"La educación que estimula la curiosidad, estimula la capacidad de innovación", Fran Chuan

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Fran Chuan es un experto conferenciante que, desde hace más de 25 años, estudia y habla de la innovación. Es, además, un ciudadano del mundo, un experto global que aplica en sus procesos la visión de quien ha vivido en países como Alemania, Estados Unidos, Suecia y Andorra. Fran Chuan es conferenciante internacional e imparte charlas y talleres sobre innovación, además de haber escrito varios libros como Innovación 2.0 o Autenticidad. En 2004 puso en marcha Dícere, consultora especializada en la creación de una cultura de la innovación y en esta charla nos habla de cómo fomentar la innovación en los niños, y en los no tan niños. 

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TodoPapás: ¿Qué es la innovación?

Fran Chuan:
La innovación es la consecuencia de dejar volar la curiosidad para descubrir, imaginar respuestas diferentes a lo que la curiosidad ha generado y actuar de manera creativa para obtener un resultado diferente.

TPP: ¿Y aplicado a los niños qué es la innovación?

FCH:
Innovación es generar en nuestros niños un nuevo valor, una respuesta diferente. Esto significa que no debemos generar en los niños prejuicios limitativos, sino que tenemos que dejar que su imaginación y curiosidad estén siempre activas y enseñarles qué hacer con aquello que su imaginación les muestra. La innovación no siempre tiene que ser un valor tangible, puede ser también algo que les gusta, o que en un momento concreto les hace sentir bien. 

TPP: ¿Cómo influye la forma de educar a un niño en su capacidad de innovación?

FCH:
Hoy, todavía, se educa mostrando y enseñando contenidos, una fórmula que limita la innovación de manera natural, ya que cuantos más contenidos compartimos con ellos mayores prejuicios generamos en sus vidas. La educación que enseña únicamente contenidos deja poco margen a la curiosidad y a la imaginación. La educación que estimula la curiosidad, en cambio, estimula a su vez la capacidad de innovación.

Educar a través de preguntas abiertas estimula; sin embargo, si basamos la educación simplemente en respuestas seguimos limitando la capacidad de innovación de los niños.  

TPP: ¿En qué situación se encuentran los jóvenes actuales en materia de innovación y cómo afecta esto a su futuro laboral?

FCH: Tenemos la generación más preparada de la historia, el problema es que se trata de una generación de transición. Los jóvenes de hoy en día son nativos digitales que están siendo gestionados y educados por nativos analógicos, lo que está provocando una clara confusión.

Es la primera vez en la historia que los alumnos van por delante de los profesores en muchas facetas.

Hoy en día nuestros jóvenes no lo tienen fácil a la hora de innovar, porque esto significa explorar lo desconocido, probando muchas veces diferentes respuestas. En el entorno actual y con el sistema que viven, si sus respuestas no se validan a la primera, se les penaliza. En España el fracaso para los jóvenes no es precisamente un indicativo de éxito, sino de todo lo contrario.

A nivel digital el reto del sistema educativo y familiar con los jóvenes pasa por educarles para utilizar bien los soportes digitales. Ayudarles para que sepan utilizar los dispositivos cuando hacen falta bien sea para estudiar, para socializar o para su ocio. Como nativos digitales que son hay que tener en cuenta, además, que su capacidad de concentración es diferente: necesitan utilizar permanentemente dos elementos que nosotros no teníamos, y que la tecnología ha permitido, y son la inmediatez y la ubicuidad. Nuestros jóvenes quieren la respuesta ya, independientemente de dónde estén, lo que ha provocado la redefinición de conceptos como la paciencia y la concentración.  

TPP: ¿Qué podemos hacer desde casa para mejorar la capacidad de innovación de los niños?

FCH:
Yo recomiendo estimular la innovación a través de dos experimentos muy sencillos.

1.-Experimento: Cuando compremos un juguete con instrucciones de uso, probar a darle el juguete sin las instrucciones ni las referencias del empaquetado y observarle. Si compramos un LEGO, por ejemplo, demos al niño sólo la bolsa de plástico con las piezas y no le digamos lo que tiene que hacer. Os puedo asegurar que un niño pequeño abrirá la bolsa y se pondrá a crear sobre lo que le dé la gana, no se quedará parado esperando la instrucción, hará lo que su imaginación y curiosidad le lleve, innovando de una manera natural y sencilla. Interesante es que, cuanto mayores son los destinatarios de este experimento, más sufren desde el momento de recibir el paquete con las piezas hasta ponerse a hacer alguna cosa con ello; necesitan más las referencias exógenas.

2.- Experimento: Utilizar con nuestros niños mucho más las preguntas abiertas. Enseñarles que hablar en tercera persona no tiene sentido, porque con ese razonamiento no aprenden. Os propongo ayudarles a cambiar sus conductas no diciéndoles lo que tienen que hacer, sino formulándoles cuestiones para que ellos mismos descubran el camino por si solos.

La innovación es innata en los niños, por eso lo que siempre recomiendo es trabajar para no estropearla. Los adultos la tenemos también, nunca se ha ido, el problema es que la tenemos tapada bajo un montón de prejuicios acumulados a lo largo de los años.

TPP: ¿Y desde los colegios?

FCH:
Desde los colegios podemos hacer muchísimo. Enseñar contenidos es útil, pero en un nivel más avanzado, cuando los niños ya están en cursos más altos. En las etapas primarias lo que tenemos que hacer es no darles tanto contenido que memorizar, sino enseñarles a aprender a través de la creatividad y la imaginación para que disfruten del proceso y no se produzca la frustración desde pequeños.  

En los colegios es importante también ayudar a los niños para que estructuren su día a día, para que sepan utilizar las nuevas tecnologías de manera adecuada. Por ejemplo, que sepan separar y entender que la misma Tablet sirve para leer, pero también para aprender, para jugar, etc.

El reto más importante para los educadores de hoy creo que pasa por entender que, aunque el conocimiento es importante, lo relevante es saber conectar en los niños el conocimiento para dar respuesta a algo diferente que tienen enfrente. Enseñar a los niños el para qué del conocimiento, añadiendo la duda, explicándoles que no es necesario tener siempre una respuesta para todo, promoviendo niños transgresores desde pequeños.

TPP: ¿A qué edad podemos empezar a hacerlo? ¿Cuándo es ya demasiado tarde?

FCH:
La capacidad para estimular la imaginación se puede desarrollar desde siempre porque estas capacidades las llevamos las personas de serie, desde que nacemos. Por lo que podemos empezar a estimular la innovación desde el minuto 0, enseñándoles a aprender de sus acciones, y de las consecuencias de estas, desde que son bebés. Nunca es demasiado tarde, aunque es verdad que cuanto más tiempo esperamos más cuesta ponerlo en marcha.  

TPP: ¿Este problema es igual en todo el mundo? Si no es así, ¿que países pueden servirnos de ejemplo y por qué?

FCH:
En los países donde yo he trabajado la base es la misma, pero hay ya programas muy avanzados -como el implementado en escuelas que conozco en Bangalore en la India por la filosofía Montessori o el Método Waldorf- con gran recorrido y éxito en Alemania. En España nuestro freno sigue siendo el sistema educativo que, a pesar de todo, sigue siendo muy rígido y cambiante.

TPP: ¿Y para los adultos que ya hemos "perdido" la capacidad de innovar existe alguna solución?

FCH:
Yo no creo que los adultos hayamos perdido la capacidad de innovar, es simplemente que la tenemos escondida. Todas las personas adultas y profesionales con los que trabajo día a día han sido capaces de poner en marcha la creatividad, la imaginación y la curiosidad cuando hemos trabajado la innovación. La solución pasa por ponerse en marcha.

Nuestra la limitación surge en que, desde nuestra juventud, hemos aprendido que el error se paga, hemos aprendido a partir de la consecuencia. Para recuperar nuestra capacidad de innovación lo primero que tenemos que hacer es redefinir el concepto de error y sus consecuencias, y no limitarnos.

En los procesos de aprendizaje en que participo partimos del error para llegar al aprendizaje, eliminando la causa-efecto, dejando de ver los errores como consecuencias negativas. Cuando fomentamos este cambio de mentalidad, promovemos el cambio cultural y algo más importante, y previo a la innovación, que las personas se sientan comprometidas con su trabajo de forma total. No podemos olvidar que nadie puede innovar si no hay compromiso previo.


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Redacción: Irene García

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