La amistad en los niños

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La amistad en los niños

“Desde hace unas semanas, cuando le preguntamos a Andrea, nuestra niña de 2 años sobre el cole, nos responde siempre lo mismo; Pablo. Hemos hablado con el centro y nos dijeron que se pasan el día juntos, jugando uno al lado del otro. Parece que Andrea ha encontrado su primer amigo. ¡No hace más que hablar de él!”. Sin embargo, viendo a Pablo y Andrea juntos, nunca adivinaríamos que son amigos íntimos. Más bien están uno al lado del otro, ignorándose, jugando cada uno a lo suyo. Es lo normal de esa edad. Los pedagogos y psicólogos lo definen como el juego paralelo.


Actualmente, con la escolarización temprana de los niños, se acelera su proceso de socialización. Entendiendo este concepto como el desarrollo de la autonomía personal y el aprendizaje de compartir con los demás, surgiendo de esta manera sus primeras amistades. Los pequeños, al llegar a la escuela infantil o guardería, aprenden a compartir un espacio (la clase, el jardín, el comedor), los objetos y a los profesores. Así, hacia los 2 años, como Andrea y Pablo, la mayoría de los niños ya comienzan a tener sus primeros amiguitos y sus primeros amores en la escuela infantil.

Antes, al estar en casa con su madre o cuidadora, este aprendizaje se producía más lentamente; compartiendo con las personas de la familia que, en la mayoría de los casos, cedían a los deseos del pequeño.


La amistad por edades…

Según lo que observan cada día en su centro, Pelancha Gómez-Olazábal, directora de la Escuela Infantil Jauja, con más de 27 años de experiencia en psicología infantil, destaca que se podría afirmar que los niños no tienen amigos según el concepto que tenemos los adultos de la amistad, hasta los 6 ó 7 años. Su relación con los demás va evolucionando de la siguiente manera:

Hasta los 2 años: el juego paralelo

Aprenden a jugar al lado de otros niños pero de forma independiente. Es el juego paralelo.

A partir de esta edad, en la guardería o escuela infantil, se les enseña a guardar su turno, a esperar, a respetar los juguetes del otro, así como la comida y la siesta de los demás. Se les inicia en el juego colectivo para que vayan adquiriendo noción de grupo, fundamental para la socialización al intervenir el contacto físico. Pero, la relación y comunicación todavía es individual con los educadores y puntualmente de niño a niño (relación dual) por mera curiosidad de un niño hacia otro.

Poco a poco, van conociendo, nombrando y mostrando preferencias por sus compañeros. Simultanean continuamente las tiernas expresiones de afecto infantil con las peleas. En estas primeras relaciones lo más importante es el intercambio de juguetes.

A partir de los 2 años y medio y 3 años: el amigo como elemento de compañía

Empieza a ser más clara la preferencia de elegir a un niño en concreto como elemento de compañía porque les gusta jugar a lo mismo (juegos activos o sedentarios), porque un juguete le interesa o por otras circunstancias como que las madres sean amigas y se vean fuera del centro educativo. Sin embargo, pueden ser inseparables o no dejar de pelearse de un día para otro.

Hacia los 3 años y medio: jugar en pequeños grupos

Los niños que llevan escolarizados desde pequeños, a esta edad ya asumen las reglas sociales de las que surgen las relaciones afectivas. En el jardín suelen jugar en pequeños grupos –antes sólo lo hacían de dos en dos- y hablan entre ellos, aunque cada uno esté inmerso en su propia actividad. Sigue siendo un juego individual, pues, aunque tienen la necesidad de compañía todavía no poseen la aptitud para cooperar, debido al egocentrismo que imposibilita un juego en grupo. Poco a poco, irán respetando la intervención del otro, podrán amoldarse al rol que se le asigna…

De los 4 a los 6 años: un amigo, un juego

Ya tienen preferencias en sus juegos y amistades sin embargo, todavía no está claro porqué eligen a un amigo, pueden no existir similitudes en cuanto a gustos o personalidades como ocurre con los adultos. Simplemente se caen bien, pero si a estas edades dos “íntimos amigos” se dejan de ver por cualquier razón –cambio de centro escolar, de ciudad, etc.- no supone ningún problema ni trauma para ellos, como podría ser para los niños adolescentes.

Los 7 años: empiezan los partidos de fútbol, el pilla-pilla…

Con el advenimiento del pensamiento lógico, los niños van aceptando y respetando las reglas del juego porque tienen un pensamiento más abstracto y un mayor desarrollo de razonamiento. Es en esta etapa cuando surgen los juegos reglados, de competición, los deportes… y tienden más a jugar en grupos. Estos juegos son los que ocuparán la mayor parte del tiempo de los niños hasta su vida adulta.

Hacia los 8 años: su primer “mejor amigo”

Ya aparecen los auténticos “mejores amigos”, cuyos lazos son muy estrechos y entre quienes surgen frecuentes conflictos. La amistad va tomando una importancia fundamental para la vida del niño y además le ayuda a crear su propia identidad.

A partir de los 8 años, entienden la amistad como los adultos; comprenden qué significa compartir –no sólo objetos- y desde los dos lados, el propio y el ajeno, alguien con quien charlar y a quien escuchar, alguien con quien contar para los momentos buenos y para los malos, para compartir penas y alegrías.
 
¿Cómo fomentar la amistad en los niños?

Ser sociable desde su más tierna infancia ayudará a tu hijo a tener una vida social activa en un futuro lo que mejora tanto la seguridad como la autoestima. Así, los padres prefieren tener hijos abiertos y que jueguen con muchos niños… aunque hasta el pequeño más extrovertido se esconde alguna vez detrás de las faldas de su madre o llora por no querer compartir su juguete favorito; ten paciencia y foméntale siguiendo estos consejos:

1. Predica con el ejemplo. Si quieres un hijo sociable y con muchos amigos, que vea en casa ese ambiente; sed padres animados, sonrientes, abiertos…

2. Cuando son pequeños, que te escuchen llamar amigo a tus amigos: “Hoy viene a casa Luis, el amigo de papá. Con sus hijos Javier y María, tus amigos”. Tan simple como suena. Le ayudarás a identificar el concepto de amistad y a comprender porqué lo valoras tanto.

3. Aunque creas que no tiene nada que ver, prestando atención a tu hijo, ayudas a que sea una persona más sociable y abierta. Tan sólo un ejemplo: Si estás ocupado y te está pidiendo, no le ignores; mírale a los ojos y explícale que cuando acabes lo que estás haciendo le atenderás a él. Así, se sentirá importante para ti y por lo tanto también para los demás, lo que favorece su socialización.

4. Invitad a vuestros amigos con sus hijos a merendar o a pasar la tarde en casa.
 
5. Queda con otros papás para ir juntos al parque con los niños.

6. Cuando haya más niños en casa no optes por la opción cómoda: encender la tele. Mejor dales lápices de colores, plastilina o ropa para que se disfracen y así fomentarás su imaginación, su creatividad y fortalecerás los lazos entre los pequeños. ¡Compartir diversión une mucho más que una pantalla de tv!

7. A menos que haya peligro de que se hagan daño no intervengas en sus juegos o en sus posibles diferencias. Es mejor que aprendan a resolver sus pequeños conflictos entre ellos.
 

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