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Cómo gestionar tu ira para no dirigirla a tus hijos

Cómo gestionar tu ira para no dirigirla a tus hijos

El transporte de tu ciudad no coopera, te pasas una hora buscando aparcamiento, el trabajo no va como te gustaría; y a esto se añade que los niños…son niños; y eso a veces puede poner a prueba nuestra paciencia. Sin saberlo notas cómo la ira te sube por la garganta, se va acumulando hasta que acaba en gritos o, peor, sigues acumulándola dentro de ti y vives en un estado semi-constante de mal humor.

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A lo largo del día puede haber muchas causas que deriven en enfado: causas internas y externas y, a veces, las estrategias para no perder la paciencia no bastan para calmar la ira o mal humor que tienes dentro. ¿Qué puedes hacer entonces para gestionarla?

 

Lo primero que debes entender es que el enfado forma parte de nuestra variedad emocional. Si algo enseñó la película Del revés (Inside Out) es que las personas venimos con múltiples emociones, y que todas ellas son necesarias para lograr un equilibrio. Así que, sí, de vez en cuando sentirás ira, y eso es normal. El problema viene cuando no sabes cómo gestionarla y dejas que te sobrepase. Entonces, toca trabajar en ello:

 

Reconócelo y busca la causa. Estás enfadad@, y no te tienes por qué sentir culpable de ello. En lugar de centrarte en tu respuesta (la ira), busca la causa. Puede que no te estés cuidando, o que no te sientas apoyad@, o que estés adoptando una actitud general insana ante la vida.

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Jugar en familia

Jugar en familia

Jugar en familia ayuda a construir una relación familiar sólida y duradera. El juego entre padres e hijos, entre hermanos, entre abuelos y nietos ayuda a fortalecer la complicidad entre los miembros de la familia, abre vías de comunicación, permite exteriorizar las expresiones de afecto, deja aflorar las emociones de una forma natural y espontánea. Aprende a jugar con tus hijos: estar con los niños y niñas mientras juegan es importante, pero no es suficiente.

Y tambien:

 

Habla de ello. Un profesional es el más indicado; no está implicado en la situación como tu pareja y conoce las herramientas que te pueden ayudar a liberar y entender tus emociones. A veces, simplemente, no sabemos qué podemos hacer e intentamos diferentes cosas pero nada funciona. Acudir a sesiones de psicología para adultos nos puede ayudar a encontrar herramientas que nos ayuden a liberar y entender nuestras emociones, y a no dejar que estas nos controlen a nosotros. Algo básico en todos los aspectos de la vida.

 

Cuídate. Sí, eres padre/madre. Tus prioridades han cambiado. Pero no deberían cambiar tanto como para que te olvides de cuidarte, de cuidar tus relaciones más allá de tus hijos. No solo hay, sino que debe haber vida más allá de los hijos.

 

Cómo gestionarla 

 

Las personas tenemos básicamente tres maneras de lidiar con la ira: supresión, expresión y calma. La primera no es sana, reprimir emociones nunca deriva en nada bueno y lo único que consigue es que, o bien se acumule hasta que estallemos como una olla a presión, llevemos a cabo conductas pasivo-agresivas (no ser franco y dirigir el enfado de una manera indirecta) o salgan de otra manera (tristeza, estrés…).

 

Expresar la ira, en cambio, puede ser una forma sana de lidiar con ella. Pero debes saber hacia dónde expresarla. Expresarla, por ejemplo, con tu hijo a base de gritos o mal carácter le está mandando varios mensajes, ninguno positivo: le estás diciendo de manera indirecta que él/ella es culpable de las emociones negativas que sientes, le estás dando un mal ejemplo de gestión de las emociones, y, en último lugar, le estás tratando mal.

 

Se trata, por tanto, de ser asertivo, expresar tus necesidades, ser respetuoso, primero contigo mismo, y luego con otros. Si estás cansado, dilo, pide ayuda. Si te notas estresada, habla con tu pareja, tus amigos, tu jefe… Y, sobre todo, expresa tu enfado y emociones de manera constructiva, intenta hablar para buscar soluciones, no para quedarte en la queja, que a la larga puede ser tóxica.

 

Calmar la ira es la otra pata de la mesa, junto con su expresión, para lograr controlarla. Trabaja en el control de tus emociones desde un punto de vista físico y mental. Respira, profundamente y llenando tu diafragma de aire, baja tu ritmo cardiaco y disminuye tu tensión sanguínea. Centra tu atención en otro aspecto y no dejes que aquello que te haya enfadado te siga acompañando. A veces basta un cambio de perspectiva. No te centres en el atasco en el que estás, ponte la radio y escucha las noticias, o llama a tu madre para charlar un rato con ella. No te tomes la rabieta de tu hijo como algo personal, entiende que es su manera de, precisamente, expresar emociones que no sabe gestionar. Pon todo en perspectiva y verás cómo tu actitud cambia.

 


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Fecha de actualización: 14-09-2016

Redacción: Irene García

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