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"Las negligencias en el parto son situaciones más habituales de lo que pensamos", M. Emilia de Sousa

María Emilia de Sousa es abogada fundadora De Sousa Abogadas. Está licenciada en Derecho por la Universidad de Sevilla, Máster en Práctica Jurídica y Posgrado en Marketing Digital y Comercio Electrónico, Experta en Género y Victimología. Hoy, María Emilia de Sousa atiende a familias, hombres y mujeres, víctimas de malas praxis y negligencias a nivel nacional. Además, imparte talleres y conferencias tendentes a divulgar los derechos que tienen las mujeres en el parto y la maternidad. Colaboradora de El Parto es Nuestro, Centro Mi Matrona y varias asociaciones más dedicadas a la Maternidad.

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1- TodoPapás: ¿Por qué decidiste un buen día ayudar a todas aquellas familias que sufren negligencias médicas?

María Emilia de Sousa:  Cuando nació mi primera hija con una enfermedad en la sangre que requería de múltiples ingresos hospitalarios, la ya complicada conciliación, para mí se volvió casi imposible y renuncié parcialmente, en parte debido a la incomprensión de los demás en parte porque quería que mi hija tuviera la mejor vida posible. Me familiaricé mucho con términos sanitarios, derechos de los pacientes, calidad asistencial etc tanto en cuanto a niños como con respecto a adultos, pero muy especialmente en relación con las mujeres. Años antes, ya había yo iniciado un procedimiento contra el SAS por una mala praxis en el parto de mi sobrina, que le causó graves secuelas de por vida, concretamente una parálisis cerebral severa. Proceso que se ganó y de ahí vinieron otros tantos por el boca a boca. Verme apartada del trabajo parcialmente tras mi primera maternidad no fue fácil, pero las horas dando teta, las estancias en los hospitales y en casa sin dormir, me dejó tiempo a pensar y darle forma a algo que rondaba mi cabeza: cómo unir mi trabajo (el ejercicio del derecho, ser abogada) con la lucha por los derechos de los pacientes especialmente, como decía, pacientes niños y pacientes mujeres. Cómo unir mi idea de una maternidad feminista con mi profesión. Cómo luchar contra el trato que a las embarazadas y madres se nos da en todos los ámbitos: laboral, institucional, social y sanitario.

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El papel del padre o de la pareja durante el parto está cobrando cada vez mayor relevancia. Los padres quieren acompañar a su pareja y además recibir a su hijo. Desean ser partícipes, colaborar y apoyar a la futura mamá en este emocionante proceso. Y lo cierto es que, cualesquiera que sean las razones que llevan al hombre a querer asistir a este momento, es indudable que su presencia transmite tranquilidad a la embarazada, fundamental para el desarrollo del parto.

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Todo esto me llevó a estudiar sobre el asunto y me di cuenta de que no estaba loca. Muchas otras mujeres llevaban años en la lucha. Todo estaba interrelacionado. El patriarcado, la infantilización de la mujer, y la violencia machista están tan enquistados en nuestra sociedad que el ámbito sanitario no es ajeno a estos males. Y ahí empezó todo. Hace ya unos 10 años de mi primer asunto de negligencias y en eso sigo. Compagino la defensa de las familias víctimas de negligencias sanitarias en general y especialmente contra la mujer, con la lucha y el activismo por conseguir acabar con protocolos obsoletos, crueles y que vulneran derechos fundamentales de las mujeres que van a parir y de sus bebés. Imparto talleres y conferencias en torno a los derechos de las embarazadas, en el parto y en la Maternidad.

 

2- TodoPapás: ¿Cuáles son las grandes barreras que encuentran todas estas familias, que han sido o son víctimas de negligencias de este tipo?

María Emilia de Sousa: La victimización, la doble victimización, la triple victimización. A las familias víctimas de malas praxis se las ningunea por la Sanidad desde que tienen que pedir la historia clínica, dificultando desde ese primer momento su derecho de defensa, y los procedimientos judiciales se eternizan, se vuelven un calvario para las mismas, fundamentar las cuantías solicitadas a veces es un acto supremo casi. Y la violencia verbal o el desprecio con que se trata a estas familias totalmente desvastadas por la pérdida de un ser querido o por las graves lesiones con que han quedado, son desgarradores, y pasan por duelos, por etapas de rabias, por la no aceptación. Son víctimas que se vuelven a victimizar una y otra vez.

 

3- T: ¿Qué tipo de negligencias llegan a tu lugar de trabajo?

M. E: Bueno, al despacho nos llegan asuntos de negligencias de todo tipo y de toda España. Tenemos asuntos con resultados de muerte por postoperatorio mal atendido, secuelas por mala administración de fármacos, falta de consentimientos informados, retraso injustificado en el diagnóstico, las reclamaciones por las largas listas de espera, demandas o reclamaciones contra clínicas odontológicas… pero sin duda, la negligencia que más nos llega es la concerniente al parto. En parte porque yo practico un activismo en redes sociales, asociaciones como El Parto es Nuestro y/o centros de matronas o doulas muy intenso. Durante el embarazo se producen importantes cambios fisicos y psicológicos en las mujeres para garantizar que el bebé o feto disponga de todo lo necesario para su correcto desarrollo. Y no es algo caprichoso y baladí, es algo biológico, todo un ecosistema a proteger para tener adultos sanos y una sociedad más justa. Y la forma en que se atiende el parto es el indicador más claro de cómo están las cosas en un país. El trato que las instituciones le dan a las embarazadas, al parto y a la maternidad en general dice mucho de una sociedad. En la nuestra, la natalidad está por los suelos y en parte es porque por un lado hay cierto sector feminista que sigue pensando que la maternidad es un castigo, una camisa de fuerza, y no lucha por una maternidad feminista. Y por otro lado, tenemos a los agentes políticos, económicos y sociales que priorizan siempre el mercado sobre las necesidades de las embarazadas, madres y bebés.

El parto es una expresión más de los derechos reproductivos y sexuales de la mujer. No es una enfermedad de la que salvarnos. Muchas mujeres, cada vez más, quieren parir disfrutando de ese momento y esto implica estar muy bien informadas de qué es un parto, qué sucede con nuestras hormonas, qué pasa con nuestros cuerpos, qué derechos nos asisten como usuarios de la Sanidad, cómo y hasta dónde podemos decidir, etc. Y esto lleva inevitablemente a contrariar cientos de protocolos hospitalarios obsoletos y que vulneran derechos fundamentales básicos. Y esto no gusta al sistema.

La Estrategia para la atención al Parto Normal, la OMS y la evidencia científica lo dejan claro: el parto, salvo que médicamente se demuestre lo contrario, es normal (y en el término normal entran muchos casos que actualmente se tienen protocolizados como anormales en nuestros hospitales), se desencadena de manera espontánea y la mujer es la que genera la oxitocina. Y en este parto, no hay que intervenir, hay que sostenerlo, acompañarlo, cuidarlo, apoyarlo, pero no intervenirlo. Una vez intervienes, la cascada de prácticas innecesarias e injustificadas se hace imparable y lo que era normal, acaba siendo patológico y a veces, acabamos con lesiones y secuelas, que a su vez acaban en los tribunales declaradas como negligencias o malas praxis.

Que la Medicina salva vidas, es indiscutible. Pero que desde los años 70 aproximadamente existe una apropiación indebida del parto de las mujeres por parte de los ginecólogos es también indiscutible: se hacen intervenciones no informadas ni consentidas, se fuerzan tratamientos bajo coacciones y malas formas, las altas tasas de episiotomías y cesáreas alertadas ya por la OMS, maniobras violentas totalmente desaconsejadas por la evidencia científica, la violencia verbal es muy habitual…

Cada mujer tiene derecho a obtener toda la información veraz que exista sobre cada tratamiento o cada intervención. Por ejemplo, el uso protocolarizado y sistemático de oxitocina sintética o epidural, ¿conocen las mujeres los verdaderos riesgos de dichos tratamientos? No. Cada mujer es libre de parir dónde y cómo quiera, pero siempre con toda la información en la mano, para que su decisión sea realmente libre.

En otros países se echan las manos a la cabeza por cómo se tratan aquí los partos. En España no tenemos un problema de mujeres que quieran parir en casa, esto es lo que están queriendo vender muchos desde sus sillones. En España lo que tenemos es un grave problema de intervencionismo y vulneración de derechos humanos a la mujer que está de parto. Nuestra postura no supone imperativo para nadie ni trata de hacer sentir culpable a quien no esté de acuerdo con ello, pero sí exigimos que a la mujer que está de parto se le explique qué se le está haciendo, qué se le va a hacer y se le respete, como a cualquier otro paciente, el derecho a aceptar o renunciar tratamientos y valorar alternativas, tras informarla verazmente.

Por ello, al despacho nos llegan muchos asuntos relacionados con partos desgraciados y cesáreas injustificadas. Es todo el sistema sanitario el que tiene que seguir estudiando las formas de que a nivel general la seguridad del paciente y la calidad asistencial estén por encima de todo.

 

4- T: ¿Consideras que la Sanidad debería mejorar cada día? ¿Qué cambios deben producirse en ella para que todas estas negligencias dejen de producirse?

M. E: Aunque tenemos una de las mejores asistencias sanitarias a nivel mundial, hay muchos aspectos que mejorar, y no lo digo yo nada más, faltaría más, sino la misma comunidad sanitaria cada vez más preocupada por cómo acabar con los eventos adversos evitables. En la Pública, por ejemplo, no hace falta mencionar la ratio. El número de profesionales es vergonzoso, y es uno de los principales motivos por los que no se presta una asistencia en condiciones y de calidad. Los contratos, las jornadas interminables, la falta de material, algunas instalaciones... no son compatibles con una buena asistencia.  La OMS estima que, cada año, a escala mundial, decenas de millones de pacientes son víctimas de lesiones discapacitantes o mueren como consecuencia directa de prácticas médicas peligrosas. En Europa solamente, como promedio, uno de cada 10 pacientes hospitalizados ha resultado víctima de alguna forma de daño prevenible. El componente humano interactúa con muchos factores: paciente, procedimientos, el material, el lugar físico donde se produce la asistencia, la organización etc; todo ello son causas de que los eventos adversos puedan presentarse de forma más frecuente de lo deseado si no están en las debidas condiciones. Y hace falta investigar urgentemente más sobre ello para poder paliar estos daños irreparables.

En España, en el 2006, se realizó el estudio ENEAS (Estudio Nacional sobre los Efectos Adversos ligados a la Hospitalización) y en su informe, se revisaron 5.624 historias clínicas, en distintos hospitales españoles. Se detectaron un 8.4% de eventos adversos de los cuales un 42.8% se consideraron evitables, y se encontró un 4.4% de muertes, extrapolando estos porcentajes a los 4.6 millones de hospitalizaciones para el año del estudio, arrojó 7.388 muertes evitables al año en España. Sin contar con las lesiones más o menos graves que sufren hoy en día miles de personas debido a dichos eventos evitables. Por lo tanto, es la comunidad sanitaria la que debe urgentemente poner freno a todo esto: y eso incluye empezar con la formación de los propios profesionales sanitarios en cuanto a la humanización de la asistencia. Pues yo entiendo que deber ser muy difícil reconocer que en tu labor se pueda ejercer violencia y causar daño, pero esto es lo primero que hay que cambiar en el ejercicio de esta profesión. El concepto de violencia es amplio. La violencia verbal es constante, sin ir más lejos. Pero ya somos muchos profesionales y muchas asociaciones quienes estamos ofreciendo nuestra colaboración, nuestro trabajo y la oportunidad de abrir los ojos tanto a las Administraciones como a la comunidad sanitaria para que sean conscientes de lo que la sociedad les está demandando. En España, de hecho, en el marco de la nueva Estrategia de Seguridad del Paciente para el periodo 2015-2020, se ha incluido como objetivo específico fomentar la formación básica en seguridad del paciente de todos los profesionales sanitarios.

 

5- T: ¿Es normal que las mujeres tengan miedo a dar a luz, y que se produzca una negligencia médica? ¿Es normal ese temor?

M. E:  No debería ser normal. Una de las parteras más conocidas y admiradas a nivel mundial, Ina May Gaskin, dijo: “Somos la única especie de mamíferos que tiene la habilidad de hacer temer a sus hembras sobre su capacidad de parir”

Como he comentado anteriormente, un alto porcetanje de partos que se consideran de riesgo no lo son realmente y no lo son en otros países ya. El parto es un proceso fisiológico y forma parte de nuestra sexualidad y nuestro cuerpo está preparado perfectamente para parir sin intervenciones. Un parto respetado no tiene por qué ser un parto natural obligatoriamente. Quiero decir, un parto respetado es aquél en el que a la mujer se le escucha, se le permite decidir y formar parte de dicho proceso. Hay protocolos totalmente desaconsejados por la OMS y por distintas Estrategias de Atención al Parto. Por ejemplo, la episiotomía nunca debería ser automática, siempre tendría que hacerse bajo consentimiento de la mujer y porque haya una verdadera razón que la justifique. Actualmente, no es así y la episiotomía forma parte de esta cascada de intervenciones en su mayoría violentas e innecesarias que sufre la mujer sin estar informada, sin haber consentido y sin conocer los riesgos de estas. La inducción al parto porque sí a las 41 semanas es otra de las intervenciones obsoletas y cuyos riesgos son mayores que el hecho de esperar unos días más a ponerse de parto de forma espontánea. Y, sin embargo, es algo que a las mujeres no se les explica: beneficios versus riesgos. Yo colaboro con El Parto es Nuestro en asuntos de especial complejidad y ciertamente puedo afirmar que la intervención injustificada en un parto crea más perjuicios que beneficios y que tenemos que hacer ver a las mujeres que pueden y deben parir como deseen si su embarazo y su parto son normales y sin riesgos. Deben estar informadas de qué es un embarazo y cómo funciona un parto normal y cuándo se considera, bajo evidencia científica, de riesgo. Debemos informalas de sus derechos como pacientes para que los conozcan y así puedan decidir y elegir libremente cómo parir. Como digo, parto respetado es aquél en el que la mujer elige libremente, no es parto sin epidural o debajo de un árbol como intentan hacer ver algunos.

Quienes defendemos un parto respetado lo hacemos desde una perspectiva fisiológica y basándonos en la evidencia científica y con el único objetivo de hacer ver a las mujeres que empoderarse, informarse y decidir libremente nos hace tener, por ejemplo, un mejor postparto y recuperación, crear el vínculo entre madre y bebé o supone un mayor éxito de lactancia materna. La mujer debe poder elegir si quiere o no oxitocina sintética tras informarle previa y correctamente de por qué la necesita y de los riesgos y alternativas posibles. La mujer debe poder elegir si quiere o no epidural. Si no la quiere debe poder hacer un expulsivo más acorde con sus deseos porque ello no la pone en peligro, y aunque para la matrona o el ginecólogo suponga mayor incomodidad. Os pongo estos ejemplos fáciles de entender y visualizar porque creo que hay mucha confusión con respecto a las personas que luchamos por una mejor atención en el parto por parte de nuestra Sanidad.

Por otro lado, sí, muchas de estas intervenciones no informadas y no aceptadas conllevan lesiones que ya muchas mujeres están empezando a reclamar o demandar, debido, por ejemplo, a la falta de consentimiento informado. La violencia obstétrica a veces es sutil y cuesta mucho reclamarla o demandarla debido a que no queda escrita en lo historiales, es una violencia emocional en muchas ocasiones, verbal en otras. Estamos hablando de vulneración de derechos fundamentales que a veces, si no quedan lesiones físicas o secuelas a madre o bebé, pues cuesta demostrar. Por lo tanto, son los propios sanitarios quienes (a pesar de lo duro que debe de ser admitir que se está haciendo daño) han de cambiar los protocolos y dejar de medicalizar partos de forma sistemática y de hacer ver que los partos requieren de médicos obligatoriamente: NO, los partos si son normales no requieren de médicos salvo una complicación. Con buena atención de una matrona, con colaboración materna y sostenibilidad de un acompañante, un parto normal espontáneo llega a buen puerto sin intervención médica en la mayoría de los casos.

 

6- T: ¿Cómo afecta una negligencia médica en el parto de una mujer?

M. E:   Pues de muy diversas formas. Una mujer a la que se le ha escuchado, respetado, preguntado, hablado con amabilidad, etc es una mujer que ha parido en paz y por lo tanto se siente bien con ese momento tan importante de su vida, sea como sea que haya sido el parto o incluso la cesárea.

Sin embargo, una mujer que ha sufrido violencia verbal en su parto, o intervenciones violentas que no quería, o episiotomía innecesaria que por ejemplo ha afectado a un nervio, o una mujer que no ha sido bien atendida por falta de medios personales y su bebé nace en hipoxia, etc., es una mujer destrozada (dependiendo desde luego de la gravedad del asunto). Muchas ven frustradas la posibilidad de hacer la piel con piel con su bebé que tan positivo es para ambos, otras ven frustradas la posibilidad de la lactancia, otras acaban con un bebé en uci de neonatos y, por lo tanto, el trauma es inimaginable.

Los derechos de la mujer en general, y en especial como pacientes y en el parto, han de empezar a hacerse valer de una forma real, sin coacciones, sin mentiras, sin que las mujeres se tengan que hacer un Máster para ir a parir… Sin embargo, la realidad es otra y como digo, la violencia obstétrica por un lado y las negligencias, por otro, en el parto son situaciones mucho más habituales de lo que se pueda pensar con muchas más secuelas de las que nos imaginamos.

 

7- T: ¿Cuáles son las negligencias médicas en el parto con consecuencias para la mujer?

M. E: Pues tenemos desde episiotomías innecesarias e injustificadas mal realizadas que dejan dolor crónico en la mujer por pinzamiento de un nervio que le impide a veces tener relaciones sexuales durante años, o sentarse más de una hora seguida, hasta mujeres que nos llegan que tras parir horas después acaban sin útero, o familias que nos llegan con partos realmente desgraciados cuyos bebés han fallecido o quedado con lesiones muy graves. Es muy importante distinguir la violencia obstétrica que se ampara siempre en los protocolos y que no deja huella física y escrita en historiales, de la violencia que deja huella y lleva irremediablemente a poder probar una negligencia o mala praxis. Ahora también nos están llegando bastante madres que quieren demandar una cesárea urgente que ellas consideran que fueron injustificadas. Y ya, por suerte, tenemos muchas embarazadas que empiezan a cubrise las espaldas y redactan sus instancias, planes de parto, consentimientos informados previamente para evitar pues por ejemplo una inducción forzada a las 41 semanas, o evitar que las separen de su bebé por tener cesárea etc. En la prevención está la clave también, es terrible que las embarazadas tengan, como decía, que hacer un Máster para parir, pero visto lo visto, empoderarse y hacerse cargo de tus propios derechos y ejercerlos es una vía que estamos viendo que está siendo eficaz para ir cambiando protocolos que atentan contra derechos fundamentales nada más y nada menos.

 

8- T: Según algunas investigaciones, existe un mayor índice de negligencias médicas en el parto en fines de semana, festivos y noches. ¿Por qué?

M. E: Pues porque el parto se ha deshumanizado completamente. Desde los años 70 se empezó a medicalizar, a intervenir de manera excesiva, y así consta en multitud de estudios e investigaciones como bien decís. Pues bien, ese trato médico deshumanizado hace que el parto, el bebé y la madre queden supeditados a las necesidades de los sanitarios: sus vacaciones, sus turnos, sus días libres. Supeditado a quien manda, a quien siempre ha tenido la batuta, que no es desde luego la mujer. Aquí entra en juego la poca importancia que se le ha dado siempre al deseo de la mujer, a su palabra, a sus experiencias, a su sexualidad… Por otro lado, no tenemos el apoyo de muchas asociaciones y agrupaciones que se llaman feministas que cierran filas en torno a todo esto y defiende con fe ciega actuaciones de todo tipo, no viendo violencia machista en todo esto, cuando no es más de lo mismo. El parto es de la mujer (no del hombre, sino otro gallo cantaría), la medicina salva vidas, pero estamos condenados a entendernos y encontrar un equilibrio entre todos los intereses en juego.

Lo que es inaceptable es que a una mujer embarazada se le convenza y chantajee con que su bebé no está poniendo peso y eso es peligroso y es mejor inducir a la semana 37/38 porque si no el médico no se hace responsable, cuando la verdadera razón pueda ser que dicho ginecológo se va de vacaciones, o cualquier otro motivo. Yo misma me negué en mi segundo embarazo a una inducción por bajo peso de mi hija. Me negué rotundamente y me puse de parto cuando me tuve que poner, rompí aguas en mi casa y mi hija nació sanísima. Una mujer que realmente conoce qué ocurre en un embarazo, cuándo realmente hay peligro (no hay peligro porque un feto ponga poco peso, cosa distinta es si empezara a decrecer), cómo funciona un parto y la dicotomía entre oxitocina natural y adrenalina etc etc sabe perfectamente coger las riendas de su embarazo y parto y acogerse a sus derechos como paciente, dándole el lugar que cada uno tiene en este momento vital: bebé, mujer, acompañante, matrona y ginecólogo en caso de complicación. Pero para ello, como decimos, hay que estar informadas tanto a nivel fisiológico como a nivel legal y no permitir que se nos infantilice como si no tuviéramos ni idea de qué estamos hablando o qué estamos sintiendo.

 

9- T: Protocolos de la SEGO. ¿Se cumplen adecuadamente? ¿Por qué no?

M. E:  Los protocolos de la SEGO son amor odio. Dependiendo de para qué o de qué estemos hablando, se cumplen o no. Yo creo que la SEGO necesita de una revisión bastante importante de muchos de sus protocolos tanto para antes, como para durante como para después del parto. Y podría intervenir mucho más cuando es conocedor de prácticas desaconsejadas totalmente como pueda ser la Kristeller y podría por supuesto, admitir, que sí que se dan, que sí que tenemos una alta tasa de cesáreas injustificadas, que sí que tenemos una alta tasa de episiotomías e instrumental, que sí que acuden en multitud de ocasiones a procedimientos como peritos expertos donde no se han respetado los derechos de las mujeres y han ocasionado graves daños. Pero no solo no reconocen la violencia obstétrica y las prácticas desaconsejadas y violentas, sino que las niegan. Por lo tanto, los protocolos de la SEGO (algunos de los cuales serían geniales si se respetaran y la propia SEGO los hiciera respetar), a veces no dejan de ser papel mojado cuando entramos en un hospital a parir. Igual que esas habitaciones de hospitales-hoteles, y esos grandes reclamos de partos respetados en ciertos hospitales que a lo que se refieren únicamente es a tener una habitación sin acompañante y poco más. No a lo que es realmente un parto humanizado y respetado.

 

10- T: ¿Sabrías decirnos cuál ha sido la mayor condena por negligencia médica impuesta en España?

M. E: Pues la mayor condena obtenida hasta ahora ha sido este mismo año, si no me equivoco. Un Juzgado de Primera Instancia de Madrid ha condenado al SAS a indemnizar con 4,2 millones de euros a una menor que sufrió una parálisis cerebral por varios errores médicos durante el parto en un hospital público andaluz en 2015. El SAS deberá abonar 1,5 millones de euros y la compañía aseguradora, Zúrich, 2,7 millones de euros. De esta forma, se convierte en la mayor indemnización en España por una negligencia médica, y qué dato curioso: en parto. Una de las asistencias que más negligencias acusa y que más intentan silenciar.

 

11- T: ¿Te has encontrado con falsas acusaciones? Es decir, ¿ha habido casos en los que te planteaban alguna negligencia médica que en realidad no lo había sido?

M. E: No. Igual que en su momento al inicio de mi carrera cuando era abogada generalista jamás me encontré con una denuncia por maltrato falsa. Sí me he encontrado con experiencias que lamentablemente no se pueden demostrar porque como decía anteriormente, no constan y no hay de donde tirar en base al historial, si además no deja secuelas o lesiones graves que puedan relacionarse directa y claramente con la actuación médica por la teoría del daño. Sí me he encontrado con supuestos que están fuera de plazo. Pero cuando una familia acude a nosotras, normalmente el daño existe en mayor o menor medida, demostrable o no. A nadie le gusta meterse en un procedimiento que dura años, que si pierdes te condenan en costas y que supone recordar una y otra vez lo sucedido. Por lo tanto, podrá haber casos no viables a nivel procesal por muchos motivos, pero no porque no se hayan dado. Por ejemplo, nos resulta muy complicado probar la violencia verbal, o que un daño en un nervio deviene de una episiotomía o del instrumental, o que una muerte tras un post-operatorio viene de una omisión de cuidados… pero está ahí el daño, y está claro que si podemos probar la relación causa-efecto y el daño desproporcionado, habrá condena, pero es cierto, que no siempre es fácil.

 

12- T: ¿Quién vela realmente por la seguridad del paciente (SP) en un fallo de la atención prestada por los servicios sanitarios?

M. E: Es la propia comunidad sanitaria quien debe seguir trabajando incansablemente por minimizar esos eventos adversos evitables y priorizar, por encima de todo, la seguridad del paciente como eje prioritario de la calidad asistencial. Y responsabilizarse voluntariamente de los errores sin obligar a litigar durante años a las familias, solo porque los intereses de las aseguradoras así lo exijan. Y acabar con cierto corporativismo rancio que no beneficia a nadie. Aunque tengo que decir, en honor a la verdad, que trabajo con bastantes profesionales sanitarios de diversas especialidades que son muy conscientes de la responsabilidad que se traen entre manos y que luchan en su trabajo y son ejemplo cada día de cómo dar el mejor servicio posible a sus pacientes. Tenemos que apartar (como se apartan las ramas del camino) el ego, el corporativismo y quedarnos con la esencia: dar la mejor de las asistencias posibles a los pacientes con todos los medios que se tienen al alcance. Acatando derechos básicos como la autonomía del paciente que permite aceptar o rechazar tratamientos sin recriminaciones; como dar una información veraz y total de los riesgos y los beneficios de cada tratamiento, así como de las posibles alternativas y muchos ejemplos más que nos llevaría días hablar. La comunidad sanitaria ha de volver a pisar el suelo y ponerse a disposición del paciente.

 

13.  T: Aproximadamente ¿cuántos casos pueden tratar al año en su consulta?

M. E: Uf, es complicado, consultas entran por semanas, con viabilidad real menos, por los motivos que te he comentado antes: prescripción del plazo, falta de posibilidad de probar, imposibilidad de asumir el riesgo a perder por parte de la familia, etc.  Ahora mismo concretamente estamos trabajando en la reclamación de 4 o 5, algunos de los cuales las familias quieren sacar a los medios, que son realmente tristes: con muerte o resultado de lesiones graves. Esto hablando de negligencias. En cuanto a prevención, también entran muchas consultas: para consultar planes de parto, para consultar consentimientos informados sobre alguna intervención quirúrgica, para consultar sobre derechos de los niños como pacientes (los padres nos angustiamos mucho cuando nuestros hijos han de ingresar por cualquier motivo y ya son muchos quiénes optan por informarse bien de los derechos de sus hijos y de ellos como progenitores) etc.

 


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Fuente:

María Emilia deSousa

http://desousaabogadas.com/

Fecha de actualización: 03-09-2019

Redacción: Ana Ruiz

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