritaria practican natación con porcentajes del 50,6% en el caso de los niños y del 49,4%, en el de las niñas.

 

Aunque es significativo que el 87% de las niñas que juega al fútbol ha elegido esta actividad extraescolar por iniciativa propia, lo que implica un avance en la igualdad de género.


La educación sin género


La educación sin género o GNP (Gender Neutral Parenting) es una nueva forma de educar y criar a los niños intentando que el sexo del niño no influya en los juguetes con los que puede jugar, las actividades que puede realizar o la ropa que debe vestir. En resumen, trata de evitar los estereotipos asociados al género dejando que los pequeños exploren solos su personalidad, sus habilidades, sus intereses, etc. sin encasillarlos de ninguna manera.


Y es que diversos estudios demuestran que, la mayoría de padres, actuamos de una manera diferente con nuestros hijos según sean niño o niña hasta en las cosas más pequeñas, muchas veces sin darnos cuenta. Por ejemplo, siempre se ha dicho que las niñas son más sociables que los niños y se pensaba que era una diferencia que venía propiciada por un desarrollo cerebral diferente entre ambos sexos. Sin embargo, un estudio realizado por la educadora y escritora experta en educación sin género Paige Lucas-Stannard afirmaba que al mes de nacidos, tanto niñas como niños mostraban el mismo interés por la cara de su madre, pero tres meses después, las niñas socializaban cuatro veces más que los niños. Esto se debía a la tendencia de las madres a pasar más tiempo haciendo contacto visual con las mujeres en comparación con los hombres.


A su vez, estos resultados se apoyan en un investigación previa que defendía que las madres comienzan a etiquetar de forma diferente a los bebés (dependiendo del género) a las 24 horas de nacidos.


Así, de manera casi inconsciente, si piensas que las niñas son más sociables potenciarás esa área mientras que si piensas que los niños son más físicos, fomentarás más el ejercicio y el deporte en él, “manipulando” en cierta forma su desarrollo.


Algunas familias van más allá como Beck Laxon y Cooper Kieranm, una pareja de diseñadores del Reino Unido, que pusieron a su hijo un nombre neutro y no revelaron a nadie si era niño o niña para que él mismo pudiera decidirlo. Ahora está en juicios porque el gobierno británico les quiere quitar la tutela de su hijo (que finalmente se reveló que era un hico). O una de las hijas de Brad Pitt y Angelina Jolie, quien levanta siempre mucha polémica cuando salen imágenes suyas en la prensa ya que viste como un niño, lleva corte de pelo de chico y se hace llamar como si fuera un niño.


Esto ha hecho que países como Suecia hayan creando un pronombre para el género neutral, escuelas y tiendas de ropa para niños de género neutro, etc.


Sin embargo también hay muchos expertos que creen que esto puede confundirán a los niños y, por tanto, los terminará alienando en el aspecto social. Por ejemplo, el psiquiatra infantil Harold Koplewicz, británico, opina que "cuando los niños nacen, no son una pizarra en blanco. Los seres humanos tenemos cerebros masculino y cerebro femenino, y esto causa que los niños se inclinen por una serie de juegos en concreto, o que las niñas desarrollen mejor las capacidades del lenguaje".


Su conclusión, por todo ello, es clara: "Intentar criar a los niños con el llamado ‘género neutro' les puede causar un gran problema de personalidad".


Por lo tanto, quizá no hay que ir tan lejos. Hay que saber potenciar lo bueno que tiene cada género, pero sin encasillar a los niños ni tratarlos de manera diferente según su sexo, permitiendo así que se desarrollen con total libertad y dejando que elijan si quieren vestir de ros o de azul, si quieren jugar con muñecas o con coches o si quieren saltar por el barro o jugar al fútbol. 


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