Dar de comer a tu hijo

Dar de comer a tu hijo
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Dietas equilibradas con variedad de platos. Sabores, texturas, colores y consistencia para acostumbrar el paladar del niño y lograr un adecuado aporte nutritivo para su desarrollo y crecimiento. Comer requiere un aprendizaje, como también lo necesitan otras actividades y rutinas de la vida de tu hijo; por ejemplo, andar o hablar. Tras la lactancia, hay que seguir las recomendaciones de los pediatras, a la hora de comenzar a introducir alimentos nuevos a su dieta. Recuerda que cada niño tiene sus propios gustos y debes tenerlos en cuenta, evitando, eso sí, las conductas caprichosas y monótonas a la hora de las comidas.

La alimentación de tu hijo debe basarse en una dieta saludable que le proporcione un crecimiento adecuado y que le ayude a desarrollar dientes sanos y huesos y músculos fuertes; además de aportarle energía necesaria para el ajetreado día a día de los pequeños. No hagáis de las comidas un campo de batalla, intenta, por el contrario, que sea un rato relajado y placentero para ambos. Especialmente, vas a tener que armarte de paciencia entre los 4 y los 18 meses, uno de los periodos de mayores cambios alimenticios en la vida de tu hijo y en la que resulta fundamental estimularle para tomar nuevos alimentos y sabores. 


Lactancia materna hasta los seis meses

 

Durante los primeros meses el bebé pasará a criarse exclusivamente con leche materna, la más recomendada por los pediatras. Aunque hay casos en los que la madre no puede suministrársela, bien porque la lactancia materna es insuficiente, bien porque debe incorporarse al trabajo y sólo puede darle de mamar en las tomas de la mañana y la noche. Para estos casos, la madre puede extraerse la leche (preferiblemente por las mañanas) y dejarla en el frigorífico, hasta 72 horas; para que luego la cuidadora le dé al bebé la toma que le corresponde. Actualmente, en el mercado podemos encontrar numerosas marcas que disponen de sacaleches con distintas características en función de tus necesidades.

 

También hay casos en los que el niño rechaza la leche materna; así encontramos las leches de fórmula que pueden cumplir la función de la lactancia materna desde el primer día. Para ello, utilizaremos el biberón, como por ejemplo los de policarbonato con tetinas de silicona que reducen la ingestión de aire y que son resistentes a todos los métodos de esterilización.

 

En su primera semana de vida, el bebé está casi continuamente alimentándose, el número de tomas debe ser entre la s 6 y las 10 tomas; cantidad que se va reduciendo progresivamente, pasando de 6 a 8 de la primera a la cuarta semana, y de 5 a 6 entre la quinta semana y el tercer mes de vida del niño.

 

Además de la leche materna, a partir de los 6 meses, se pueden empezar a introducir otros alimentos en forma de papillas. Verduras o frutas, en cantidades muy pequeñas, muy triturados. Aunque tardará en aceptar los nuevos alimentos y sabores, sed pacientes. Seguid con el biberón, compradle aquellos que tengan asas o formas planas, adaptadas a las manos del bebé, para que vaya acostumbrándose a comer solo.


Sus primeros alimentos

 

A los seis meses las funciones digestivas han madurado, las mandíbulas ya pueden mover alimentos dentro de la boca; es hora de introducir comida más consistente y pasar del biberón a la cuchara. Anímalo desde pequeño a probar cualquier sabor.

 

Ajustad su dieta a sus particularidades fisiológicas. En las primeras etapas debéis proporcionarle una dieta equilibrada para que forme su sistema inmunitario y evitar futuros problemas de obesidad.

 

El primer alimento que podéis introducir en las papillas son los cereales con gluten, seguidos de los purés de verdura; entre los 7 y 8 meses ya estará preparado para las proteínas de la carne o el pescado, triturados; aunque para introducir estos alimentos debéis, como siempre, consultar con el pediatra. Igualmente es recomendable esperar una o dos semanas cada vez que se introduce a la dieta del niño un nuevo producto.

 

Con la cuchara el niño comenzará a mover otros músculos distintos de los que utilizaba hasta ahora para succionar. Al principio sentirá cierto rechazo; ponedle la cuchara en la boca para que chupe la comida y se acostumbre a las nuevas texturas y sabores, serán experiencias increíbles. Para que se vaya familiarizando con ella, en el mercado existen algunas cucharas de aprendizaje para facilitar esta transición. Escoge una de silicona muy suave y envase flexible, ayudarás a que no se derrame nada y que el bebé tenga su primer contacto con la cuchara para comprobar que no es tan diferente al biberón. Luego pasa a las cucharas para niños de caucho muy suave, con doble punta, punta redondeada, de acero inoxidable, que no dañan las encías del bebé.


Comer como un adulto

 

A partir de los doce meses comerá con vosotros. Como padres, debéis estimularle a probar cualquier alimento, a cumplir un horario fijo en las comidas y a no picotear entre horas; evita los alimentos superfluos como caramelos o chucherías. Aunque a veces parezca que no se está alimentando bien porque tira la mitad de la comida, no hay que alarmarse es algo normal.

 

Cortad la comida en trocitos pequeños, para que los pueda tragar sin dificultad y así poco a poco, vaya haciéndolo solito. No pongas mucha cantidad de una sentada, hasta el año y medio es mejor que el niño haga cinco o seis comidas pequeñas, a tres abundantes. Además, es el momento para pasar del biberón al vaso, mejor con tapa para que no lo derrame. Ya pueden beber todo el agua que quieran y leche entera. También para este proceso de aprendizaje existen vasos especiales, ideales para facilitarlos el cambio.

 

Conforme vaya creciendo, hará las tres comidas como un adulto, sin saltarse el desayuno, ¡es la comida más importante del día y, probablemente, la que más disfrute!

 

Al compartir la mesa con vuestro hijo debéis dar ejemplo; el niño suele imitar los hábitos de sus padres y así si os ve rechazar un alimento, él hará lo mismo. Acostumbraos a que toda la familia coma sano y despacio, con refrigerios saludables como frutas o batidos naturales y reducid las grasas a la hora de cocinar.

 

Los padres debéis ingeniároslas para presentar la comida del niño de manera atractiva, haced figuras, alternad los colores de la comida… que comer verduras sea algo agradable no un suplicio. Ponedle alimentos fáciles de comer o cortádselos en pedazos pequeños, ya que le gustará comer solo, no que se lo deis.

 

También hará más agradable la comida utilizar vajillas especiales para niños con dibujos y colores divertidos; destacan las de platos térmicos que mantienen el calor durante más tiempo.

 

Desde el momento en que vuestro hijo se siente en la mesa erguido, comience a utilizar correctamente los cubiertos, no juegue con la comida, ni la tire por toda la mesa; habrá aprendido a comer. Sólo os queda encargaros de que su dieta sea sana, equilibrada y variada.


Dieta Equilibrada:

Verdura
Fruta
Pollo o Carne (primero ternera, luego las grasas como el conejo y el cerdo)
Pescado blanco, cocido y sin sal (es menos alergénico)
Productos lácteos (500 ml al día). Primero leche semidesnatada, luego entera.
Huevos (de forma progresiva). Primero la yema y a partir del año la clara, cocida o en tortilla. Dos o tres veces por semana.
Legumbres, sin piel y triturados, una o dos veces a la semana. A los 18 meses con piel.
Arroz y pasta una vez por semana.

 

 


Fuente:

Stoppard, Dra. Miriam (2006), Padres primerizos, Barcelona, Pearson.

Redacción: Lola García-Amado

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