El yodo, alimento para el cerebro

El yodo, alimento para el cerebro
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Quince días después de la concepción las células nerviosas empiezan a formar el órgano más complejo del ser humano, el cerebro. El desarrollo de éste dependerá en gran medida de la alimentación de la madre, motivo por el cual, si no le proporciona suficientes nutrientes, el feto los sustituirá por otros que pueden ejercer efectos negativos sobre su sistema nervioso.

El desarrollo del cerebro depende, entre otros, del suministro materno de la hormona tiroidea, en cuya síntesis interviene el yodo. De ahí la crucial importancia de este micronutriente esencial en el menú diario de toda embarazada.

En países como España, por hábitos de consumo y por motivos geológicos, la población presenta un déficit moderado de yodo que, en el caso de las embarazadas, resulta especialmente preocupante, ya que en ellas cualquier carencia de este mineral puede perjudicar al niño.

Una alimentación pobre en este mineral puede acarrear enfermedades tiroideas en las madres, puede suponer asimismo el riesgo de que el bebé nazca con hipotiroidismo y causar lesiones cerebrales en el niño durante el embarazo y la lactancia.

Sin embargo como la dieta normal no puede garantizar que la embarazada ingiera los 250 microgramos de yodo que necesita a diario y el consumo de sal yodada no es suficiente en el caso de las embarazadas, los expertos apuestan, como recomienda también la Estrategia NAOS del Ministerio de Sanidad, que estas mujeres, siempre que lo recomiende el médico, tomen un fármaco diario con 200 microgramos de yodo.

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¿Por qué se abandona la lactancia materna?

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La lactancia materna es de vital importancia para el desarrollo saludable del recién nacido. Sin embargo, a pesar de que muchos países apoyan la recomendación de la OMS de que los niños deben alimentarse exclusivamente con leche materna hasta los seis meses de vida, diferentes estudios demuestran que actualmente, tanto en países desarrollados como subdesarrollados, las tasas no son todo lo buenas que debieran.

Su administración debería empezar en el momento en el que la mujer planee tener un hijo, ya que el cerebro fetal se desarrolla en las primeras semanas de gestación, prolongándose la  toma del suplemento durante todo el embarazo y la lactancia.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de que la carencia de yodo en el organismo es "la principal causa mundial más frecuente –y evitable- de retraso mental y parálisis cerebral, además de ocasionar otro tipo de alteraciones en su desarrollo físico y mental”, afirman.

La futura madre debe disponer de la cantidad recomendada durante todo su embarazo y si la ingesta comienza antes de éste, tanto mejor.

Por lo tanto es primordial tener buenas reservas de yodo antes de concebir. Esto permitirá que, especialmente durante el primer trimestre de embarazo, lleguen al feto las hormonas yodadas de la madre en las cantidades requeridas para la formación y maduración de los tejidos. Sucede lo mismo durante el periodo de lactancia, ya que el yodo que la madre elimina a través de la leche es la única forma de que el bebé reciba esta sustancia.

La Sociedad Española de Endocrinología ha comprobado que los niveles de yodo en las gestantes españolas están muy por debajo de los recomendados por la OMS. Son muchas las mujeres embarazadas que no alcanzan los niveles necesarios para que el feto se desarrolle con normalidad. Según el Instituto de Investigaciones Biomédicas del CSIC “en zonas españolas con déficit de yodo hay un 35% más de niños con un coeficiente intelectual menor de 100".


Necesidades recomendadas

En las distintas etapas de la vida los requerimientos de yodo varían. Desde el nacimiento hasta los 12 meses las necesidades mínimas son de 50 microgramos; de 90 µg al día entre 1 y 6 años y de 120 a 150 µg diarios en la adolescencia y la edad adulta. Para una mujer también es necesaria la cantidad de 150 µg diarios. Cantidad que aumenta en el caso de la mujer gestante, cuya dosis ha de ser de entre 250 y 300 µg diarios, la misma que requiere una madre que esté dando el pecho.

Para obtener la dosis diaria de yodo recomendada, una embarazada necesitaría tomar 5 g diarios de sal yodada o 300 g diarios de marisco o 500 g diarios de pescado o tres litros diarios de leche de vaca o seis kilos diarios de lechuga.

Como estas cantidades son difíciles o imposibles de mantener, siempre que lo recomiende el médico debe suplementarse la dieta con productos farmacológicos.

En cualquier caso procura tomar cuatro veces por semana pescados marinos (no de río ni de piscifactoría), y utilizar sal yodada en lugar de sal común o marina. Además de los pescados y mariscos, las algas y las verduras cultivadas cerca del mar son excelentes fuentes de yodo.

 


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Fuentes: Ministerio De Sanidad y Consumo. Europa Press. Instituto de Investigaciones Biomédicas del CSIC

Redacción: Irene García

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