Castigar a un niño ¿Sí o no?

Castigar a un niño ¿Sí o no?
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En los últimos años hemos visto cómo el debate sobre los castigos a los niños ha aflorado. ¿Son eficaces? ¿Son contraproducentes? ¿Existe el castigo educativo?

En Psicología recibe el nombre de condicionamiento operante o instrumental. Para resumirlo, defiende que la conducta es algo que vamos aprendiendo por ensayo y error y que, en este sentido, una conducta que sea premiada será probablemente repetida y adoptada, mientras que una conducta castigada tenderá a ser evitada.

 

Durante años, muchas corrientes educativas se han basado en esto para defender el sistema de recompensas y castigos como forma de aprendizaje. 

 

Es obvio que es una técnica de educación popular. ¿Quién no ha sido castigado al hacer algo “mal”? No obstante, tiene algunos matices que muchos cuestionan.

 

Por un lado, una de las principales críticas al sistema de educación basado en el castigo es que se basa en enseñar a través de la culpabilidad, a través de lo negativo y los errores. Por otro lado, está el debate sobre la naturaleza de los castigos, a veces en el límite de la humillación o la vejación.

 

Consecuencia a sus acciones no es sinónimo de castigo

Cómo castigar a un niño... y a un bebé

Cómo castigar a un niño... y a un bebé

Hablar de reglas y de límites, incluso imponerlos, no parece complicado. Lo difícil es conseguir que los niños cumplan esas reglas y respeten los límites. Parece simple determinar que la hora de acostarse son las 9. Y que después se lee un cuento, se da un beso y se apaga la luz. Lo arduo es hacer que esta, en principio, sencilla regla sea cumplida noche tras noche, sin intentos –cada vez más sofisticados- de estirar de la cuerda. Primero será un “déjame un poquito más”, después, si no funciona esta estrategia, declarará la guerra sin pensarlo: “no me voy a la cama porque no quiero”. Una noche en particular puede ser más fácil –y menos agotador- ceder a sus tácticas; se evitan lloros, gritos y rabietas, pero has de saber que esta aparente sencillez, es sólo un espejismo
 

 

Los niños necesitan límites y alguien que les guíe, de eso no cabe duda. Cuestionar el castigo como forma de educación -sobre todo cuando esta se basa casi exclusivamente en él- no implica defender que las acciones negativas para el aprendizaje de los niños queden sin consecuencia.

 

Hay formas alternativas a los castigos

 

O más bien, hay otros pasos a los que puedes recurrir antes de llegar al castigo. La responsabilidad es una de las principales cualidades que los padres queremos transmitir a nuestros hijos: que sean responsables con sus horarios, sus acciones, sus pertenencias… y no aprenderá mucha si nosotros le coartamos cada error o acción negativa que comete.

 

Intenta avisarle antes de que incumpla la norma. Si, por ejemplo, ves que está con el ordenador y no se pone a hacer los deberes, avísale de que tiene permiso para estar media hora. Cuando se vaya acercando el momento, recuérdaselo. Probablemente no le gustará, pero le hará tenerlo más presente. ¿Que le mandaste hacer una tarea de la casa que no ha hecho? Sé creativ@, mándale compensar esa tarea con otra, como hacer una cena rica para todos, e intentad tomarlo con humor.

 

Estos son solo unos ejemplos de cómo puedes actuar para intentar promover una acción positiva: en este caso, combinar ocio y deberes o ser responsable.

 

Puede que, con todo, intente poner a prueba esos límites y decida estirarlos. Evita la amenaza, rehúye que base su obediencia en el miedo o en establecer una especie de balanza en la que decida si le merece la pena o no obedecer o cumplir el castigo. De nuevo, puedes darle un aviso y un límite para que obedezca. Y si no lo hace…

 

Un castigo constructivo

 

Por supuesto, esto no quiere decir que el castigo deba desestimarse por completo. En ciertas ocasiones, cuando tu hijo se ha pasado de la raya de una manera más o menos consciente, puedes recurrir al castigo como forma de enseñarle una consecuencia negativa que le haga reflexionar. Y es que ese es el matiz: el castigo, de ser, debe ser constructivo, orientado a que tu hijo piense en lo que ha hecho y por qué está mal, en lugar de basarlo en la culpa. No se trata de condenar, sino de motivar o dar una lección que implique una reflexión.

 

Por eso, no te limites a dejar a tu hijo sin consola, o a no dejarle salir con sus amigos. En lugar de eso, habla con él, hazle razonar, hablad sobre sus acciones y por qué no debe repetirlas. Y cuando levantes el castigo, hazle saber que confías en su capacidad de poder obedecer. El objetivo siempre es motivar, no limitarse a castigar.

 


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