Beneficios de la siesta infantil

Beneficios de la siesta infantil
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Durante la infancia, especialmente hasta los 5 años, es fundamental que los niños hagan descansos diurnos que les permitan enfrentarse a la tarde con ganas y energía renovada.

Echarse la siesta es una costumbre saludable y esencial, especialmente durante la infancia. Los menores hasta 5 años necesitan un periodo de descanso que les aporta innumerables beneficios ya que al igual que comer o respirar, descansar es una necesidad fisiológica a la que hay que prestar atención.

 

La mayoría de los niños aceptan dormirse un ratito después de comer, aunque esta necesidad irá cambiando dependiendo de su edad, pero existe hasta un 20% de menores que rechaza dormir durante el día; la cuestión no es obligarles sino ofrecerles la posibilidad de hacerlo.

 

La digestión produce un estado de sueño que coincide con el periodo del día en el que el cerebro debe tomarse un descanso, entre las 14 y las 16 horas. Para que los pequeños se echen la siesta hay que seguir una rutina en la que una vez se detecten las señales de sueño (bostezos, frotamiento de ojos, poco movimiento, irritabilidad…) se les acuesta en la cama hasta que concilien el sueño. La siesta debe hacerse en su propia habitación para que no se acostumbre a dormir en otro lado y no debe ser a oscuras para que no se confunda entre el día y la noche. Si los pequeños no concilian el sueño sin ayuda se les puede leer un cuento, poner música relajante o seguir cualquier otra rutina que les sirva igual que por las noches.

 

Algunos beneficios de la siesta

 

Los expertos afirman que la siesta durante la infancia favorece el almacenamiento de información a corto plazo y que este descanso del cerebro permite retener nuevos datos, es decir, favorece el aprendizaje. Además, permite a los niños reponer fuerzas, no llegar agotados a la hora de dormir por la noche (un cansancio extremo dificulta la conciliación del sueño), aumenta su capacidad de concentración, reduce la ansiedad infantil, fomenta un correcto desarrollo físico y mental y ayuda a disminuir los terrores nocturnos.

 

La falta de sueño durante la infancia es muy perjudicial porque los niños que no descansan lo suficiente se muestran irritables, nerviosos, impulsivos, pueden sufrir retraso en el desarrollo del lenguaje y suelen tener peor rendimiento escolar.

 

¿Cuánto deben dormir los niños?

 

Los periodos de descanso diario se van acortando conforme los niños crecen y muchas veces cuando empiezan la guardería dejan de echarse la siesta, algo que no es nada positivo pues hasta al menos los 5 años se debería fomentar el descanso después de comer en las escuelas infantiles. En cualquier caso, hasta los 4 meses lo más habitual es que hagan tres siestas de unas 4 a 6 horas en total; entre los 6 y 9 meses los bebés suelen echarse dos siestas de entre 2,5 y 4 horas; con 12 meses lo habitual son 1 o 2 siestas de entre 2 y 3 horas; a partir de los 2 años se reduce a una siesta después de comer de 1 o 2 horas y ya con 5 años el descanso diurno habrá disminuido a media hora aunque los más dormilones podrán extenderlo a 1 hora y media.

 

Muchos padres deciden evitar la siesta de los pequeños cuando duermen mal por la noche pero esto no es la solución pues si se hace siguiendo una rutina pautada y se respetan unos horarios prudentes (el sueño no debe extenderse más allá de las 16 horas de la tarde), no tiene porqué perjudicar el sueño nocturno, es más, en la mayoría de las ocasiones lo favorece.

 

La siesta debe evitarse cuando los niños padecen problemas de insomnio habituales o cuando el médico así lo considere.

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