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¿Tu hijo no para de hacer el tonto?

¿Tu hijo no para de hacer el tonto?

Ladrar como un perro, imitar a un cantante famoso, bailar por toda la casa… a partir de los 4 años, el desarrollo social y emocional del niño hace que constantemente quiera divertirse y hacer reír a los demás, aunque no siempre elegirá el mejor momento para hacernos partícipes de sus payasadas

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Indice

 

Llamando la atención

A partir de esta edad, notarás que tu niño no para ni un segundo de hacer el tonto: baila, canta, corre, imita a la gente, interrumpe las conversaciones… Es capaz de reptar por el suelo, comportarse como un gorila o hablar como un bebé con tal de hacernos reír y llamar nuestra atención.

La mayoría de las veces su comportamiento te hará gracia, pero en ocasiones, sobre todo si estáis en un lugar poco apropiado para las bromas y los chistes, te hará sentir vergüenza y te enfadará.

Aunque esta actitud es muy normal en los niños de esta edad y forma parte de su desarrollo, deberás ponerle ciertos límites y hacerle ver que no siempre es un buen momento para subirse al sofá y cantar a voz en grito.


¿Por qué es tan payaso?

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Durante los primeros meses de vida de un bebé es muy importante controlar su crecimiento y una de las mayores preocupaciones que afecta a los padres es saber si su hijo está subiendo adecuadamente de peso. En la mayoría de los casos el desarrollo del bebé es el correcto, además hay que tener en cuenta que influyen varios factores en su crecimiento. Muchos progenitores se toman las revisiones del pediatra como una prueba que hay que superar y no tienen en cuenta que los niños tienen su propio ritmo de crecimiento.

Y tambien:

Su desarrollo social ha avanzado muchísimo y ya empieza a jugar con otros niños y a formar pandillas. Comparten secretos, inventan gamberradas y bromas, se les ocurren ideas extravagantes que solos no se atreverían a llevar a cabo… El grupo fomenta su lado más payaso, se animan unos a otros.

Además, quiere llamar la atención de sus padres constantemente. Se da cuenta de que, al ser más independiente y autónomo, los adultos no están todo el rato pendiente de él, le dejan más libertad. Pero él aún no está preparado para abandonar la etapa de bebé, está a medio camino entre el niño pequeño y el niño grande y no sabe cómo comportarse. Con sus tonterías nos está diciendo que aún quiere ser despreocupado y pensar simplemente en jugar. Esta sensación se acentúa si tiene hermanos pequeños: los celos pueden provocar una pequeña regresión y que el niño se comporte como un bebé o haga más el tonto para captar nuestra atención en detrimento de su hermanito.

La presencia de "espectadores" es su mejor aliciente, y tratará de lucirse cuando no sepa cómo comportarse: cuando haya invitados, estemos de visita o en un sitio en el que haya que guardar las formas (una ceremonia, por ejemplo).

Además, quiere destacar, divertirse, ser útil, que se hable de él y que se le preste atención. El problema es que no siempre elige el mejor momento y muchas veces interrumpe continuamente las conversaciones de los adultos.


¿Cómo cortar las bromas del niño?

Aunque es cierto que debes ponerle límites y enseñarle que hay situaciones en las que no debe dar rienda suelta a sus locuras, tampoco debes prohibirle totalmente que haga el tonto. Al fin y al cabo, es un niño, y esa es su manera de expresarse y de desarrollar su personalidad.

Cuando le regañes por ladrar como un perro en medio de un restaurante lleno de gente, hazle ver que no se puede hacer eso en un sitio así, pero a la vez, alábale por lo bien que imita a un perro y dile que podrá seguir jugando en casa cuando lleguéis.

Enséñale dónde están los límites, no sólo a la hora de elegir el momento y el lugar, sino también a la hora de permitir sus payasadas, ya que seguro que muchas de sus ideas pueden resultar peligrosas.

Incúlcale respeto por los demás; algunas de sus bromas o imitaciones pueden ser de mal gusto o herir a alguien. Nunca consientas esas actitudes.

Busca un término medio entre ignorarle y hacerle caso todo el rato. Si pasas de él, sólo conseguirás que se esfuerce cada vez más para llamar tu atención. Pero tampoco hay que reírle las gracias todo el día. Intenta ser sincero: si no te hace gracia una broma, no hace falta que te rías, pero tampoco hay que mirarle con mala cara. Si cada vez que hace una tontería se encuentra con caras de disgusto y desaprobación, se sentirá rechazado. Piensa que todas estas ocurrencias son una muestra de que es un niño alegre y feliz.


Fuente: Juan Pedro Valencia, psicólogo. 

Fecha de actualización: 26-05-2020

Redacción: Irene García

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