Síntomas de la miastenia grave

 Síntomas de la miastenia grave
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La miastenia grave es un trastorno neuromuscular que provoca que los músculos se debiliten y se cansen muy fácilmente. Su aparición se debe a una interrupción de la comunicación normal entre los nervios y los músculos. Todavía no existe una cura para esta patología, pero su tratamiento puede ayudar a aliviar los síntomas. 

Hace más de 300 años que la miastenia grave fue descrita, sin embargo, en las últimas décadas la investigación de esta enfermedad ha experimentado grandes avances. Por ejemplo, está considerada como la enfermedad autoinmune más investigada y mejor entendida a pesar de no conocer ni su origen ni su cura. Lo cierto es que sí se ha descubierto el gran impacto físico, psicológico y social que provoca en las personas que la padecen.


Por otro lado, también está descrita como enfermedad rara y crónica porque tiene brotes de mejoría y agravación, a veces es gradual, otras invalidante y, muchas veces, inapreciable. No es contagiosa ni hereditaria, es indolora y no afecta a la sensibilidad.


En la mayoría de los casos está relacionada con tumores del timo –órgano del sistema inmunitario–, y puede afectar a personas de cualquier edad, aunque es más común en mujeres jóvenes y en hombres de edad avanzada.


En cuanto a sus síntomas, al causar debilidad en los músculos voluntarios da lugar a un empeoramiento con la actividad y mejora con el reposo. Esto se puede ver reflejado en los siguientes signos:

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- Dificultad para hablar y voz nasal.


- Dificultad para respirar y toser a consecuencia de la debilidad de los músculos de la pared torácica.


- Problemas para masticar, lo que provoca arcadas, asfixia y babeo de forma frecuente.


- Dificultad para subir escaleras o para levantarse.


- Parálisis facial o debilidad de los músculos faciales.


- Visión doble (aparece de manera momentánea) y dificultad para mantener la mirada.


- Cabeza y párpados caídos.


- Expresiones faciales limitadas.


- Debilidad en el cuello y la columna. Presenta el síntoma de la cabeza caída al final del día, por lo que desencadena dolores en otras zonas musculares a causa del esfuerzo de otros músculos por mantener la posición de la cabeza.


Respecto al embarazo, aunque no esté contraindicado, existe riesgo de crisis en el primer trimestre, en el parto y durante el alumbramiento, por lo que hay seguir revisiones especiales. Lo único que no se recomienda es la lactancia.


Para su diagnóstico hay que realizar una exploración neurológica, en la que se incluye la prueba de hielo o la de edrofonio, y exámenes adicionales si es necesario, como la electroneuromiografía.


Por último, su tratamiento consiste en aliviar los síntomas que provocan la enfermedad ya que aún no se ha descubierto la cura. Para ello, se emplea una combinación de diferentes fármacos que operan sobre la enfermedad de manera distinta. Entre los más usuales se encuentran:


- Inhibidores de colinesterasa (peridostigmina). Ayudan a mejorar la capacidad y la fuerza de la contracción muscular. Sus efectos secundarios son cólicos abdominales, náuseas, salivación excesiva y aumento de la sudoración.


- Inmunosupresores (azatioprina, ciclosporina, prednisona). Actúan directamente sobre el sistema inmune impidiendo la producción de anticuerpos. Su inconveniente es que evita el crecimiento de anticuerpos útiles para enfrentarse a los virus y las bacterias, lo que puede hacer que el paciente enferme más a menudo.


- Extirpación del timo. Cerca del 15% de los afectados con esta patología sufre un tumor en el timo. Produce una mejora notable de los síntomas, pero como el timo no es el único responsable de la producción de auto-anticuerpos, hace que estos vuelvan a brotar con los años.


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Fecha de actualización: 20-09-2017

Redacción: Irene García

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