El niño, ¿sabe expresar sus emociones?

El niño, ¿sabe expresar sus emociones?
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- ¡Buenas tardes! ¿Cómo te llamas?
- Me llamo Daniel.
- ¿Cómo estás Daniel?
- Bueno...
- Daniel, ¿cuál crees que es la razón por la que tus papás quieren que vengas al psicólogo?
- Porque dicen que me enfado sin motivo.
- Muy bien Daniel, ¿crees que tienen razón?
- No lo sé. Me enfado porque me gritan...

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El ser humano es un ser social. Independientemente de lo introvertidos o extrovertidos, animales sociales o solitarios que seamos, contar con una red de apoyo a nuestro alrededor siempre es necesario, pero se hace especialmente útil en periodos complejos.

Este sería un ejemplo de una conversación con un paciente de unos siete años de edad. El niño no conoce por qué viene a la consulta y, en consecuencia, no conoce la realidad de su conflicto.

Antes de comenzar, sería de gran ayuda conocer brevemente cómo funciona el sistema emocional infantil.

Entendiendo que el sistema emocional es el conjunto de estructuras que componen el procesamiento de nuestras emociones, no podemos dejar pasar el núcleo clave de este procesamiento: ¡la amígdala! No os preocupéis, no tiene nada que ver con nuestra garganta. La amígdala o núcleo amigdalino forma parte del sistema límbico y es el centro especializado en los procesos de aprendizaje y en las reacciones emocionales. Tal es su poder que, si en algún momento existiera una conexión neuronal defectuosa entre ella y el resto del cerebro, acabaríamos mostrando comportamientos emocionales totalmente erróneos, lo que se conocería como ceguera emocional.

La amígdala está regida por la otra localización cerebral que presenta una gran relevancia, el neocórtex.

Goleman introdujo una diferenciación revolucionaria, separó fisiológicamente el cerebro emocional (amígdala) del cerebro racional (neocórtex), demostrando que el cerebro racional tenía el poder de manipulación sobre el cerebro emocional. Un director de orquesta sigiloso pero muy influyente, que hace que recapacitemos sobre qué tipo de emoción queremos mostrar en cada momento. Pero como toda regla tiene una excepción, nuestro amigo Goleman estipuló que esto no es siempre así, existen ocasiones donde la amígdala actúa de manera totalmente autónoma, como sería el caso del ataque de risa o la alegría intensa, hechos conocidos como secuestros emocionales.

Después de esta breve introducción sobre el origen de las emociones, nos centraremos en cómo las expresan los niños. Al hablar de emoción, debemos tener en cuenta que las emociones poseen un objetivo social, de supervivencia. Si, por ejemplo, no sintiéramos la emoción de asco, no habría una clave lo suficientemente importante para indicar que un alimento se encuentra en mal estado, lo que nos pondría en alto riesgo de sufrir una enfermedad.

Los niños no nacen conociendo cómo deben expresarse y, lo más importante, no nacen sabiendo cómo comunicar. De hecho, los conceptos emoción y comunicación deben ir siempre de la mano. Nos resultaría extraño pensar que un niño sufre estrés, ansiedad o depresión, pero esto no es así, las puede padecer, el problema radica en que cuando se dan, no sabe cómo comunicarlas y como consecuencia, no resuelve su conflicto interno.

Este sentimiento genera fundamentalmente frustración, puesto que el niño inocula sus emociones, hecho que le provoca una gran confusión y malestar.

Si nos remitimos al diálogo inicial, el niño decía que se enfadaba porque le gritaban... Por un lado muestra que no está de acuerdo con la conclusión de sus padres y por otro, que se siente enfadado porque no muestra sus verdaderos sentimientos.

Ante esta tesitura, diremos que los niños necesitan aprender cómo comunicar. Queda en la labor de los padres, educadores y psicólogos, enseñar a los niños la importancia de que siempre expliquen con sus palabras o acciones qué es lo que sienten. Enseñarles a ver las emociones de los demás es allanarles el camino para comprender sus propias emociones, aprendiendo a diferenciar entre los sentimientos que les hacen sufrir de los que no.

La escritura puede ser un buen método de comunicación para los niños que tengan algún déficit de expresión, les permitirá contar a través de un papel lo que sienten, sin tenerse que enfrentar directamente al tú a tú. La escritura es un medio sencillo e indirecto con muchísimo potencial, ya que evita situaciones de comunicación directa, más complicadas y dolorosas.

Por la tanto, concluiremos que el mejor camino para una buena salud mental infantil es dirigirles a una infancia expresiva, en la que la comunicación con la familia sea la piedra angular de su educación.

Redacción: Santiago Pérez Hernández. Psicólogo. A-1970. santiagoperezhernandez.jimdo.com


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Fecha de actualización: 24-04-2012

Redacción: Irene García

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