¿Qué es la placenta acreta y la increta?

¿Qué es la placenta acreta y la increta?
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El acretismo placentario es un trastorno raro por el que la placenta se adhiere y crece hacia la pared muscular uterina imposibilitando su expulsión tras el parto. El diagnóstico previo puede reducir en gran medida la gravedad y aumentar las posibilidades de conservar el útero tras el nacimiento del niño.

El útero es un órgano muscular hueco cuya pared está formada por tres capas: endometrio, miometrio y perimetrio. A la semana de haberse producido la fecundación se empieza a formar la placenta que unirá a la madre y al niño para el intercambio de nutrientes y oxígeno. Cuando la placenta se desarrolla como debería, lo hace conectándose a través de sus vellosidades a la pared uterina, es decir, a la capa más interna del útero (endometrio).

 

En algunas ocasiones, la placenta se implanta en la pared uterina a mayor profundidad de la que debería: placenta acreta. Este trastorno consiste en una forma anormal de adherencia placentaria en la que las vellosidades de la placenta en vez de simplemente conectarse con el revestimiento endometrial, se han fijado y crecido hacia la pared muscular del útero pudiéndolo atravesar hasta la capa intermedia (miometrio) o, incluso, hasta la más externa (perimetrio). En casos extremos de placenta acreta las vellosidades pueden atravesar el útero completamente e invadir órganos pélvicos cercanos. Esta dolencia imposibilita la expulsión de la placenta tras el parto de forma natural.

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¿Qué es el parto seco?

¿Qué es el parto seco?

Se denomina parto seco coloquialmente a aquellos partos en los que la bolsa de líquido amniótico se ha vaciado completamente. No tiene por qué ser ni más doloroso ni más complicado para la mujer, a no ser que no vaya acompañado de las contracciones de parto, en cuyo caso habrá que inducir el parto.

 

Según la profundidad de penetración de sus vellosidades, se puede encontrar:

 

- Placenta acreta: es la forma más común de este trastorno. La placenta se ha fijado completamente al musculo más interno (endometrio) pero sin llegar a atravesarlo.

 

- Placenta increta: cuando se ha desarrollado hacia dentro del músculo y ya ha conseguido atravesar hasta la capa intermedia.

 

Placenta percreta: las vellosidades placentarias se han desarrollado hasta el miometrio (capa externa uterina), pudiendo incluso atravesarlo hasta llegar a órganos adyacentes como la vejiga o los uréteres. Es la forma menos común.

 

Aparte del grado de penetración, hay que tener en cuenta la extensión de placenta que se ha fijado más de lo común:

 

- Focal: solo hay involucradas pequeñas áreas de placenta.

 

- Parcial: uno o dos cotiledones (cada unidad formada por un conjunto de vellosidades) se han adherido de manera profunda.

 

- Total: la superficie completa esta anormalmente fijada.

 

Diagnóstico y tratamiento

 

Durante los dos primeros trimestres de gestación es casi imposible diagnosticar esta enfermedad porque es asintomática y en las ecografías rutinarias aún no puede apreciarse. A partir del tercer trimestre pueden producirse hemorragias que indiquen esta adherencia excesiva, y con las ecografías, la técnica doppler y la resonancia magnética ya puede observarse su alcance. Si no se ha hecho seguimiento intraparto, tras el parto se diagnosticará en base a la imposibilidad de desprendimiento de la placenta o porque la expulsión no ha sido completa quedando algunas regiones aún adheridas.

 

Dependiendo del grado de penetración y extensión, los médicos deben evaluar el proceso a seguir tras el parto. Las posibilidades pueden ser: extracción forzada de la placenta para dejar el útero vacío (se asocia a mayor número de hemorragias masivas), histerectomía (extirpación del útero, suele darse en intervenciones de urgencia) o método conservador en el que se deja la placenta en su lugar y se sutura el útero por la zona de inserción placentaria; tras necrosar la placenta, el cuerpo la expulsa o reabsorbe o se hace una segunda intervención médica para retirar los restos. 

 

El diagnóstico a tiempo es fundamental para evitar hemorragias masivas y reducir las posibilidades de muerte de la madre. Este trastorno también puede provocar rotura del útero o infección. En la mayoría de las ocasiones, y cuando se quiere preservar la fertilidad, la placenta acreta o increta suele precisar un parto prematuro por cesárea (entre las 34 y 38 semanas de gestación) que con el estudio previo se puede hacer programado sin necesidad de intervención de urgencia. Además, siempre que haya un estudio precoz hay muchas más posibilidades de que la madre no tenga que perder el útero y se pueda optar por tratamientos conservadores. La histerectomía (extirpación del útero) solo puede declinarse en caso de no haya habido hemorragias o estas hayan sido mínimas.

 

No se conoce las causas exactas de esta enfermedad pero la mayoría de los expertos confirman que puede deberse a que ciertas zonas de la capa interna del útero son demasiado finas, lo que facilita que las vellosidades penetren más de lo necesario. Uno de los principales factores de riesgo que pueden provocar este adelgazamiento son las cicatrices uterinas provocadas por cesáreas, abortos y legrados anteriores. La placenta acreta también está relacionada con la placenta previa, partos múltiples o embarazadas mayores de 35 años.


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Fecha de actualización: 16-02-2015

Redacción: Irene García

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