¡Mi hijo vuelve a hablar como un bebé!

¡Mi hijo vuelve a hablar como un bebé!
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Tu hijo hablaba como una cotorra, comía con sus propios cubiertos e iba al baño casi sin que te enteraras… ¡Qué mayor! Pero de repente, sin aviso previo, un día vuelve a hablar como un bebé, pide el biberón y quiere llevar pañales. ¿Qué le ocurre?

Puede sorprenderte (y desesperarte) que en un momento dado, cuando creías que tu hijo crecía a velocidad de vértigo, de pronto regrese a antiguas conductas típicas de un niño de 1 o 2 años.

 

Los episodios de regresión de comportamiento en los niños son normales, especialmente si ha ocurrido algo que  suponga un cambio en su entorno.

 

Las regresiones son una vuelta a etapas anteriores que parecían ya superadas pero que en ciertos momentos reaparecen. Ante determinadas situaciones (o ante determinadas personas) un niño con cierta independencia puede querer demandar la atención de sus progenitores comportándose como un niño pequeño, volviendo a gatear en lugar de andar, pidiendo el chupete, hablando como un bebé, haciéndose el enfermo o simplemente negando su autonomía no queriendo hacer las cosa solo.

 

Aunque puede sonar preocupante, este comportamiento forma parte de su evolución normal. Durante estos años tu hijo ha progresado muy deprisa y esta vuelta atrás puede tomarse como una parada necesaria en su crecimiento que le permitirá seguir avanzando.

 

Y es que es común que a lo largo de su desarrollo aparezcan comportamientos característicos de cada etapa que irán dejando paso a otros, si bien no significa que unos desaparezcan radicalmente y sean sustituidos por los nuevos, sino que en determinados momentos coexistirán unas conductas con otras, pudiendo convivir las recién adquiridas con las anteriores.

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¿Qué causa la regresión?

 

Estos retrocesos en el crecimiento del niño suelen coincidir con algún acontecimiento especial ajeno a la rutina a la que está acostumbrado. Y lejos de considerarlo un trastorno o una conducta negativa, debemos verlo como reacciones a algo novedoso que les sorprende y ante lo que se sienten inseguros. Por ejemplo la llegada de un nuevo bebé a la casa que le quite el protagonismo, una mudanza, la muerte de un familiar…

 

Empezar un nuevo curso, conocer a caras nuevas, una crisis matrimonial y en general cualquier cambio que genere estrés, puede activar también este comportamiento.

 

¿Cómo actuar?

 

Ante todo no debes preocuparte. Ten en cuenta que son trastornos pasajeros que se pasarán con el tiempo. Intenta conocer la causa, conversando con él y animándole a expresar sus sentimientos. Tu sensibilidad y consuelo junto con tus ánimos le ayudarán a salir adelante. Abrázale y dale muestras de cariño.

 

No te enfades ni le trates con dureza, si manejas la situación con calma y benevolencia será menos duradera.

 

Pregúntale si se acuerda de cuando era un bebé, y elógiale por todo lo que ha aprendido y ya sabe hacer. Recuérdale lo mayor que es y dedícale un tiempo especial para él solo, sobre todo si la causa es la llegada de un nuevo hermanito.

 

Plantéate la posibilidad de hacer actividades con él donde pueda demostrar sus habilidades y otórgale privilegios o nuevas responsabilidades por el hecho de ser el hermano mayor.

 

Y sobre todo, no alimentes la regresión. Si lo sigues tratando como a un bebé, hablas como él, o le sobreproteges será más difícil que supere esta fase.


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Fuente:

Juan Pedro Valencia, psicólogo

Fecha de actualización: 01-10-2010

Redacción: Lola García-Amado

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