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Mamá tengo mocos

Mamá tengo mocos

La congestión nasal es muy frecuente en los niños y, aunque las mucosidades no representan ningún riesgo para su salud (al contrario, ayudan a combatir las infecciones), en ocasiones son tan abundantes que el pequeño no puede respirar, dormir ni comer tranquilo. Propiciar un ambiente húmedo mediante la utilización de humidificadores, mantener una ingesta de líquidos adecuada y una dieta baja en lácteos ayuda a reducir los mocos

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Indice

 

¿Por qué aparecen los mocos?

Las enfermedades más habituales en los niños son los resfriados o infecciones de las vías respiratorias superiores, principalmente nariz y garganta. Y uno de los síntomas más frecuentes de estas patologías es el aumento de la mucosidad.

Al comienzo, cuando el virus del resfriado infecta la nariz y los senos paranasales, la nariz empieza a producir mucho moco claro. Este moco ayuda a eliminar el virus. Después de dos o tres días, a medida que el cuerpo combate la infección, el moco cambia a un color blanco o amarillo. Y una vez que las bacterias que viven normalmente en la nariz vuelven a crecer, se torna de un color verdoso.

Sin embargo, no es necesario estar enfermo para que aumenten los mocos, ya que éstos son un eficaz mecanismo de defensa contra virus y bacterias, pero dificultan mucho la respiración y ocasionan molestias, especialmente a los más pequeños, que no pueden expulsarlos solos. A menudo son tan abundantes que el niño no puede mamar, se cansa, ronca, tiene tos, anosmia, tal vez vómitos… e incluso puede llegar a padecer otitis.

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¿Qué hacer cuando el bebé tiene mocos?

Los mocos son un síntoma más de la infección que sufre el organismo humano, por lo que no necesita tratamiento específico. Pero sí se pueden aliviar las molestias propias de la congestión nasal:

- Extrema la limpieza de su nariz, especialmente antes de darle de comer. Retira los moquitos que veas fuera con un pañuelo suave. Después, será suficiente con ponerle unas gotitas de suero fisiológico en cada agujero.

- Si está muy congestionado, aplícale el suero con la ayuda de una jeringuilla, introduciéndola en uno de los orificios mientras con tu mano le tapas el otro y presionas el émbolo despacio, y repitiendo la operación en el otro orificio. Colócale tumbado de lado para evitar que trague mucosidades. Una alternativa son los nebulizadores de agua marina.

- Los aspiradores nasales son muy útiles para despejar la nariz una vez se han fluidificado los mocos, pero no conviene abusar de ellos ya que pueden irritar las fosas nasales.

- Los antibióticos no tienen ningún efecto, ya que estas infecciones están producidas generalmente por virus.

- Si el bebé ya ha dejado el pecho, dale abundantes líquidos: agua, zumos, caldos…

- Puede ser recomendable usar un humidificador en la habitación para facilitar la respiración del niño. También sirve un recipiente con agua en el radiador. Sin embargo, estos aparatos deben limpiarse con esmero ya que si no pueden propagar hongos o bacterias. Antes de que cumpla un año, no añadas eucalipto ni ningún otro tipo de hierbas al agua, podría irritar sus vías respiratorias.

- A medida que crezca, enséñale a sonarse cerrando la boca y “soplando” por la nariz.
 

Alimentos que favorecen la mucosidad

Existen alimentos que se consideran generadores de mucosa, como es el caso de los lácteos, que aumentan y espesan la mucosidad, por lo que su consumo ha de moderarse cuando se sufra este tipo de síntomas.

Algunos estudios afirman que una de las causas del exceso de mucosidad es el pH excesivamente ácido de algunos derivados lácteos como el yogur, mientras que otras fuentes señalan a las proteínas presentes en la leche de vaca como causantes de las mucosidades nasales excesivas.

Aunque existe un cierto desconocimiento sobre las causas exactas, lo que sí se ha comprobado es que al moderar o restringir la presencia de productos lácteos en la dieta, la cantidad de mucosidad disminuye de forma importante, por lo que se facilita la desaparición de la congestión nasal y mejora la respiración.

Otros alimentos que favorecen la aparición de los mocos son los cacahuetes, naranjas, harinas refinadas blancas como la del trigo, plátanos, dulces o cualquier otro producto que contenga azúcar, alimentos grasos o muy concentrados, carne en exceso, fritos, demasiada sal.


Combate las mucosas a través de la dieta

Y al igual que hay alimentos que aumentan la secreción de mocos, también hay otros que ayudan a su desaparición. El ajo, la cebolla, los puerros, el berro, el rábano picante, la mostaza, el jengibre y, en menor medida, el perejil, el apio, el té verde, el té de jazmín, los pepinillos y el limón están especialmente indicados en casos de exceso de mucosidad, ya que poseen efectos expectorantes y mucolíticos, es decir, tienen la propiedad de disolver o destruir la mucina, un mucopolisacárido o glucoproteína constituyente principal del moco, gracias a la presencia en su composición de compuestos azufrados.

La vitamina A es también un potente antioxidante que previene la inflamación del sistema respiratorio y la aparición de mucosidad. Este nutriente se encuentra en alimentos de color naranja o rojizo, concretamente la zanahoria la contiene en altas dosis.

Asimismo, ciertas plantas medicinales alivian la congestión nasal: el marrubio, el tusílago, las flores de saúco, el jengibre, el eucalipto, la menta, las hojas de malvavisco o las raíces de helenio. Si tu pediatra lo recomienda, elige tres de las plantas citadas y mézclalas. Hiérvelas en agua y dale al niño un par de vasos de la mezcla al día. También puede hacer vahos con ellas metiendo la cabeza debajo de una toalla. El uso de plantas solo es recomendado en niños ya mayores, así que consúltalo a tu médico antes.
 


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Fuente: Blog EnFamilia de la AEP: "Lavados nasales", https://enfamilia.aeped.es/vida-sana/lavados-nasales

Fecha de actualización: 05-03-2020

Redacción: Irene García

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