Cuentos para bebés

Cuentos para bebés
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No hay que esperar a que tu hijo sepa hablar para leerle cuentos. Debes empezar antes no solo para fomentar el desarrollo de su lenguaje, sino también para enseñarle a amar la lectura y fortalecer vuestro vínculo.

Antes de dormir, por la mañana, en el coche… siempre es un buen momento para leer o contar un cuento a tu bebé como uno de estos que te proponemos.


1- La cebra que perdió sus rayas


En la calurosa sabana africana vivía Zena, una cebra muy presumida que no hacía otra cosa que contarse las rayas al sol: Un, dos, tres, cuatro, cinco… contaba Zena sus rayas una y otra vez: seis, siete, ocho, nueve, diez.


Pero una mañana, al despertar, algo insólito sucedió: ¡alguien a Zena todas sus rayas robó! La cebra miró a su alrededor pero a nadie encontró. ¿Cómo ha podido ocurrir? Buscaré al ladrón.  


- ¿Has sido tú el que me has quitado mis rayas? –preguntó Zena a Bom el hipopótamo.

–¿YOOOOOOOOOOOOOOOO? ¿PARA QUÉEEEEEEEEE? -le contestó abriendo muchísimo la boca. Zena pudo ver la campanilla del hipopótamo dentro de esa enorme bocaza, pero ninguna de sus rayas. Así que prosiguió su búsqueda…


2- La ranita verde

 

Alicia y Juanito fueron al bosque con sus papás para pasar un día de juegos en el campo, cuando terminaron de comer y recoger sus papás decidieron irse a dormir la siesta.


Ellos fueron a dar un paseo hasta una charca donde se encontraron una ranita q estaba muy triste y no podía croar.


Los dos niños, con tristeza, le preguntaron:


- ¿Qué te pasa? ¿Por qué no puedes croar?

Llorando, la ranita les dijo:

- Los hombres no se portan bien, vienen a pasar los días al campo y dejan todo muy sucio…


3- Los niños de colores


Había una vez dos preciosas hermanitas llamadas Branda y Nadira. A las dos les gustaba ir al parque a jugar en el columpio y el tobogán. Pero un día, al llegar, se encontraron con unos niños que eran diferentes: uno tenía la piel muy oscura como el chocolate, otro era muy pálido, casi amarillo, y otro rojo como un tomate.


Branda y Nadira se pusieron en un rincón y no se atrevían a acercarse a los niños, porque estaban asustadas, hasta que apareció allí el gnomo del parque:


- ¿Por qué no juegan hoy, pequeñas?

– Pues porque hay unos niños de colores y nos dan miedo- respondieron ellas.

El gnomo les hizo otra pregunta:

- ¿Han visto la nueva fuente del parque?

- No, pero ¿qué tiene que ver eso con lo que estamos hablando?

- Pues mucho-les contestó el gnomo- vengan conmigo y verán…


4- El país de las letras


Dicen que existe un país más allá de lo que alcanza nuestra imaginación donde habitan las letras del abecedario. Allí viven felices y juegan mezclándose con otras letras para formar palabras, con las que luego hablamos y escribimos. Así, cuando la letra P, la I y la E se divierten juntas forman la palabra PIE. Y en verano por ejemplo la S, la O y la L apenas se separan y por eso luce tanto el SOL o a veces la O y la L se van de la mano a darse un baño con la A.


Pero en algunas ocasiones, las letras también se enfadan y se ponen de mal humor. Es entonces cuando salen del país del Abecedario palabras muy feas que no nos gusta escuchar. Son los insultos y las palabrotas que a veces oímos por ahí. También vienen letras de países extranjeros y algunas se quedan para siempre, como la W, que en realidad son dos V hermanas siamesas. Y otras, como la Y, que estaban allí desde hace muuuucho tiempo…


5- El mar enamorado


Hace mucho, muchísimo tiempo, existía en nuestro planeta un mar de aguas azules y cristalinas que estaba locamente enamorado de la blanca luna.


Las noches en que la luna lucía sus mejores galas, redonda y luminosa en el cielo, cual mancha de leche en un mantel oscuro, el mar se pasaba la noche admirándola y suspirando por su amor, pero ella, vanidosa y antipática, no le hacía caso y se burlaba del pobre mar.


El mar valiente y decidido intentaba llegar hasta la hermosa luna saltando hacia el cielo, creando olas gigantes de agua pero ella estaba tan lejos que nunca conseguía acercarse a ella.


Un día, el mar pensó en hacerle un regalo a su amada y habló con la brisa marina para que ésta, que era un músico reconocido en el mundo entero, compusiera una canción de amor para que el mar le cantara a la luna todas las noches. La brisa aceptó encantada y a cambio pidió al mar que le dejara en la orilla de la playa algunas conchas y caracolas para guardar su música en ellas.


Al llegar la noche el mar cantó la canción de amor a la luna, pero ésta le ignoró y se ocultó tras las nubes del cielo para que el mar no la viera…


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Foto: Creado por Yanalya - Freepik.com


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