Los trastornos digestivos en el lactante

Los trastornos digestivos en el lactante
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Cerca del 50% de los lactantes presentan trastornos digestivos leves en sus primeros meses de vida debido a la inmadurez del sistema digestivo y, aunque en su mayoría suelen solucionarse espontáneamente o gracias a algún cambio en sus hábitos alimenticios, es necesario conocerlos para que no lleguen a interferir en su desarrollo

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Los problemas digestivos durante la lactancia y los primeros años del niño son muy comunes y, aunque casi siempre se van a manifestar con síntomas leves o moderados y suelen ser pasajeros, es normal que los padres estén preocupados por la salud de su pequeño, sobre todo si no para de llorar desconsoladamente. Una de las causas principales por las que se producen este tipo de trastornos, que padecen cerca del 50% de los lactantes, es la inmadurez de su sistema digestivo, que puede provocar cólico, estreñimiento, diarrea e incluso regurgitaciones, que suelen solucionarse fácilmente o con cambios en la alimentación del bebé; sin embargo, la intranquilidad de los padres no dejará de estar presente hasta que el problema haya desaparecido completamente, por lo que es necesario reconocerlos para poder solucionarlos de forma adecuada.

Diarreas, cólico, estreñimiento o regurgitaciones son los trastornos digestivos más comunes en los lactantes.
 

Cólico del lactante

El llamado cólico del lactante suele aparecer en la segunda o tercera semana de vida, padeciéndolo actualmente 1 de cada 4 bebés menores de seis meses, y los síntomas persisten en muchos de los casos hasta el tercer mes. El dolor abdominal que presentan los afectados por este trastorno es fácilmente identificable gracias al llanto del pequeño, ininterrumpido y desesperado; además, el niño levanta y mueve frecuentemente las piernas, se encuentra inquieto, tiene ruidos intestinales y un carácter irritable.

Aunque por la forma de llorar del pequeño pueda parecer que no tiene solución, se le puede calmar cogiéndole en brazos, dándole un masaje en la zona abdominal o leves palmadas en la espalda para que eructe. Asimismo, es recomendable hacer pausas durante la alimentación para que eche el aire, repitiéndolo también cuando acabe de comer. Además de la gran cantidad de aire, hay otros factores, como el estrés, el cambio de leche o la intolerancia a la lactosa, que pueden provocar cólico al pequeño, llegando incluso a alterar su sueño.


Estreñimiento

La incorporación de alimentos más sólidos en la dieta del bebé o el cambio de la leche materna a fórmulas adaptadas, entre otras, pueden causar trastornos digestivos como el estreñimiento en el pequeño, considerando como tal cuando las heces del niño son poco frecuentes y duras, suponiendo un verdadero esfuerzo evacuarlas. Cuando esto ocurra es aconsejable consultar al pediatra, aunque probablemente sólo sean necesarios algunos cambios en la dieta del bebé o incluso ayudarle con algunos ejercicios.

Si el niño ya tiene edad de tomar alimentos más sólidos, el pediatra puede aconsejarle la ingesta de zumos de naranja, ciruela o uva, papillas de fruta, leche con avena, purés de verdura, etc. Además, con los siguientes ejercicios podrás ayudar a tu bebé a solucionar este problema y evitar sus molestias:

1.    Masajéale la zona del abdomen a la altura del ombligo, haciendo círculos en el sentido de las agujas del reloj.

2.    Túmbale en la cama y junta sus piernas; en esta posición flexiónalas y muévelas despacio haciendo círculos en ambos sentidos.


Regurgitaciones

Aunque las regurgitaciones son el problema digestivo más común en los niños, según varios pediatras, hay que saber qué son realmente para diferenciarlas de los vómitos continuos, que pueden ser síntoma de un problema más grave. Las regurgitaciones suceden cuando la leche se mezcla con los ácidos estomacales, pero regresa a la boca debido a la inmadurez del esfínter que cierra la entrada del estómago para que el alimento retroceda, provocando así que el niño escupa o vomite una pequeña cantidad de leche pero sin fuerza, lo que le diferencia de los vómitos normales.

Este trastorno suele desaparecer, en la mayoría de los casos, entre los 6 y los 12 meses de edad, cuando los músculos del estómago consiguen la fortaleza adecuada; sin embargo, mientras esté presente podemos llevar a cabo ciertas medidas para evitar que nuestro pequeño regurgite frecuentemente:

-    Mantener al bebé en posición vertical después de las comidas para dificultar el retorno de la leche a la boca y que sea expulsada.

-    Para facilitar el trabajo del esfínter esofágico interior y no llenar el estómago del niño, es aconsejable ofrecerle menores cantidades de comida pero más frecuentemente.

-    Cuando se dé el biberón al pequeño, es aconsejable evitar que la leche contenga burbujas y que el agujero de la tetina sea del tamaño adecuado para que el niño no absorba demasiado aire, ya que entorpece la digestión. Si el niño es más mayor y ya consume papillas, se recomienda elaborarlas de forma un poco más espesa para que no salga del estómago, volviendo al esófago y la boca del pequeño. 

Si las regurgitaciones se producen constantemente, no hay que olvidar colocar al pequeño de lado para dormir, de forma que si devuelve alimento durante la noche, no se ahogue. Asimismo, en estos casos, es aconsejable consultarlo con el pediatra, sobre todo en los casos en los que no aumente la talla y el peso, rechace los alimentos, llore mucho y tenga carácter irritable, tosa con frecuencia, muestre molestias en la garganta o en el pecho, etc.


Diarrea

Como ya sabemos, cada niño es un mundo, y cada uno tiene sus propios hábitos intestinales, por lo que será la variación respecto a lo habitual la que nos permitirá averiguar si nuestro pequeño padece diarrea. Las causas de ésta pueden ser muy variadas, desde una mala absorción de azúcares o una enfermedad celíaca hasta alergia a la leche, alimento que suele aparecer relacionado con las diarreas de los bebés. Hay que tener especial cuidado cuando el niño padece este trastorno ya que podría convertirse en deshidratación, por lo que es necesario reponer frecuentemente los líquidos perdidos. Si junto a la presencia de deposiciones líquidas y continuas encontramos poco apetito, vómitos, fiebre, pérdida de peso y talla, etc. debemos llevar al pequeño al médico para que sea quien evalúe la situación.

Aunque la mayoría de estos trastornos suelen solucionarse fácilmente, de forma espontánea o con algún cambio en la dieta de los más pequeños, es necesario acudir al pediatra si persisten o su intensidad y frecuencia aumentan, ya que podrían ser un síntoma de algún problema de mayor gravedad. 
 


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Fuente:

Ajram, Dr. Jamil, Tarés, Dra. Rosa María (2005), El primer año de tu hijo, Barcelona, Ed. Planeta.

Blog EnFamilia de la AEP. 

Redacción: Silvia Paredes

1 Comentarios

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  1. Anónimo

    "Hola tengo a mi bebe en la UCI tiene diarreas la cuales han hecho que se deshidrate,lleva 6 días le han hecho todo tipo de pruebas y todo negativo,ahora han suspendido la lactancia materna y prueban con leche hidrolizada y aún así sigue con las diarreas estoy asustada alguien me puede aconsejar?".

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