La realidad es que a nadie le gusta tener que madrugar y, cuando suena el despertador, todos pensamos: “5 minutos más, por favor”. Así que no puede extrañarnos que a nuestros hijos les cueste, y muchos recurran al llanto, el engaño o la súplica para poder quedarse un rato más entre los brazos de Morfeo. Sin embargo, los horarios mandan, así que es inevitable aprender a despertarle de la mejor manera, puesto que un buen despertar es el primer paso para tener un buen día.
¿Por qué les cuesta tanto?
La reacción en el momento de despertar, el tiempo que se tarda en remolonear, está ligada al metabolismo de cada uno. Hay personas que, por lo general, abordan el nuevo día con entusiasmo y sin mayores sobresaltos: son las consideradas diurnas. Es el caso de los chicos que se levantan enseguida, con buen humor, dispuestos a tomarse una buena taza de leche con cereales. Pero para otras personas el madrugón es algo más difícil. Les cuesta ponerse a tono con el amanecer, desperezar el cuerpo y saltar de la cama: son nocturnas.
Sin embargo, si esta indolencia matutina aparece de repente o se manifiesta con más intensidad de la acostumbrada y acompañada de malestares físicos, puede esconder algo más profundo detrás, como problemas en el colegio con otros compañeros o la profesora. Si así fuera, intenta averiguar qué le ocurre para ponerle fin y aliviar el sufrimiento y la pena de tu hijo.
¿Cómo lograr que no se haga el remolón?
- Para que le cueste lo menos posible, debe descansar las horas suficientes, que en un niño de esta edad son como mínimo 10.
- Regañarle o emplear métodos drásticos como subir las persianas de golpe o tirarle de la manta no ayuda. Los niños, debido a un factor fisiológico, necesitan más tiempo para pasar del sueño a la realidad y, en consecuencia, siempre necesitan mimos y serenidad.
- Es un error concederle 5 minutos más de sueño cuando no se quiere despertar, ya que luego habrá que ir más rápido para llegar a tiempo al cole, lo cual solo empeoraría la situación.
- La mejor forma para despertarle es recurrir a los mimos, acariciándole y susurrándole palabras cariñosas.
- Una vez que abra los ojos, cuéntale todas las cosas maravillosas que le esperan ese día: un buen desayuno, jugar en el colegio con sus mejores amigos, etc.
- Explícale que a ti también te cuesta a veces madrugar pero todo el mundo debe seguir unas normas y respetar los horarios establecidos.
- En vez de insistir para que se levanten, es mejor llamarlos un poco más temprano y concederles 10 minutos para que se despierten poco a poco, sin agobios.
- Usar su propio despertador los hace sentirse importantes y mayores, además de contribuir a que aprendan a responsabilizarse de sus cosas. Pero hay que confiar en ellos. Si nos adelantamos al ring-ring de su reloj nunca sabrán despertarse solos. Y conviene que ellos elijan el aparato y, sobre todo, el sonido (música, pitido, zumbido, la radio) que mejor los despierta.