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¿Es verdad que los niños crecen cuando tienen fiebre?

¿Es verdad que los niños crecen cuando tienen fiebre?

Existen innumerables mitos y creencias populares acerca de los niños y su desarrollo, en el caso de la fiebre y el crecimiento puede haber una relación o base científica pero no siempre tienen que ir acompañados.

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Índice

 

¿Es cierto que los niños crecen cuando tienen fiebre?

Desde siempre se ha escuchado que cada vez que un niño tiene fiebre luego dará un estirón. Esta creencia popular tiene una base de verdad pero no se puede asociar la fiebre con el fenómeno del crecimiento, esta obedece a otras causas y nada tiene que ver con que el niño vaya a crecer más o menos. Hasta los 18 o 20 años las personas pueden ir aumentando centímetros y esto no implica que se precise la fiebre para hacerlo.

La parte de verdad de esta afirmación es que los procesos de fiebre estimulan la hormona del crecimiento en fases de desarrollo y por eso tras un periodo de enfermedad, los pequeños pueden haber aumentado un poco su talla.

La hormona de crecimiento (GH) es una hormona que se secreta en la hipófisis, una glándula del sistema endocrino que secreta muchas otras hormonas. Pero esta hormona se secreta durante toda la vida y no solo durante la infancia ya que tiene otras funciones aparte de estimular el crecimiento lineal de los huesos: da lugar a la síntesis de proteínas, aumenta la glucosa en sangre o quema grasa de los depósitos del cuerpo para que en el torrente sanguíneo haya más ácidos grasos que sirvan de combustible para las células del cuerpo. Por eso, secretamos esta hormona toda la vida, aunque no de forma constante, sino a pulsos, es decir, se suele secretar más por la noche (por eso se dice también que dormir ayuda al crecimiento y tiene su parte de verdad) o tras el ejercicio, un traumatismo, una enfermedad aguda, el estrés físico o un proceso febril.

Y como en la infancia es cuando más procesos febriles tenemos y al estar malo se duerme más, es posible que secretemos más hormona del crecimiento al tener fiebre y se crezca un poco, aunque no existe ningún estudio que haya demostrado que después de un proceso febril un niño gane unos centímetros de altura.
 

¿Y si el niño está enfermo a menudo?

Este fenómeno ocurre en enfermedades puntuales como puede ser una gripe o una infección de garganta, en niños con enfermedades crónicas o que enferman muy a menudo ocurrirá lo contrario, estacándose, en la mayoría de los casos, su desarrollo. Cuando un niño se pone malo, automáticamente se detiene su crecimiento pero tan pronto se recupera, su organismo se pone de nuevo en marcha de forma muy acelerada para recuperar el tiempo perdido durante la convalecencia, así en pocos días puede crecer más rápido que en el mes o meses anteriores. 

Este fenómeno no tiene por qué ocurrir siempre y hay que tener claro que se da en enfermedades cotidianas que no sean graves. Además, el crecimiento de los niños está condicionado por muchos factores: la genética, la salud general, la buena alimentación en el embarazo y en la infancia, dormir las horas de sueño necesarias (durante la fase de sueño profundo también se produce la aceleración de la hormona del crecimiento), que sea un niño sano, la práctica de deporte y la correcta producción de dichas hormonas del crecimiento.

Así que si el niño no se pone malo no hay por qué preocuparse ni pensar que va a crecer menos y lo mismo ocurre en el caso contrario, si enferma a menudo lo mejor es acudir al médico o profesional de pediatría para descartar cualquier problema más grave que pueda estar asociado.

Habría que añadir que es importante que si los padres ven que el niño crece de manera muy lenta o que se encuentra muy por debajo del resto de sus compañeros de clase o amigos, se acuda al pediatra antes de entrar en la fase de la adolescencia para descartar cualquier patología posible. Pasados los 15 años es muy difícil poner remedio a los problemas relacionados con el crecimiento.


Glosario

Gripe

Definición:

Enfermedad viral adquirida a través del contagio interhumano.

Síntomas:

Se caracteriza por faringitis, fiebre, dolores generalizados, náuseas, etc. Su duración aproximada es de 5 a 7 días y tiene una mayor incidencia en los meses fríos.

Tratamiento:

En personas de alto riesgo (como niños y ancianos) se recomienda vacunarse antes de la llegada del frío. El tratamiento no requiere antibióticos, consiste en reposo, la ingesta de muchos líquidos y tomar paracetamol o antipiréticos contra el dolor y la fiebre.

Fuente:

Van Cauter E, Copinschi G. Interrelationships between growth hormone and sleep. Growth Horm IGF Res. 2000 Apr;10 Suppl B:S57-62. doi: 10.1016/s1096-6374(00)80011-8. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/10984255/

Fecha de actualización: 25-05-2021

Redacción: Irene García

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