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Problemas auditivos en la infancia

Problemas auditivos en la infancia

Tanto la audición como su consecuencia directa, el lenguaje, representan uno de los medios más importantes de comunicación social y personal. Por este motivo, un diagnóstico precoz frente las deficiencias auditivas, especialmente si han surgido antes de que el niño comience a hablar, resulta fundamental para poder proporcionarle el tratamiento adecuado que le facilite su posterior participación e integración social.

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Indice

 

¿Cómo oímos?
De la manera más sencilla posible, podríamos decir que los sonidos son producidos por objetos que vibran y ponen en movimiento partículas del aire u otro medio. Si la vibración oscila entre 30 y 20 mil ondas sonoras por segundo, estimulará a las células receptoras del oído y serán percibidas como sonido en la corteza cerebral mediante el siguiente proceso:

El oído externo es el encargado de captar y conducir las ondas sonoras hacia el oído medio. Éste, constituido por la caja del tímpano, recoge las vibraciones de la membrana timpática y actúa como caja de resonancia, amplificando los sonidos y llevándolos hasta el oído interno. Por último, en el oído interno, donde se encuentra la cóclea u órgano de la audición, existen receptores que captan la información sonora y la traducen en impulsos que el sistema nervioso interpreta.

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Y tambien:

Cuando un oído presenta una deficiencia auditiva permanente, sin posibilidad de audición, se denomina sordera o anacusia; mientras que cuando es corregible, se denomina hipoacusia.


La sordera infantil y sus causas

Según la edad de comienzo de la deficiencia auditiva, distinguimos las hipoacusias o sorderas prelocutivas y las postlocutivas. Las primeras son aquellas en las que la pérdida se produce con anterioridad a la adquisición del lenguaje, es decir entre los 0 y los 3 años. Las segundas son aquellas en las que la pérdida auditiva sobrevino tras la estructuración del mismo, aproximadamente después de los 5 años.

Las causas por las que un niño puede nacer sordo son muchas, la principal es de carácter hereditario, si hay antecedentes familiares con problemas auditivos es más probable que el niño también los padezca. Además, el embarazo es una época especialmente delicada en este aspecto; si durante el periodo de gestación la madre sufre infecciones asociadas con hipoacusias neurosensoriales como la toxoplasmosis, la sífilis, la rubéola u otras infecciones virales, el bebé puede nacer con problemas auditivos.

Pesar menos de 1.500 gramos al nacer o necesitar ventilación asistida durante más de 8 días son también causantes de los daños en el oído, junto con anomalías congénitas de cabeza y cuello, incluyendo anomalías del pabellón auditivo y atresias o agenesias del conducto auditivo externo, entre otras.

Por último destacan factores como tomar medicación ototóxica, padecer patologías como otitis, paperas, sarampión, meningitis bacteriana, hiperbilirrubinemia grave o hipoxia-isquémica perinatal y otros hallazgos correspondientes a síndromes que suelen cursar con hipoacusia.
 

El diagnóstico de los problemas de audición
 

El diagnóstico audiológico infantil requiere la realización de unas pruebas complementarias que permiten un mejor conocimiento del tipo y grado de pérdida auditiva, así como de la morfología de la curva y la dinámica residual; aspectos indispensables para una correcta adaptación protésica.

Se inicia la valoración audiológica manteniendo una entrevista familiar que facilita la obtención de datos relevantes de la historia médica, personal, familiar, escolar, etc. del niño. Esta situación inicial permite, además, que el niño se familiarice, poco a poco, tanto con el lugar del tratamiento como con el profesional que le vaya a examinar; favoreciendo así un clima de confianza que facilitará una mejor colaboración por parte del niño en la importante fase de valoración.

En España hay un protocolo sanitario diferente según las Comunidades Autónomas en cuanto a la realización o no de las pruebas de hipoacusia o sordera a los recién nacidos, por eso si hay dudas o signos que puedan hacer sospechar de algún problema en la audición de los niños es fundamental llevarles lo antes posible a un especialista para que éste pueda llevar a cabo un diagnóstico y, tras confirmarse, un tratamiento de rehabilitación del lenguaje, fundamental en la educación de los niños con este tipo de problemas.
 

Tipos de deficiencias auditivas

I. Según el grado

Hipoacusias Leves: Implica problemas de audición en voz baja y en ambientes ruidosos. El desarrollo del lenguaje es normal, apareciendo pequeñas dificultades a medida que aumenta la pérdida, como dislalias o problemas de articulación.
Pérdida de entre 20 y 40 dB .

Hipoacusias Medias: Implica dificultades de audición con voz normal. Se manifiestan problemas en la adquisición del lenguaje y la emisión fonética está muy alterada, cada vez más a medida que aumenta la pérdida.

Encontramos dos grados en función de la pérdida:

- 1er grado: 41-55 dB

- 2º grado: 56-70 dB

Hipoacusias Severas o Sordera: No hay comprensión oral, aún con una amplificación del sonido, ni tampoco desarrollo del lenguaje sin atención muy específica y compensación por mecanismos complementarios a la audición. Como consecuencia pueden derivarse dificultades de adaptación social. En el 3er grado (cofosis) es imposible casi cualquier sensación auditiva, lo que influye también negativamente en el desarrollo madurativo-cognitivo del niño.


Grados de la Hipoacusia severa:

- 1er grado: 71-80 dB

- 2º grado: 81-90 dB

- 3er grado (cofosis): 111-120 dB y superior.


II. Según la localización

Hipoacusias de Transmisión o Conductivas: Lesiones localizadas en el oído externo (tapones de cerumen, otitis exteriores, atresias o agenesias del conducto auditivo exterior, infecciones producidas por intrusión de elementos extraños…)

Hipoacusias de Percepción o Neurosensoriales: Lesiones localizadas en el oído interno.

Hipoacusias Mixtas: Son aquellas en las que se asocian una sordera de transmisión y una de percepción.


Prótesis auditivas

En la actualidad las prótesis auditivas más comunes son el clásico audífono, una prótesis exterior que amplifica el sonido, y el implante coclear, un interpretador de señal.

Las prótesis de implantes cocleares son una técnica relativamente reciente en comparación al audífono, ya que lleva utilizándose desde hace unos 10 años. Su uso se reserva a los casos de sorderas severas (imposibilidad de casi cualquier señal auditiva), implantándose mediante una operación complicada y no exenta de riesgos, motivo por el que mucha gente no se decanta por este tipo de prótesis. El implante coclear consta de partes interiores -un pequeño dispositivo con un transformador con un imán y unos electrodos que se introducen en el interior de la cóclea- y exteriores –un micrófono, un microprocesador de lenguaje y un transmisor- que consigue, al cabo de cierto tiempo y entrenamiento, un excelente nivel de audición e inteligibilidad, la capacidad de asignar un significado concreto a los sonidos.

 

 


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Fuentes: Nuria García Pérez, directora del gabinete de logopedia FONEMA (Madrid), Logopeda (Col. 1647)

Fecha de actualización: 26-01-2020

Redacción: Lola García-Amado

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