Jugando con tu bebé

Jugando con tu bebé
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Jugar comunica y transmite valores: aprender a esperar, a resignarse, a tolerar, aprender a disfrutar con la ganancia del otro, saber perder... Jugar con tu hijo no es acompañarlo, no es mirar cómo juega, no es ayudar. Jugar exige algo más: implica diversión, disfrute, participación plena... 

Para los niños el juego, más que una forma de evitar el aburrimiento, es una manera de expresarse y de aprender. Jugar con tu hijo es más relajante que ver la televisión. No requiere esfuerzo pero sí voluntad. Jugar es una excelente posibilidad, una excelente “técnica” al servicio de los padres, para fomentar en los niños las actitudes necesarias y para que administren su tiempo de ocio de un modo positivo. Además de ser un juego en sí, es una perfecta acción familiar

Aprender jugando es una fórmula mágica, más eficaz que cualquiera de las demás “armas” para imponer órdenes, disciplina, inculcar valores, educar, etc. Al mismo tiempo favorece el desarrollo de las actitudes lúdicas del bebé ante la vida, mientras explora el gran mundo que le rodea.

A continuación te proponemos una serie de actividades para realizar con tu pequeño en las diferentes etapas de su vida. ¡Pruébalos!

3-4 meses

• Cuando tu bebé esté inquieto y sea difícil tranquilizarle, puedes relajarle con esta actividad: siéntate con las piernas cruzadas en el suelo o en un sitio que te resulte cómodo (la cama, un sofá...). Acomoda a tu pequeñín en tu regazo, con su espalda contra tu pecho. Sujetándole bien, eleva una de tus piernas levantando ligeramente la nalga para balancearte suavemente, después hazlo con la otra. Te mecerás como un balancín. Si quieres puedes acompañarlo además con una nana.

5-6 meses

• Los bebés disfrutan moviendo los pies y pataleando alegremente. Estos primeros pasos en el aire son más divertidos si levantas a tu pequeño en el aire y mientras caminas dejas que patalee.

Prueba también... A medida que vaya creciendo, cuando se maneje con sus primeros pasos sobre el suelo, levántale, deja que siga andando en el aire unos segundos y vuelve a dejarlo en el suelo (asegurándote que no pierda el equilibrio).

7-9 meses

• A partir de los 6-7 meses el bebé ya debe ser capaz de darse la vuelta por sí mismo. Si no es así, puedes probar con este juego, que además le encantará: Dobla una toalla o una pequeña sábana sobre sí misma varias veces de modo que forme una banda de 8-10 cm de ancho. Colócala sobre la cama y al bebé encima; la toalla debe quedarle a la altura de la cintura. Coge ambos extremos con cada mano y tira suavemente de uno mientras el bebé gira sobre su costado, después tira del otro cabo. ¡Tu bebé rotará como una croqueta!

12-24 meses

• Compra un rollo de papel de embalar y corta un trozo que cubra prácticamente todo el suelo de su habitación. Pega con celo o cinta aislante los extremos al piso para evitar que se deslice. Coloca a tu hijo sobre él y dale pinturas, ceras, plastilina, lápices, rotuladores de colores, etc. Podrá dar rienda suelta a su creatividad sin peligro de ensuciar nada. 

• A esta edad es común ver a los niños jugar con la caja y el envoltorio de un regalo más que tonel regalo en sí. Está explorando y descubriendo. Así que puedes hacer la prueba: elige una caja y mete algún juguete suyo. Introduce esta caja en otra y envuélvela en varias capas de papel de regalo. Disfrutará abriendo el envoltorio una y otra vez hasta descubrir lo que hay dentro.

18- 24 meses

• Este ejercicio ayudará al bebé a desarrollar la coordinación visual y manual.
Para ello sienta a tu pequeño en la trona, esparce cereales sobre la bandeja. (mejor si tienen distintas figuritas). Deja al bebé que coja uno a uno cada cereal y se lo lleve a la boca.

Hablar con tu bebé

Hablar con tu bebé

Desde el momento que coges a tu bebé por primera vez os estáis comunicando mutuamente. Su llanto no es una manifestación de tus habilidades como padre, sino un intento de comunicación del pequeño. Un “idioma”, el del bebé, que al principio te sonará a arameo, pero que antes de lo que crees entenderás perfectamente, logrando atender sus necesidades según lo que él te comunica.


Prueba también... pidiéndole que te las meta a ti en la boca.

• Coloca papel de burbujas para embalar en el suelo, de forma que ocupe la mayor superficie posible. Descalza a tu niño y déjale que ande sobre él explotando las pompas. Eso sí, no le pierdas de vista, probablemente necesite tu ayuda para mantener el equilibrio.

• Hazte con varios retratos (o imprime las fotos) de distintos miembros de la familia. Preferiblemente primeros planos y cuanto más grandes mejor. A continuación recórtalas en tres partes o franjas, (ojos, nariz y boca). Colócalas boca abajo y levanta la primera. Pregunta a tu peque a quién pertenece esa nariz. Cuando lo adivine levanta otra parte.

Es un excelente juego para desarrollar la memoria.

Prueba también...Ofreciéndole todas las partes mezcladas y dejándole que las una formando la cara de papá. ¡O inventando caras nuevas!

2-3 años

• A estas alturas ya serás consciente de que tener un hijo significa renunciar al orden  perfecto. Lo que no significa que no exista la necesidad de educar al niño para que coopere en la organización de al menos su espacio, es decir, su habitación. Seerá mucho más fácil si lo conviertes en un juego. Pero antes de nada tendrá que saber dónde se guarda cada cosa, así que antes de nadad comienza haciéndole preguntas para implicarle en el juego.

Las preguntas deben ser extravagantes. Por ejemplo: ¿Dónde guardamos la pelota? ¿En la nevera? o ¿cuál es el sitio de los cuentos? ¿el ascensor? Contestará inmediatamente y hasta querrá llevarlo él mismo. Una vez que sepa dónde se ordena cada objeto ya podrás jugar con él. Pon una de sus canciones preferidas. Deberá guardarlo todo antes de que la música termine.

Prueba también... una vez haya adquirido suficientes habilidades, a jugar por colores. Al ritmo de la música, tendrá que ordenar todo por colores: primero los juguetes de color verde, después los azules, a continuación los amarillos...


Fuente:

Fodor, Elizabeth; Morán, Montserrat (2009), Todo un mundo de sonrisas, Madrid, Ed. Pirámide.

Redacción: Irene García

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