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Cómo prevenir el consumo de drogas

Cómo prevenir el consumo de drogas

Cómo prevenir el consumo de drogas
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O cómo enseñarle a tomar decisiones responsables.
A lo largo de nuestra vida superamos diversas situaciones y retos que nos permiten desarrollarnos como personas. Este tipo de experiencias nos ponen en la tesitura de tener que escoger y por lo tanto decidir.

Nuestros hijos e hijas también se encontrarán con sus propios desafíos a lo largo de su infancia, adolesencia y edad adulta. Y para ello, será fundamental que conozcan el modo de adoptar decisiones responsables que favorezcan y potencien su autonomía personal y desarrollo integral

La toma de decisiones es una tarea laboriosa. Implica valorar todos los factores, las situaciones y las consecuencias, entre otros. En este caso, queremos analizar las elecciones que nuestros hijos e hijas adoptarán a lo largo de su vida en torno al consumo de drogas u otras sustancias perjudiciales para su cuerpo y salud.

Como padres y madres debemos desarrollar acciones óptimas encaminadas a una correcta prevención desde el propio nacimiento, con el propósito de evitar la aparición de riesgos para la salud del niño o niña y de la familia. Esto implica actuar para que un problema no aparezca o, en su caso, para disminuir sus efectos.

Y el núcleo familiar será, en un primer instante, el primer espejo donde nuestros hijos e hijas se puedan ver reflejados de cara a la repetición de algunas actitudes, por lo que sería recomendable convertirnos en un modelo de salud para ellos y ellas. A medida que vayan creciendo y se vayan aproximando a la adolescencia, será el grupo de iguales o de amigos íntimos el que recobre más importancia de cara a esta imitación de conductas.

No podemos evitar que estas determinadas sustancias adictivas existan, a menudo se encuentran presentes en nuestro entorno cotidiano, por ejemplo en comidas familiares en las que se consume alcohol y tabaco de una manera natural. Tal vez tampoco podamos evitar que nuestros hijos e hijas sientan la curiosidad de probarlas, pero sí podemos fomentar en ellos y ellas hábitos y conductas responsables que les permitan hacer frente a situaciones de riesgo.

 

El fomento de la comunicación, el conocimiento y de habilidades sociales

Desde el nacimiento hay que fomentar su autoestima y la seguridad en ellos mismos, aceptándoles tal como son y haciéndoles sentir queridos. De tal manera que les enseñemos que es sano y natural identificar y mostrar las emociones. Que como padres y madres mostremos también nuestros sentimientos, y que seamos los primeros en compartirlo con ellos y ellas.

A medida que vayan teniendo más consciencia de lo que significan las palabras y las frases, por lo tanto, que vayan creciendo, evitar frases que contribuyan a ridiculizarle, no centrarse en la crítica constante de lo que hace mal, es mejor decir: “Me gustaría que recogieras tu habitación”, que decir: “Me gustaría que fueras menos desordenado o desordenada”.

Evitar compararles con los demás, buscar tiempos y espacios para poder hablar con nuestros hijos e hijas, y escucharles. En este proceso comunicacional, evitar los sarcasmos, las presunciones, los juicios o valoraciones. Tan sólo debemos preguntarles y darles suficiente tiempo para que contesten. Además, debemos expresarles con claridad el sentimiento que nos provoca su conducta inadecuada con el objetivo de que aprendan a ponerse en el lugar de los demás.

Por otro lado, debemos contemplar educar la tolerancia a la frustración. Es importante que conozcan desde el principio que no siempre se puede obtener todo lo que queremos “aquí y ahora”, pero sí que se consiguen esforzándose y trabajando. Además, podemos favorecer su libertad y autonomía personal, lo cual les será útil en un futuro para saber hacer frente a la presión que ejerzan en ellos sus amigos y la publicidad. Asi como fomentar el establecimiemto y cumplimiento de normas familiares, acordes y adaptadas al momento evolutivo en el que se encuentren los hijos.

Otra de las acciones que podemos llevar a cabo con nuestros hijos e hijas para prevenir el consumo de drogas u otras sustancias adictivas es informarles de las drogas existentes y sus efectos, que conozcan las consecuencias que pueden derivarse del mismo y cómo esto puede perjudicarles en diferentes aspectos de su vida, tales como rendimiento académico, deterioro físico y mental, entre otros. El conocimiento es por tanto una herramienta fundamental para que puedan realizar una toma de decisiones responsable.

Analizar con ellos la influencia de los medios de comunicación en el consumo de sustancias, observar cómo se transmite a través de los anuncios, de las películas, de las revistas, etc.

Por otro lado, también es importante que nuestros hijos e hijas cuenten con una información completa acerca de los recursos sociales existentes en su ciudad, dirigidos a tiempo libre, cultura, sanidad, etc. Es decir, que conozcan otras alternativas que les permita realizar una organización saludable de su ocio, e incluso compartir con ellos alguna actividad de esta índole. 

 

Causas del consumo de droga en jóvenes y adolescentes

El consumo de alcohol y de otras drogas entre la población adolescente y juvenil está estrechamente vinculado al ocio nocturno, y para enfrentar esta realidad, debemos conocer las razones que mueven a los jóvenes a consumir.

La curiosidad es una de las principales razones por las que los jóvenes y adolescentes prueban por primera vez el alcohol u otras sustancias adictivas, este consumo puede quedarse en un hecho aislado, dando lugar a un consumo experimental que puede no interferir en la vida del joven, pero va encaminando su manera de tomar decisiones.

Otra razón evidente es la relación que existe entre el consumo de drogas y la diversión. En el imaginario social juvenil existe tal asociación que parece a veces impensable separar el concepto de diversión del consumo de drogas o, al menos, del alcohol. Es por ello por lo que debemos educar en un ocio saludable y alternativo, lejos de esta asociación, que promueva actitudes positivas hacia el autocuidado. 

Existe un patrón en nuestro modelo actual de sociedad que trata con demasiada normalidad la automedicación. Muchas familias tienden a creer que en la farmacia se pueden encontrar, en forma de píldoras, todas las soluciones a nuestros problemas físicos o psicológicos. Es comprensible entonces que muchos jóvenes traten de manipular químicamente sus estados de ánimo y busquen en las drogas la solución a sus problemas de aburrimiento, timidez, tristeza, cansancio o necesidad de desconexión y evasión.

Una característica inherente a la etapa adolescente es la necesidad de trasgredir o rebelarse contra el mundo adulto; es por ello que en muchas ocasiones la única razón por la que se consume es por “llevar la contraria”. Si en el seno de la familia todo se permite, la libertad se toma como valor supremo y no hay nadie ni nada a quien “llevar la contraria”, es probable que el joven, al no tener contra qué rebelarse, utilice las drogas con este fin.

Por último, no debemos olvidar la razón por la que muchos jóvenes consumen alcohol y otras drogas: la presión de grupo. La necesidad de pertenencia a un grupo de iguales es una constante en la etapa adolescente. Para sentir el grupo de amigos y amigas como refugio, a veces es necesario pasar por alto decisiones que habían sido tomadas previamente con acierto, por ello es necesario trabajar la toma de decisiones responsables, así como el autocontrol. Durante la adolescencia puede parecer impensable resistir en minoría la presión del grupo en el que se buscan sentimientos de pertenencia, y esto puede dar lugar a la experimentación  temprana con el tabaco, alcohol u otras sustancias. La vulnerabilidad a la presión del grupo de iguales puede enfrentarse con recursos de la personalidad del joven o la joven, tales como la asertividad, la autoestima, la manera de resolver conflictos y las habilidades sociales.

La prevención y el aprendizaje deben caminar de la mano durante toda la etapa infantil y juvenil. Es tarea de padres y madres, apoyados por la comunidad educativa y el tejido asociativo, fomentar hábitos de vida saludables, promover alternativas de ocio juvenil y ofrecer una información ajustada a las necesidades de los niños, niñas y jóvenes.

 

Redacción: Pilar Láinez Arribas y Elena López Feito. Técnicos del Programa de Salud de Cruz Roja Juventud

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