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¿Cuándo un bebé muerde?

¿Cuándo un bebé muerde?

La simple acción de clavar los dientes en o sobre algo, es decir, morder, es lo más habitual que veremos a hacer a los más pequeños. Normalmente, hasta los tres años es frecuente que los bebés muerdan todo lo que tengan a su alrededor. De hecho, es una actitud bastante normal, aunque a veces se haga necesario frenarla.

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En algunas ocasiones simplemente lo hacen sin mala intención o porque están con la boca por lo que morder algo, lo que sea, alivia ese malestar que tienen por la erupción dentaria. Sin embargo, otras muchas son porque están enfadados. A veces incluso a otros niños de su edad cuando están en la guardería, y que se acaban convirtiendo en los casos que más hay que frenar porque podría causar daño en otro bebé de su edad. Es cierto que se trata de una fase más dentro del desarrollo de los niños, y que, aunque no suele implicar comportamientos negativos sí deben frenarse.

 

Morder para los bebés también significa llamar la atención o expresar lo que sienten en ese determinado momento. De hecho, algunas emociones como la frustración o el enfado son algunas emociones tan fuertes como frecuentes a las que los bebés y los niños no saben hacer frente porque no tienen dominio del lenguaje.

 

No obstante, las primeras mordidas y como ya veíamos, serán debido a esa erupción infantil. Para calmar esas encías hinchadas y enrojecidas lo que van a hacer es morder todo lo que pillen a su paso. Será después, una vez entren a la guardería cuando lo que empiecen a morder sean objetos, juguetes y niños. No obstante, ante todo hay que tener en cuenta que es un impulso pues los bebés lo hacen para explorar y aprender, pero también para relacionarse. Y no, lo cierto es que no existe motivo como tal porque no tienen autodominio y, además, actúan de forma, como veíamos, totalmente impulsiva.

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Lo primero que deben hacer los padres es descubrir qué es lo que ha llevado realmente a su hijo a morder ya que muchas veces es por propio impulso al ver a otro niño hacerlo también, porque le están saliendo los dientes, por llamar la atención, etc. Los motivos son muchos y muy variados, pero lo más importante es, como decíamos, saberlo antes. Una vez identifiquemos el motivo real por el que el bebé ha mordido no hay que castigar ni gritar al bebé, sino simplemente decir “no” de la forma más tajante posible para que sepa que se trata de una actitud que no debe tener bajo ningún concepto, que es algo que no se va a tolerar y que está mal.

 

Además, se debe tener en cuenta también que si el motivo por el que el bebé ha mordido se debe al dolor de encías lo ideal es que se le ofrezcan mordedores al bebé más a menudo. Los mordedores son objetos de goma o de caucho que sirven para que los bebés los muerdan en su proceso de dentición que, aunque varía dependiendo de cada bebé, el proceso de dentición en la gran mayoría de los bebés suele comenzar entre los seis y los doce meses aproximadamente. Además, cabe recordar también que, a parte de los mordedores, los papás y las mamás pueden masajear las encías a sus bebés. Esto también los calmará.

 

Si, por ejemplo, el bebé ha mordido por enfado o por frustración a otro bebé será necesario explicarle que ese no es el método que se ha de utilizar cuando uno está triste o enfadado, que no debe hacer daño al otro bebé, y que el otro bebé está triste por lo que él ha hecho. Asimismo, se ha de estar, al menos, durante algunas semanas cerca del pequeño mientras está jugando en el parque, por ejemplo, con otros niños para tenerlo controlado.

 

Los papás y las mamás, además de decir un “no” lo suficientemente claro y contundente, deben decirlo seriamente y mirando fijamente a los ojos del bebé. En estas ocasiones, recordemos, la información no verbal refuerza la verbal y ayuda a su vez al niño a comprender que lo que está haciendo no está nada bien en absoluto. Además, tampoco conviene que los padres ni ningún otro familiar se ría porque el bebé se ría al morder ya que esto lo único que puede provocar es que el bebé lo sienta como un juego y lo repita siempre que se de el caso y para hacer que sus padres y el resto de familiares se rían.

 

Finalmente, será necesario tener en cuenta también que, como ya veíamos, se trata en realidad de un proceso que pasará tarde o temprano, aunque normalmente no será hasta pasados los tres años como mínimo, pero que irán desapareciendo porque será, además, a esta edad cuando empiecen a dominar cada vez más y más su lenguaje de tal forma que los mordiscos sean algo que se va a ir dejando atrás porque ya pueden expresar su contrariedad, su tristeza o su frustración de otra forma.

 


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