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Juegos para niños

Juegos para niños

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A partir de los 3 años, tu niño va dejando de ser un bebé y puede parecer más pacífico que en los meses anteriores. Es mucho más independiente y disfruta de la compañía de otros niños. La transición del juego paralelo al cooperativo se produce poco a poco, aunque aún necesitará tu ayuda para controlar sus sentimientos cuando surja un desacuerdo con un compañero de juegos

El mayor cambio que percibirás durante este año será la supremacía de la imaginación e inventiva en los juegos de tu hijo. Su cerebro se ha desarrollado hasta la etapa en la que posee la capacidad de asimilar más de una perspectiva o punto de vista, lo que significa que el juego cooperativo con otras personas le resultará mucho más sencillo.


Otras características del juego a partir de los 3 años son:

- El juego simbólico o de actuar aumenta; ya no necesita un coche de verdad para que se crea que está en un automóvil.

- Durante esta etapa, no hay que obligar al niño a ver la realidad. Es una época mágica en la que los cuentos cobran vida y los personajes de dibujos animados existen.

- Es también la época de los miedos y de las pesadillas, y los niños se enfrentan a ellas inventando un amigo imaginario.

- La lógica infantil también funciona de forma diferente. Por ejemplo, si juegan a los bolos, los pondrán lo más lejos posible para que el juego dure más, y no lo más cerca posible para ganar.


¡Son iguales!

Para realizar este juego, necesitamos tarjetas con imágenes conocidas por el niño y todas han de estar repetidas. Puedes fabricarlas o comprarlas ya hechas. Coloca sobre la mesa las tarjetas para que tu hijo pueda ver y mencionar las imágenes que ve. A continuación dale una para que mire el dibujo y la ponga encima de la que es igual. Luego dale dos y hasta tres. Cuando domine el juego de buscar y colocar encima los iguales, puede jugar con otros niños respetando el turno de cada uno. 


Juegos de luces

Con la habitación en penumbra, enciende un par de linternas y anima al niño a investigar qué hay dentro del armario, debajo de la cama, dentro de la caja de los juguetes, etc. Inventa que hay algo misterioso para buscar y después pon la luz en el techo, en el suelo…; si acercáis la linterna a la pared la luz parece más pequeña, y si os alejáis de ésta cada vez se hace más grande.

Con este juego, el niño realiza seguimientos visuales en todas las direcciones necesarias para la correcta adquisición de la lectura; además, se siente seguro descubriendo él mismo que en la semioscuridad no hay nada peligroso y va perdiendo el miedo a la oscuridad.


Don caracol

Dibuja en el suelo del patio un trayecto con forma de caracol o espiral. Pídele al niño que lo recorra, al principio lentamente y a medida que vaya adquiriendo coordinación y destreza con más rapidez.

Cuando termine su recorrido, pídele que represente con su cuerpo un caracol; ten presente que cada niño lo hará a su manera. Si no puede resolver la situación, oriéntale con preguntas o mirando una foto o dibujo. Una vez en el suelo, para finalizar el juego puedes cantarle una canción de caracol. Por ejemplo:

“Caracol, caracolito, ¿adónde vas tú tan bonito? Irás por aquí, irás por allá y este caminito recorrerás”.


La alfombra mágica


Para llevar a cabo este juego, se requiere una manta o tela amplia y resistente y un espacio grande y despejado de objetos. Enséñale a tu hijo la tela con la que vais a jugar y deja que se familiarice con ella; es probable que se esconda, se envuelva, se la ponga como capa y a partir de ahí invente sus propias historias según el personaje que haya elegido ser por un rato.

Cuando lo creas conveniente, proponle que se siente encima de la tela para llevarlo a dar un gran paseo. Podrás transportarlo marcha adelante y luego marcha atrás, hacer giros completos y medios giros a modo de balanceos. Si en casa hay más niños, proponles el juego y verás que ellos solos se divertirán, transportarán y crearán sus propias historias. También pueden usar sus muñecos o peluches.


Globos bailarines

Consigue unos globos y, para sorprenderle con esta actividad, ínflalos sin que te vea y envuélvelos en una tela. Invita a tu hijo a jugar a una sorpresa. Puedes decirle: “Adivinador, adivina… adivina ¿qué hay dentro del saco que tengo?”. Al niño le encantará descubrirlo. Si te da opciones y no acierta, puedes darle pistas.

Cuando lo haya descubierto, tira los globos al aire y deja que juegue con ellos a lanzarlos hacia arriba, patearlos, transportarlos, etc. Luego reincorporas la tela; pídele que coloque todos los globos encima de ella porque los vais a hacer bailar. Una vez recogidos todos, invítale a que agarre la tela junto a ti y comenzáis a moverla suavemente intentando que los globos no caigan al suelo. Pasados unos instantes, cuenta hasta tres y en ese momento empujáis la tela con fuerza hacia arriba para que vuelen por el aire y caigan al suelo. Verás qué bien se lo pasa y qué impresionado queda al ver volar los globos.


Un collage muy dulce

Necesitas cola blanca para pegar, trocitos de papel, piedrecillas, pegatinas, sirope de fresa y chocolate y una cartulina grande.

Coloca un plástico en el suelo y sobre éste pega la cartulina. A continuación muéstrale a tu hijo los materiales, deja que los huela, mire y toque. Déjale el tubito de sirope de fresa para que dibuje con él. Sobre el sirope derrama arena o bolitas de caramelo para adornar. Dale también un pincel para que pueda pintar con la cola blanca y colocar encima trocitos de papel o piedrecillas. Este juego deja abierta la puerta tanto a su creatividad como a la tuya. Deja que él decida qué quiere poner o utilizar.


Volver a la calma

Retomar la calma después de los juegos es muy positivo para los niños: así recuperarán la respiración y el ritmo cardiaco y se relajarán. Para ello puedes llevar a cabo un juego de relación muy sencillo. Ponte de pie, frente a tu hijo, y mediante la palabra, la voz calma y la mirada tranquila le ayudarás a imaginarse que es un globo que se infla y se hace cada vez más grande. En ese momento vais inspirando y expandiendo el cuerpo. Pero de repente el globo se pincha, y éste será el momento para expulsar el aire y dejar caer el tronco hacia delante, intentando que los brazos y la cabeza cuelguen hacia el suelo. Con la práctica, ambos iréis encontrando el ritmo para hacerlo.


Fuente: Todo un mundo de sorpresas de Elizabeth Fodor, Montserrat Morán y Andrea Moleres.
Redacción: Irene García.

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