Todos los padres desean que sus hijos se lleven bien, se entiendan, se quieran mucho y no se peleen (al menos, no más de lo normal entre hermanos). Lograr que se cree entre ellos un vínculo muy especial que dure toda la vida es tarea de los padres. Los amigos son excelentes, pero la familia está por encima de todo. Hay unas cuantas reglas que te ayudarán a conseguirlo:
- Trátales de forma diferente (sin ser injusto): Todos tus hijos son diferentes, tienen gustos distintos, habilidades y debilidades distintas, preferencias y reacciones diferentes. La cuestión está en tratarlos de forma diferente, pero sin caer en injusticias, y no es nada fácil hacerlo.
- No les compares: Crearás rivalidades si a uno de ellos le dices que es mejor, más lento, más brillante… Es tentador en ocasiones decir: “¿Cómo es posible que no puedas hacer los deberes nada más llegar como tu hermano?”, pero debes evitar esta actitud, tanto en ti como en el resto de la familia. Cada persona tiene sus defectos y sus virtudes, y compararlos no hará que los primeros desaparezcan.
- No tengas un favorito: Trátales a todos por igual, aunque el mayor sea más cariñoso y responsable o uno de ellos se parezca más a ti y te entiendas mejor con él.
- Controla las peleas: A no ser que se lleven muchos años de diferencia, no te vas a librar de las riñas entre ellos. Pero la mayoría se pelea porque se quiere y se les pasa el enfado en cuestión de segundos. Las peleas entre hermanos son sanas aunque exasperantes y pesadas para ti. Enséñales a defender sus opiniones razonando y no a puñetazos, pero sin intervenir tú. Anímales a jugar juntos, a que se apoyen, explota los talentos de cada uno, no dejes que se acusen, háblales como colectividad… Hazles ver que sois un equipo.