Niños con enfermedades de adultos

Niños con enfermedades de adultos
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Enfermedades hasta hace unos años nada habituales en niños, como la obesidad, la diabetes, el colesterol… cada vez son más frecuentes en las consultas del pediatra. Una alimentación rica en grasas, el sedentarismo o el estilo de vida que llevamos son algunas de las causas de este preocupante aumento, que está creando generaciones de chicos con una salud peor que la de sus abuelos

La epidemia del siglo XXI

Así califican muchos médicos a la obesidad, una enfermedad cada vez más habitual –tanto en niños como en adultos- y responsable de la mayoría de dolencias que causan la muerte en la vejez, todas ellas relacionadas con las enfermedades cardiovasculares.

Los grandes cambios que se han producido en el estilo de vida en los últimos años han hecho que nuestra alimentación cambie radicalmente. Las madres se han incorporado al mundo laboral y ahora ninguno de los progenitores dedica el tiempo suficiente a la preparación de las comidas. Eso ha hecho que el consumo de platos precocinados (menos sanos y con más grasas) se dispare, mientras que el de verduras o frutas ha disminuido.

Así lo reflejan los datos del Estudio EnKid sobre la alimentación de las familias españolas. Según este informe, el desayuno es la asignatura pendiente de la mayoría de chicos, tanto por la baja calidad como por el elevado porcentaje de niños que acuden a la escuela sin haber consumido nada (8,2%). Además, el consumo medio diario de verduras, cereales y patatas es bajo, así como el de pescado, mientras que el consumo de carne roja y embutidos es alto.

También ha aumentado considerablemente el consumo de sustancias nocivas (e incluso prohibidas), como el tabaco o el alcohol. Así, el 29% de la población de 10 a 24 años fuma diariamente, siendo este hábito más frecuente en las chicas (34%) que en los chicos (29%); mientras que el 13% de los jóvenes de 12 y 13 años, el 40% de los de 14 a 17 años y el 81% de los chicos de 18 a 24 años consume alcohol.

Asimismo, el 50% de la población de 6 a 18 años no cumple con las recomendaciones sobre actividad física saludable, especialmente las chicas, llevando una vida muy sedentaria.

Estos datos confirman el motivo del incremento tan alarmante de población obesa en España, sobre todo en lo que a niños se refiere. Hace 20 años sólo un 3% de los niños españoles tenía sobrepeso, hoy esta cifra se ha multiplicado por tres en el caso de las niñas y por siete en el de los niños. La ganancia de peso empieza en los primeros años de vida. A partir de los 3-4 años se empiezan a diferenciar del peso de otros niños europeos del entorno y empieza a parecerse más a los americanos de Estados Unidos y México. Cuando llegan a los 12 años las diferencias respecto a los europeos son aún más importantes. Si no se ataja, estos niños duplican su riesgo de convertirse en obesos en la edad adulto y en desarrollar problemas como la sarcopenia.

Para Venancio Martínez, pediatra, “la obesidad es un importante problema de salud pública en todos los países desarrollados. La importancia del problema se resume en dos afirmaciones: Primera, a causa de la obesidad, los niños nacidos ahora tendrán por primera vez una esperanza de vida menor que la de sus padres. Segunda, la atención médica de la obesidad y de sus complicaciones va a poner en importante riesgo en pocos años el sistema de prestaciones sanitarias públicas”.

Y es que la obesidad, aparte de los problemas de rechazo y exclusión social que puede causar, provoca en quienes la padecen niveles de colesterol elevados, intolerancia a la glucosa y diabetes tipo II, hipertensión arterial, alteraciones respiratorias y ortopédicas. Sin olvidar que la obesidad infantil es un condicionante mayor de la evolución hacia la obesidad del adulto, y que ésta se relaciona con una expectativa de vida significativamente menor. De hecho, el 90% de las patologías del adulto están relacionadas con el sobrepeso, desde problemas tan graves como el cáncer a otros más banales como el estreñimiento

Diabetes tipo II

Hasta ahora, a este tipo de diabetes se la conocía como “del adulto”, ya que era un tipo de enfermedad que aparecía en las personas maduras, nunca en niños. Sin embargo, pronto habrá que dejar de usar esta denominación, ya que cada día es más frecuente la aparición de este problema en niños.

El propio ministro de Sanidad, Bernat Soria, ha advertido de que la enfermedad se estaba disparando en todas las edades. Y mostraba con preocupación un dato: la diabetes tipo II se está detectando a edades tan tempranas como los 12 años. Los estudios que maneja el Ministerio de Sanidad indican que el 10% de la población infantojuvenil tiene niveles de azúcar en sangre preocupantes.

Aumento del colesterol

En los últimos años, ha aumentado el número de niños con hipercolesterolemia. Se calcula que en España un 20% de escolares está por encima de 200 miligramos por decilitro de sangre de colesterol total, aunque el nivel de colesterol recomendable en la niñez está por debajo de 175 mg/dl de sangre. En parte, este incremento se debe también al sobrepeso, ya que el exceso de grasas en el cuerpo tiende a cumularse en la sangre, pero también existe un número elevado de niños delgados con niveles altos de colesterol.

Y es que los cambios dietéticos del hogar en las últimas décadas han tenido una repercusión tremenda en la salud de la población. Se han sustituido las tostadas y los cereales del desayuno por bollería industrial, los bocadillos de la merienda por más bollos, se han introducido los platos prefabricados y la comida rápida… y la mayoría de estos productos alimenticios contienen importantes cantidades de grasas perjudiciales.

La industria actual consume siete veces más grasas saturadas que en 1986 y ha disminuido considerablemente las poliinsaturadas y monoinsaturadas de origen vegetal, tradicionales en la cocina mediterránea y beneficiosas para el organismo.

¡Cuidado con la sal!

La salud del corazón se fija en la niñez. Todos los problemas que se sufran en esta etapa afectan a las arterias, dando lugar en la madurez a personas con mayor índice de enfermedades cardiovasculares.

Hasta ahora, la hipertensión arterial era cosa de adultos. Sin embargo, ahora es habitual encontrar chicos con la tensión por las nubes. El sobrepeso y el colesterol son algunas de las causas de este incremento, pero también lo es el consumo masivo de sal. Se estima que un 5% de los niños tiene un riesgo elevado de tener la tensión a niveles poco saludables, dato que sube al entrar en la adolescencia.

La sal, además, aumenta la presencia de cálculos renales. Para gran sorpresa de muchos padres, las piedras en el riñón se diagnostican a edades tan tempranas como los 5 o los 6 años. Aunque no existen estudios formales sobre el número de casos, la impresión de los urólogos y nefrólogos es que están aumentando en los pacientes más jóvenes. “Hemos pasado de ver dos casos al año de cálculos renales a una decena”, señala Pedro López Pereira, urólogo del Hospital La Paz, de Madrid.

El exceso de sodio debe excretarse a través de los riñones, pero la sal se une al calcio en su salida, creando una gran concentración de calcio en la orina y en los riñones. Este exceso de sal llega a los niños a través de las chucherías saladas (patatas fritas y demás), las comidas precocinadas, el consumo de productos enriquecidos con calcio y también por el consumo de bebidas isotónicas pensadas para deportistas. Además, la mayoría bebe poca agua, cuando beber agua es la mejor manera de prevenir esta dolencia.

Niños sin vesícula

Otra enfermedad propia de adultos que cada vez es más frecuente en estos pequeños pacientes son los cálculos biliares. La única solución para este problema es la extracción de la vesícula biliar, por lo que el número de niños que vive sin este órgano empieza a aumentar. “El incremento de casos es notable en los últimos diez años y casi siempre optamos por extraer la vesícula porque tarde o temprano nos dará problemas. La calidad de vida de estos niños no se resiente después”, cuenta Francisco Olivares, jefe de Cirugía Pediátrica de La Paz.

En este caso concreto, ni la obesidad ni la mala alimentación son la causa de esta dolencia, sino el aumento de niños prematuros que sobrevive con pocas semanas de vida (en estos momentos, es bastante frecuente que bebés de 25 semanas salgan adelante). Estos pequeños, tan inmaduros cuando nacen, presentan en muchos casos problemas que se detectan a medida que crecen, como los cálculos biliares.

¿Qué hacer?

La respuesta, a tenor de lo visto, parece bastante clara: controlar la alimentación y el estilo de vida de nuestros hijos. Si no queremos que nuestros niños tengan enfermedades propias de “viejos” con tan sólo unos pocos años, ni queremos privarles de una vida larga y saludable, es necesario proporcionarles una dieta sana y variada: frutas, verduras, legumbres y pescado deben ser habituales en su alimentación, y no sólo la bollería, los embutidos y la comida precocinada.

Pero además de preocuparnos por su dieta, debemos inculcarles unos hábitos de vida saludables: ejercicio frecuente, nada de pasarse horas frente a la televisión o la consola, dormir las horas suficientes y evitar, en lo posible, que de mayores fumen y beban alcohol.

Así, evitando las grasas y el sobrepeso, y dándoles las pautas para que cuando sean adultos vivan de la forma más saludable posible, lograremos una generación sana y fuerte.

Fuente: Jornadas EVHAI. ABC.

Redacción: Irene García

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