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Biocosmética ¿beneficios o moda?

Biocosmética ¿beneficios o moda?

En los últimos años ha surgido un movimiento ecológico que apuesta por crear productos naturales y respetuosos con el medio ambiente: la comida, los envases, la energía, los transportes… y ahora, la cosmética. Pero la mayoría de los que están pensando en consumir este tipo de artículos tiene una duda: ¿son igual de eficaces?

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Una industria en auge

Cada vez se están haciendo más populares los productos naturales y, de hecho, la conciencia ecológica y el respeto al medio ambiente han llegado también a la industria cosmética. Según un estudio de Sanoflore, el mercado de la cosmética natural en España creció un 44,7% en los últimos años. La marcha europea de estos artículos crece cada año un 20%.

Según una encuesta del Centro de Investigación sobre Fitoterapia (INFITO), realizada a 540 mujeres de toda España, el 73% de las encuestadas es más favorable a los cosméticos con ingredientes naturales que a los de procedencia química o sintética. Sobre todo entre las de 35 y 44 años, residentes en el Sur y en Levante.

El 82% de las encuestadas manifiesta que cambiaría su cosmético actual por uno con componentes basados en plantas de cultivo biológico. Además, suelen ser de clase alta y media-alta, residentes en el Sur (67%), en Levante (66%) y en Barcelona (69%).

Una encuesta similar realizada en junio del año pasado en Francia mostraba que sólo el 54% de las mujeres del país vecino prefería un cosmético natural a uno químico y un 43% se mostraba dispuesto a cambiar el suyo.

Más de la mitad de las mujeres (el 56%) dice leer la composición de los cosméticos que compra y observa sus ingredientes principales, siendo las mujeres con edades entre 45 y 54 años las que más lo hacen. Este interés es superior al de las francesas ya que sólo el 31 por ciento de éstas confesó interesarse por la composición de los cosméticos.
 

 

Beneficios de la cosmética bio

Sus ingredientes de origen natural prometen la misma eficacia que las fórmulas tradicionales pero con varios extras: mayor tolerancia cutánea, mejores resultados y más respeto por la piel. Y si tenemos en cuenta que la piel absorbe el 6% de los productos que se le aplican, un total de 2 kg de sustancias químicas al año, merece la pena asegurarse de que la crema que usamos será lo mejor posible.

Para Sanoflore, laboratorios especializados en cosmética bio, sus ventajas son “la eficacia gracias al poder de los aceites esenciales, auténticos concentrados de naturaleza; además, una experiencia sensorial fuente de bienestar gracias al poder de los aromas naturales; y por último, una garantía de seguridad y ética. Sanoflore ofrece productos con perfumes 100% naturales, sin paraben, sin fenoxietanoles, sin siliconas y testadas dermatológicamente”.

En estos cosméticos se priman los aceites vegetales biológicos, las aguas florales o las ceras vegetales. Un cosmético bio puede tener hasta un 30% de principios activos, mientras que la mayoría de los clásicos no contienen más del 1%. Sus aditivos también se limitan y controlan estrictamente. Se excluyen los colorantes, perfumes y aceites sintéticos; los aceites minerales derivados de la industria petroquímica; las sales de aluminio, etc. Son fórmulas no testadas sobre animales y su embalaje es 100% reciclado.

Pero también presentan un inconveniente: tienen una caducidad más corta al no llevar conservantes. Para conservar los polvos no hay ningún problema, ya que hace falta al menos un 10% de agua para que las bacterias proliferen. Los aceites y los tónicos pueden igualmente mantenerse de forma autónoma si poseen ciertos activos antioxidantes. Pero las cremas, las leches y algunos serums, son otra historia. Para poder conservarlos abiertos más de un mes en un cuarto de baño, con la humedad que allí se encuentra, son indispensables los conservantes. Las soluciones para evitarlos existen (sistemas sin aire, aceites esenciales, alcohol bencílico) pero son más caras que los conservantes químicos, por lo que muchas marcas se resisten a usarlas.

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¿Son tan eficaces como los tradicionales?

La diferencia entre un producto bio y uno convencional depende de la calidad y cantidad de los ingredientes, así como de su proceso de fabricación. La perfección de un artículo de belleza se encuentra en primer lugar en las materias primas de la emulsión, es decir, en los excipientes que constituyen hasta el 80% del producto.

Los detractores afirman que en ellos se prohíben ciertas transformaciones químicas, que se privan de ingredientes concentrados y, por lo tanto, pierden efectividad. Aunque es cierto que los cosméticos bio utilizan ingredientes en crudo y una química más suave, para sus defensores, esto es justamente una ventaja.

Desde Sanflore, opinan que la base para confiar en ellos es comprobar si cuentan con todos los sellos que certifican la seguridad y origen biológico de sus componentes: COSMEBIO, ECOCERT… Además, “al basarse en la aromaterapia, no sólo cuida nuestra piel, también influye en nuestro estado de ánimo”. “En la cosmética bio de Sanoflore –añaden- se sustituye el agua de los cosméticos tradicionales por aguas florales. Por tanto, sus ingredientes son activos al 100% y cada uno tiene una función”.

Para contrarrestar la desconfianza a los bio, algunas marcas han pasado a la ofensiva y pretenden probar, gracias a los estudios científicos, la eficacia de sus productos. Por el momento, como estos estudios han sido contratados por las propias marcas productoras de artículos naturales, su valía queda en entredicho hasta que sean contrastados.

La farmacognosia

La farmacognosia es una ciencia multidisciplinar en la que el objetivo principal es el descubrimiento de nuevos medicamentos de origen natural,  el control de la calidad, la eficacia y seguridad de los fitomedicamentos y de otros productos para la salud (complementos alimenticios, fitocosméticos, etc.).

La diversidad de organismos vivos (muy pocos han sido objeto de investigaciones) constituye una verdadera ventaja sobre la química combinatoria de síntesis. Las moléculas naturales son fruto de una co-evolución de muchos años y se caracterizan por tal complejidad que los químicos no siempre las pueden reproducir.

Gracias a las técnicas de separación e identificación estructural y la pericia de los expertos en biosíntesis de sustancias naturales, la farmacognosia participa en el desarrollo de productos innovadores.

Actualmente sólo 100.000 sustancias naturales están identificadas, lo que representa menos del 1% de todas las estructuras químicas conocidas. Menos del 0,5/1000 de los insectos han sido estudiados por el plan farmacoquímico, y menos del 10% de las bacterias y del 5% de los hongos existentes han sido identificados. De la misma manera, los organismos marinos (algas, microorganismos, etc.) no han podido ser estudiados, en ocasiones porque no existen estructuras terrestres similares conocidas hasta el día de hoy.
 

 

Legislación y regulación

Parte de la desconfianza hacia estos cosméticos deriva de su falta de regulación. La propia Unión Europea ya es consciente de este problema y a través del Comité de Salud Pública del Consejo de Europa publicó una nota informativa a los consumidores sobre cosméticos naturales en la que apuntaba: “En el mercado europeo encontramos numerosos cosméticos calificados como naturales aunque frecuentemente contienen ingredientes que no son naturales. La utilización de la expresión “cosmético natural” difiere de un país a otro y pasa lo mismo en lo que se refiere a las directrices aplicables a la fabricación, la comercialización y el etiquetado. Es necesario poner a punto una definición uniforme y establecer principios directores para los cosméticos naturales en Europa”.

La respuesta de las empresas más consolidadas y prestigiosas de la cosmética natural ha sido agruparse y trabajar con organismos de control ya existentes y dedicados a la certificación de productos ecológicos o biológicos para establecer unas normas y un sistema de control específico para los productos cosméticos.

Actualmente hay cinco organismos que certifican cosmética elaborada a partir de ingredientes de cultivo ecológico: Soil Association en Inglaterra, Ecocert y Qualité France en Francia, la asociación BDIH en Alemania y la asociación Demeter, que ha creado a nivel mundial una red de organizaciones de certificación y lleva años certificando productos cosméticos elaborados con ingredientes procedentes de la agricultura biodinámica.

Ecocert es la principal entidad certificadora en Francia y posee numerosas sucursales en diferentes países del mundo. Su incorporación a la certificación de productos cosméticos también es reciente y ha sido por la demanda de los profesionales del sector y conjuntamente con ellos como han desarrollado dos tipos de avales: “Cosmética eco” y “Cosmética bio” que se diferencian en función del origen de los ingredientes. Exigen para la categoría de “Cosmético bio” que sea de origen ecológico al menos un 10% del total de ingredientes y el 95% de los ingredientes de origen vegetal; para la categoría “Cosmético eco” las proporciones de ingredientes ecológicos bajan al 5% del total de ingredientes y al 50% los de origen vegetal.

En nuestro país no existe todavía ningún organismo que certifique productos cosméticos biológicos o ecológicos. La Asociación Vida Sana otorga su aval de “Producto Recomendado” a cosméticos a partir de una normativa que sólo permite el uso de ingredientes naturales o derivados de ingredientes naturales, sin exigir que sean biológicos o ecológicos certificados, ya que, actualmente, ni los fabricantes españoles ni el consumidor están suficientemente preparados para abordar el esfuerzo que esto supone. De momento, el consumidor español que quiera productos cosméticos ecológicos certificados tendrá que comprar los que fabrican en otros países.

Algunos laboratorios, como Pierre Fabre, han creado su propio sello de garantía. La Phytofilière de esta marca son unas estrictas normas que cubren el primer nivel de calidad requerido para la fabricación de fitomedicamentos aplicada a la dermocosmética.

Resulta de una cadena de calidad que permite controlar desde el cultivo de la planta hasta el producto final. Los extractos de las plantas son seleccionados por la acción científicamente probada de sus principios activos. De esta manera se asegura una eficacia óptima y constante. Los Laboratorios Klorane buscan los mejores lugares donde cultivar las plantas. Lugares autóctonos, fuera de toda contaminación ambiental y, por su puesto, sin el empleo de insecticidas. Y se realizan controles en todas y cada una de las partes del proceso de fabricación: desde su cultivo y recolección, pasando por la pureza de los extractos, hasta llegar al producto final.

 


Fuente: Centro de Investigación sobre Fitoterapia (INFITO). Ecocert. Asociación Vida Sana. Laboratorios Sanoflore. Laboratorios Klorane.

Fecha de actualización: 02-07-2020

Redacción:

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