Muchas madres se quejan de que a sus hijos no les gusta comer pescado, verduras o legumbres, y cada comida es una lucha continua para lograr que se acaben estos platos. Pero, ¿por qué no les gustan estos alimentos?
El problema radica en el momento en que se empieza a dar estos comestibles: su sabor les parece fuerte, la presentación no les resulta agradable, se los damos siempre de la misma manera, las espinas les molestan… Y, si en ese primer momento no se intenta solucionar el problema, el niño cada vez tendrá mayor aversión por esos platos y cuando sea mayor, será imposible lograr que se los coma.
Por eso, desde que empiezan con la alimentación sólida, hay que seguir una serie de pautas y, sobre todo, no permitirles nunca que dejen de comer algún grupo de alimentos. Una dieta sana y variada es la mejor garantía de salud para nuestros hijos, tanto ahora como en el futuro.
Algunos trucos que se pueden seguir son:
- Varía la forma de elaboración de estos alimentos. No hagas siempre las verduras cocidas y con aceite ni el pescado rebozado, hay múltiples opciones para cada uno de ellos. Busca cuál es la que más le gusta a tu hijo.
- Usa diferentes salsas para enmascarar el sabor: bechamel, tomate, salsa rosa…
- Mezcla estos alimentos con otros que sí le gusten. Por ejemplo, puedes hacer macarrones con atún, lasaña de verduras, etc.
- En el caso concreto del pescado, escoge trozos que no tengan espinas. Si no puedes limpiarlo tú ni en la pescadería, compra pescado congelado, es igual de sano y viene ya sin espinas.
- Presenta el plato de manera atractiva (combina los colores y las formas) y acompáñalo con guarniciones variadas y sanas: patatas al horno, ensalada, compota…
- Habitúale a comer este tipo de alimentos con frecuencia y no le permitas negarse a comerlos. Debe acostumbrarse a tomar de todo.
- Cuéntale cuentos o historias relacionadas con lo que esté comiendo, así le resultará más atractivo. Por ejemplo, una historia de calamares gigantes que asustaban a los pescadores, la manzana envenenada de Blancanieves, las judías mágicas…
Y, sobre, todo, mucha paciencia.