Con la vuelta de la actividad escolar los niños, además de sus obligaciones educativas, se ven sometidos a diferentes tareas extraescolares que, según la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) y la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), pueden sobrecargar de obligaciones al niño y limitar su tiempo de descanso y juego.
"Se recomienda que se piense en el hijo, y con la cabeza; hay que hacer un uso responsable de este esfuerzo extra y pensar que ellos necesitan tiempo para descansar y para jugar, no sobrecargándoles de obligaciones. Los padres no se deben plantear el desarrollo de estas actividades como una carrera contra reloj", advierten.
El doctor Antonio Redondo Romero, pediatra de AP y director de la web de la SEPEAP, advierte que es el momento de que "los padres empiecen a poner las nuevas normas e ir dejando de lado algunos de los hábitos vividos durante el verano", ya que hay que ir preparando a los hijos para la vuelta a su rutina.
En este sentido, señala que es necesario volver a instaurar hábitos y horarios, "siendo conveniente que se pongan en marcha unos días antes de que llegue el primer día de su escolarización y, a poder ser, de mutuo acuerdo". Es el caso de la hora de despertarse, donde "ésta se debe ir instaurando de forma progresiva, para que el organismo se vaya acostumbrado al nuevo despertar dos o tres días antes del comienzo".
"Una vez se ha iniciado el curso es conveniente acordar los horarios de estudio y descanso en casa. Se hace necesario crear un ambiente de estudio tranquilo, con silencio, respetando la necesidad de cada cual", añade Redondo.
Por otra parte alertan de que los niños también sufren estrés con la vuelta al colegio ya que, "de la misma forma que en los adultos se plantea el famoso síndrome postvacacional al volver a sus puestos de trabajo", los niños pueden llegar a tener cierto nerviosismo y estado de ansiedad cuando les toca volver al colegio. No obstante, en una o dos semanas la mayoría de los alumnos se suelen adaptar a la normalidad escolar, partiendo del supuesto de que tanto el ambiente escolar como el familiar sean adecuados.