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Los amigos imaginarios del niño

Los amigos imaginarios del niño

Los amigos imaginarios del niño
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Muchas veces los niños hablan de un compañero de juegos que no conocemos e incluso ¡ni podemos ver! Y es que está sólo en su imaginación. Este amigo imaginario funciona como un ensayo para las futuras amistades actuando como un puente entre la fantasía y la realidad. Bastará con prestar atención a aquello que te dice tu hijo para darte cuenta de que con frecuencia, al hablar de sus amigos de juegos, incluirá siempre a uno que no conoces. No es que haya llegado un nuevo compañero al cole, ni tampoco se trata de una mentira, simplemente es un amiguito que no existe, sólo está en su cabeza.


Cada uno a lo suyo

Los niños juegan de maneras distintas según el momento evolutivo que atraviesen. Cuando son muy pequeños, se concentran en su cuerpo, descubriendo sensaciones, texturas, temperaturas y volúmenes diferentes.

Ellos mismos son el centro de sus juegos y no se producen intercambios, ni interacción con otros compañeros de juego, son únicamente receptores.

Es por eso que podemos ver niños muy pequeños jugando en una misma sala sin compartir juegos con los demás. Aunque permanecen juntos parece que no se conocen, a excepción claro, de que quieran jugar con el juguete de otro.

Pasará algún tiempo hasta que el juego, que en las primeras etapas de la vida es solitario, evolucione hasta el momento de ser compartido entre varios o por lo menos entre dos, aprenderá así a ponerse de acuerdo, a respetar reglas, a esperar el turno, a saber ganar y perder, a participar equitativamente, etc.

Y evidentemente para conseguir este tipo de juego, en el cual se ensayan las reglas de funcionamiento del mundo y se aprenden a tolerar frustraciones, tienen que darse ciertas condiciones de madurez con las cuales todavía no cuenta un niño en edad preescolar.


Ensayo o escape

Es durante el periodo que transcurre entre el juego en solitario y el compartido cuando aparece la figura del amigo imaginario. Suele ocurrir a los dos o tres años de edad y en algunos casos puede retrasarse hasta los siete, ocho e incluso los nueve años.

Según Juan Pedro Valencia, psicólogo infantil, esta fantasía, es absolutamente normal e inofensiva, permite que el niño aprenda a relacionarse con el mundo utilizando el juego y la imaginación, elementos imprescindibles para un adecuado desarrollo y que le facilita, además, la expresión de sentimientos y emociones que de otro modo quedarían reprimidos pudiendo aumentar la ansiedad y malestar en determinados momentos. Además es una herramienta útil para los padres que de esa forma pueden conocer más de cerca esos aspectos interiores de sus hijos que de otro modo quizás no aparecerían.

Con este amigo intangible practicará la amistad con su propio vocabulario y sus mismos comportamientos. Un amigo imaginario tiene un nombre y una personalidad definida creados por el niño y que le proporcionan a su creador cuotas más elevadas de egoísmo que aquéllas que serían toleradas por un amigo real. De esta manera, el niño puede mandar en el amigo imaginario sin ser criticado, echarle las culpas a alguien cuando hace alguna travesura y tener acceso a una perfecta válvula de escape frente a lo incómodo de tener que adaptarse socialmente.


Cuando un amigo se va...

Un amigo imaginario no debe ser motivo de preocupación si comienza a desaparecer alrededor de los siete u ocho años, momento en el que los pensamientos de ficción del niño comienzan a convertirse en privados.
Este particular amigo es síntoma del desarrollo personal y creativo, normales en algunos niños en el periodo temprano de su vida, que si bien puede en cierto modo reflejar una posible falta de socialización o de necesidad de estar más tiempo con quien le quiere, se soluciona por sí solo en cuanto comienza a participar más frecuentemente en juegos y demás actividades sociales con los amigos reales de su propia edad. Hay que tener en cuenta que llega un momento en que los padres no pueden sustituir la necesidad de jugar y relacionarse con niños de su propia edad, lo cual hará que poco a poco su amigo imaginario vaya desapareciendo.


Sin embargo si este amiguito irreal se convierte en un obstáculo para que el niño se relacione con otros ya no se trata de una experiencia para una relación social satisfactoria con los demás. Las causas que llevan a un niño a tener un amigo imaginario pueden ser muy diversas, por ejemplo, pueden constituir un recurso de huida a la soledad, al odio o a la ansiedad. Es importante por lo tanto descubrir sus motivaciones. Juan Pedro Valencia considera que esta amistad imaginaria puede ser motivo de preocupación cuando “la presencia del amigo imaginario dura más allá de la edad normal o bien, en lugar de ser un cauce de expresión de emociones y sentimientos para el niño, que de otra forma le resultarían difícil de resolver, se convierte en una forma de evitar asumir responsabilidades, evitar el contacto con la realidad o perder el interés por estar con sus amigos, prefiriendo hacerlo solo con esos amigos imaginarios. Entonces debemos indagar, incluso con ayuda de un profesional, qué es lo que está ocurriendo en el niño para que esto sea así”



¿Cómo actuar?

• Apoya la imaginación del niño, pero si exagerar.

• No permitas que los amigos imaginarios se lleven todas las culpas por algo que el niño haya hecho mal. Hazle comprender que sus actos tienen unas consecuencias que debe asumir.

• Incentiva su creatividad.

• Invita a amiguitos a casa y permítele que visite también las casas de otros niños.

• No le satures de actividades.

• Déjale escoger en qué quiere ocupar su tiempo libre.

• Ayúdale a desarrollar actividades de juego donde tenga una participación activa y no le deje permanecer muchas horas en frente de la televisión en una actitud pasiva.

• Ofrécele elementos que desarrollen su creatividad como plastilina, lápices, acuarelas, hojas de papel, rompecabezas, etc. En lugar de darle un montón de juguetes.


Redacción: Lola García-Amado
Fuentes: Juan Pedro Valencia. Psicólogo. PSYSTEL. 91 562 39 47

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