¿Los bebés también sufren estrés?

¿Los bebés también sufren estrés?
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La respuesta es sí, aunque no hay que alarmarse, ya que la mayoría de niños sufre estrés bueno (lo que se conoce como eustress), que es una respuesta activa ante un estímulo desagradable o “estresante”, que acaba en cuanto se resuelve el conflicto. Sin embargo, aquellos bebés que tienen estrés patológico o ansiedad sí pueden ver alterada su salud, aunque esto es mucho más raro ya que un niño bien cuidado, alimentado y querido difícilmente sufrirá este problema

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¿Qué es el estrés?

El estrés, en términos físicos, es el grado de deformidad o tensión que produce una fuerza sobre distintos materiales. En relación con la salud, el primero en relacionar este término con la sanidad fue el fisiólogo canadiense Hans Selye, en 1936, definiéndolo como “una respuesta general del organismo ante cualquier estímulo estresor o situación estresante; utilizando el término estrés para describir la suma de cambios inespecíficos del organismo en respuesta a un estímulo o situación estimular”.

Ligado al estilo de vida actual, podemos considerar al estrés como la respuesta de cada individuo para afrontar una serie de situaciones extremadamente tensas o, simplemente, aquellos factores cotidianos que nos hacen perder los nervios (como un atasco, por ejemplo). Ante estas circunstancias de posible peligro o amenaza, el organismo pone en marcha sus mecanismos de regulación, con carácter adaptativo.

Está condicionado por tres variables:

-    El medio externo (la situación).
-    La personal percepción de la situación. Cada persona reacciona de una manera diferente ante un mismo conflicto.
-    Las posibles respuestas ante la misma.

Existen dos categorías de estrés: el eustress (bueno) y el distress (malo o negativo) o respuesta de ansiedad. El bueno se produce cuando la respuesta se adapta a la situación que la provoca (es decir, aceptamos el problema que se nos ha presentado y buscamos soluciones para resolverlo); y el malo o negativo cuando la respuesta, bien por excesiva o por descontrolada, no se adapta a la situación. Ambos tipos se pueden producir en el bebé, pero sólo el segundo da lugar a un estado de estrés patológico o ansiedad y a problemas de salud.

Así lo explica uno de los mayores expertos en proyectos de investigación sobre ansiedad y estrés, el Dr. Francisco Miguel Tobal, Profesor Titular de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, quien en las “Primeras Jornadas Sobre el Estrés del Bebé”, realizadas por el Forum Almirón, expuso su última investigación sobre el estrés del bebé, comentando las causas, síntomas y estretegias de afrontamiento para reducirlo y evitarlo.


Aumento del número de casos

No existen datos sobre la incidencia del estrés en el bebé, aunque existen evidencias de que puede estar aumentando en las últimas generaciones debido a distintas causas, como los cambios en el modelo social y familiar, el exceso de exigencia o permisividad y la incomunicación, entre otros. Algunos autores hablan de una tasa de prevalencia del estrés en la población infantil que oscila entre el 9 y el 21%.

Diversos estudios sobre el tema concluyen que la ansiedad patológica se presenta en un 13- 16% de la población y se eleva a un 20-25% si se le añaden los casos ocultos, unas cifras mayores que hace 15 años. La incidencia de la enfermedad en las mujeres es el doble que en los hombres.
 
Causas

Entre las múltiples causas que pueden producir estrés, podemos destacar las siguientes:

- El parto.

- Enfermedad: cólicos del lactante, flatulencia, otitis… enfermedades muy comunes en los bebés.

- Falta de cuidados (pañales húmedos, inseguridad, miedo, etc.).

- Alimentación insuficiente o inadecuada.

- Ambiente familiar problemático (falta de cariño o afecto, discusiones constantes entre los padres, incomunicación, etc.).


Síntomas

Para María Jesús Mardomingo, Jefe de Psiquiatría Infantil del Hospital Gregorio Marañón (Madrid), el estrés se manifiesta con ansiedad, a veces con depresión o incluso con trastornos del comportamiento, siendo más frecuente en las niñas la ansiedad y la depresión, y en los niños los trastornos de comportamiento (reacciones agresivas, hostilidad, dificultad en las relaciones).

Los bebés manifiestan habitualmente las situaciones que les estresan con el llanto. Además de este síntoma, el pequeño puede estar en un estado de alerta elevado o justo lo contrario, demasiado quieto, duerme mal, está irritado y presenta alteraciones de la alimentación (bien en el sentido de pérdida del apetito o en el de necesitar alimentarse con más frecuencia de lo normal).


Efectos negativos en la salud

Según distintos autores, la ansiedad y el miedo son experiencias humanas universales desde el nacimiento y constituyen uno de los rasgos más relevantes de la personalidad. Pero el estrés patológico puede dar lugar a diferentes enfermedades y problemas de salud.

Físicos:

- Disminución del sistema inmune: pérdida de protección frente a enfermedades, mayor número de infecciones, progresión de tumores (si el niño ya los tuviera, no provoca cáncer).
- Deterioro de la función reguladora, hipersensibilidad (mayor tendencia a contraer alergias).
- Alteraciones del aparato digestivo.
- Alteraciones del apetito.
-Trastornos del sueño. Según un estudio de la Unidad Valenciana del Sueño del Hospital Quirón de Valencia, cerca del 30% de niños padecen trastornos del sueño provocados, entre otros motivos, por el estrés.

Psíquicos:

- Disminución de la confianza y de la seguridad en sí mismo.
- Disminución de la capacidad de empatía.
- Bajo estado de ánimo.
- Alteraciones de la memoria (lo que puede repercutir en sus estudios).
 

¿Cómo prevenirlo?

El principal consejo que se puede dar para que un niño no sufra ansiedad es conseguir que se sienta atendido, querido e integrado dentro de la familia y que viva en un ambiente tranquilo.

Un entorno familiar relajado, sin discusiones (no se debe elevar el tono de voz cuando está el bebé y, menos, discutir cuando está presente), crear una rutina horaria que distribuya los alimentos y el descanso, combinar momentos de compañía con los de juego individual… Existe unanimidad para afirmar que la afectividad de los padres y la expresión del amor hacia el bebé son directamente proporcionales a su capacidad de aprender y desafiar las circunstancias de la vida.

Además, desde el Forum Almirón de la Inmunonutrición, recomiendan alimentar con leche materna al recién nacido, al menos hasta los 6 meses, ya que la lactancia materna es uno de los mejores inmunorreguladores que existe.

En el caso de no poder ofrecer este tipo de alimentación por múltiples razones (enfermedad de la madre, falta de tiempo, etc.), la industria de nutrición infantil ha desarrollado recientemente fórmulas de alimentación infantiles enriquecidas con una mezcla de prebióticos específicos (90% oligogalactosil lactosa y 10% oligofructosil sacarosa) que consiguen un nivel de bifidobacterias y lactobacilus en lactantes nacidos a término similar al de los alimentos con leche materna, así como un pH intestinal similar. Estos prebióticos estimulan el sistema inmune del bebé, reduciendo los procesos alérgicos y las infecciones.
 

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Fuente:

Dr. Francisco Miguel Tobal, Profesor Titular de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Forum Almirón de la Inmunonutrición Infantil, “Primeras Jornadas Sobre el Estrés del Bebé”.

Fecha de actualización: 17-02-2009

Redacción: Irene García

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