Niños y situaciones traumáticas

Niños y situaciones traumáticas
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Los niños son con cierta frecuencia testigos o víctimas de acontecimientos y situaciones traumáticas que suponen para ellos un fuerte impacto emocional. Ante sucesos trágicos como puede ser la muerte de un familiar, especialmente si se trata de alguien tan cercano como sus padres o hermanos, los adultos, muchas veces no saben cómo, cuándo o quién debe explicar lo ocurrido a los niños.

Ante todo debemos decirle la verdad, en un tono tranquilo y sereno, ofreciéndole siempre nuestro apoyo emocional incondicional. Juan Pedro Valencia, psicólogo especializado en problemas de ansiedad, miedos y desarrollo infantil, lo define así: “Es fundamental transmitir la información de manera clara y todo lo honestamente posible, adaptándola a la edad del niño y su nivel de comprensión; admitir que quizá no se conozcan algunas de las respuestas a sus preguntas e interesarse por saber lo que piensa y sabe acerca de lo ocurrido, preparándole para los posibles cambios en sus rutinas así como animarle a que transmita en todo momento lo que siente”.

 

Generalmente, hasta los 3 años los niños necesitan una explicación de los hechos que les trasmita seguridad y tranquilidad; ya que los preescolares pueden incluso llegar a personalizar la muerte hasta el punto de creer que son ellos los causantes de la misma como una especie de castigo por su mal comportamiento. Así es imprescindible explicarle bien lo ocurrido, responder siempre a sus preguntas - tantas veces como sea necesario- que nos orientarán sobre la información que quiere tener y separar la experiencia del niño a lo ocurrido.

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Imma Marín, pedagoga y directora de Marinva

Imma Marín, pedagoga y directora de Marinva

Tras una larga trayectoria profesional, la pedagoga Imma Marín ha llegado al puesto de Directora de MARINVA, juego y educación, una consultora pedagógica especializada en educación y comunicación a través del juego. Compatibiliza este trabajo con su labor como representante de IPA en España (Asociación Internacional por el derecho de niños y niñas a jugar) y como asesora pedagógica de la Fundación Crecer Jugando. Experta en juegos, juguetes, infancia y nuevas tecnologías y educación en el tiempo de ocio, nos da las claves para acertar con los juguetes ahora que se acercan las Navidades
“Los niños cuando juegan se manifiestan libres y espontáneos, lo que nos permite conocerlos de una manera transparente”

 

Natalia Sastre, psicóloga y directora del Gabinete Sastre Reyes, añade que debemos aclarar al  niño que el concepto de la muerte es irreversible: “Hay que hacerle ver que la muerte no es como quedarse dormido y que no ocurre simplemente por estar enfermo, porque todo ello podría llevarle a confusión, provocándole situaciones de ansiedad al creer que cualquier persona de su entorno –o él mismo- al enfermar puede morir, o que tema quedarse dormido y no despertar, etc. Hay que aclararle que las personas que mueren no van a volver –en los dibujos animados ven como los personajes “mueren” y “reviven”, tienen 4 vidas, etc.- para evitar que el pequeño guarde la esperanza de que aparezca o regrese y que, al no ocurrir, busque explicaciones irreales o se culpe por ello. El pensamiento mágico y egocéntrico de los niños más pequeños hace que muchas veces intenten dar explicación al suceso con algo que ellos hicieron”.

 

Respecto a cómo comunicarle este tipo de acontecimientos, es importante destacar que con naturalidad –sin discursos solemnes ni dramáticos- y poco a poco. Por ejemplo, las noticias más graves se pueden fraccionar: comentarle primero que ha habido un accidente con heridos y un par de días después que éstas han fallecido. Y sobre todo, intentar que el niño se sienta apoyado y querido mientras le explicamos lo ocurrido; con una abrazo, una caricia o simplemente cogiéndole la mano pero, de forma natural y espontánea.


 

Reacciones y respuestas más comunes

 

Es evidente que hay grandes diferencias en cuanto a las reacciones de los niños en función de su edad, su personalidad, las experiencias vividas, etc., así Natalia Sastre afirma que éstas pueden ir desde la tristeza, irritabilidad, rabia, cambios de humor, pesadillas, falta de apetito o de sueño, apatía, pesadillas, descenso temporal del rendimiento escolar a juegos violentos o relacionados con la muerte. “Todo esto, de forma temporal, no es más que el resultado del dolor, del duelo natural que cada niño exterioriza y expresa según los sentimientos que la muerte, por ejemplo de un ser querido, le provoca”.

 

Podríamos afirmar que, a grandes rasgos y en función de las edades, se dan comúnmente, las siguientes reacciones:

 

1. Hasta los 2 ó 3 años, los niños tienen una idea de la muerte relacionada directamente con su percepción del mundo y sus objetos –señala Juan Pedro- es decir, aquello que no ven, no existe. Sin entender claramente lo que ocurre más allá de su necesidad de apego y de sentirse seguros. Así, son comunes reacciones como rabietas, conductas regresivas, llantos, etc.

 

2. Hasta los 6 ó 7 años, muchos niños reaccionan sin la respuesta que esperaríamos los adultos; por ejemplo son habituales comentarios que nos pueden parecer egoístas como “¿me puedo ir a jugar ya?” o “¿y quién me ayuda ahora a mí con los deberes?”.

 

3. Los mayores de 7 años perciben la realidad de manera más clara y suelen manifestar un gran interés por lo que pasa después de la muerte e incluso llegan a otorgarle existencia propia, situándola especialmente en los cementerios. Ahora las reacciones pueden incluir problemas escolares, falta de concentración, miedo a estar solos e incluso quejas físicas en forma de dolores corporales.


 

¿Debemos dejar que acuda a actos tipo funerales, velatorios, entierros, etc.?

 

Juan Pedro Valencia, opina lo siguiente “Si el niño es mayor de 4 años puede contemplarse la posibilidad de que sea él quien decida si quiere asistir o no, teniendo especial cuidado en explicarle previamente qué se va a encontrar, el motivo de estos actos e, igualmente, avisarle de que puede encontrarse con personas que estén tranquilas pero, muchas otras, estarán llorando y todas tristes. Ello le va a servir para que manifieste sus emociones y vea que el dolor se comparte; reafirmando así su valor como miembro de la familia, aunque puede que en lugar de sentir o interpretar como apoyo y consuelo esa participación piense que no puede soportarlo y prefiera no acudir. Puede ser conveniente que esté presente en las muestras de condolencia posteriores al fallecimiento o entierro pero nunca de manera obligada, aunque sin que esperemos que su comportamiento sea todo lo correcto que reclama la ocasión.”


 

El apoyo de la familia: afecto y comprensión

 

“En general podemos ayudarles –dice la directora del Gabinete Sastre Reyes- explicándoles todo aquello a lo que podamos dar respuesta y ante preguntas como “¿por qué se ha muerto?” ser sinceros y reconocer que nosotros tampoco lo sabemos. Nuestro papel es, a la vez, muy sencillo y muy complicado: estar a su lado para explicar, compartir y comprender su pena y la falta que están viviendo como nosotros. Tenemos que hacerles sentir que no están solos en esto. Además, podemos informar a su centro escolar para que tengan en cuenta que puede actuar de manera diferente durante un tiempo así como que su atención y rendimiento pueden verse deteriorados, y a su vez estaremos, tanto el centro como nosotros, informados del estado del niño.”

 

También es muy positivo mantener las rutinas de la vida del niño en todo lo que sea posible -destaca Juan Pedro-  respetando que en ciertos momentos quiera estar solo y animándole a que exprese sus sentimientos. Pero, sobre todo, proporcionándole afecto y seguridad constante.

 

Sin embargo, si los síntomas y las reacciones que hemos citado anteriormente se prolongan en el tiempo y después de uno o dos meses el niño no mejora, convendrá pedir la ayuda de un especialista para superar este tipo de situaciones traumáticas en la infancia.


 


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Fuentes: Natalia Sastre Reyes, psicóloga y directora del Gabinete Sastre Reyes – Juan Pedro Valencia, psicólogo especializado en miedos, problemas de conducta, desarrollo infantil y Escuela de Padres.

Fecha de actualización: 28-03-2006

Redacción: Lola García-Amado

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