¡Comienza la independencia!

¡Comienza la independencia!
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En torno a los 12 meses de vida, los niños descubren el espacio e imitan las acciones y actividades de los demás comprendiendo buena parte de lo que se les comunica. Por ello, esta edad es un momento ideal para jugar con tu pequeño

Entre los 12 y los 18 meses el niño suele oponerse a todo, apareciendo el temido “no” como respuesta, ya que es una de las palabras que más habrá escuchado y, por eso, la repite y utiliza como un objeto más de poder sobre las cosas. Por otro lado, descubre que suceden situaciones a su alrededor que él no domina y comienza a probar en sí mismo y con los demás las diferentes reacciones ante una situación y el dominio que tienen sobre ella.

Además, al final de la etapa el niño:

    • Busca la novedad por sí misma.

    • Comienza el dominio de la verticalidad y hace torres con tres o cuatro cubos.

    • Su lenguaje comprensivo y gestual es mucho más rico que el hablado, lo que le llevará hacia el aprendizaje por la necesidad de una comunicación cada vez más compleja.

    • Aparece el principio de una actividad sensoriomotriz que conducirá al niño hacia la inteligencia práctica.

    • Se produce una evolución de la actividad tónico-postural. El niño imita los gestos y movimientos que ve a su alrededor e incluso les añade modificaciones propias.


¡Soy yo!

Cuando el niño es capaz de estar de pie por sí solo y dar sus pasitos apoyándose en la pared, podemos motivarle con un espejo de mano para que vea su cara, explicándole: “Éste eres tú”. Iremos moviendo el espejo de forma que camine lateralmente en ambas direcciones, ya que le motivará ver aparecer y desaparecer tanto su carita como la tuya en el espejo, aprendiendo a reconocerse.


Caminitos

Para realizar esta actividad, podemos colocar en el suelo diversos materiales, dependiendo de las posibilidades y del espacio: desde una esterilla de bolas de madera de las que se ponen en los asientos de los coches hasta unas piedras planas de río, una alfombra o una esterilla de playa. Sin zapatos invita al niño a caminar por encima de esta nueva superficie, describiendo lo que vais pisando mientras andáis. Con estos juegos se beneficia tanto la salud de los pies como la integración de los ejes corporales. Además, ayudará al niño a obtener estabilidad, adquiriendo seguridad.


Buscando, buscando, me entra la risa

Cuando el niño domina el soltar voluntariamente los objetos, incorporamos el siguiente juego; no conviene hacerlo con anterioridad, ya que puedes frustrarle en su intento, provocando un retraso en su desarrollo de aprendizaje. Con una botella transparente de boca ancha, enseña a tu hijo cómo meter pequeñas bolitas o pelotas en su interior. Deja que después lo haga él, descubriendo también cómo se sacan. Cuando comience a andar y pasear de un sitio a otro, puedes ofrecerle la botella, con la que caminará haciendo ruido. Además de divertirle mucho, esta actividad beneficia al niño para la adquisición del equilibrio necesario para una buena marcha, transportando objetos grandes pero livianos.


¡Miles de balones!

Para ello utiliza varios balones de playa y un aro o neumático. Comenzad a jugar con los balones, lanzándolos por el aire, rodando por el suelo o colocándolos dentro de un círculo (del aro o neumático). Si tienes patio o jardín, puedes tener varios neumáticos y pintarlos de colores. Al alzar y transportar objetos grandes y ligeros, su centro de gravedad se desplaza y se eleva ladeando el cuerpo. Ésta es una experiencia que le servirá para perfeccionar la habilidad de mantener el equilibrio, experimentando con los cambios de posición corporal.


Mi primer instrumento: el xilófono

Sentados en el suelo uno frente al otro, comienza a tocar el xilófono mientras cantas. El niño te imitará con gran rapidez, ya que les encantan los objetos que emiten sonidos. Mientras tocáis haz comentarios como: “¡qué bien lo haces!”, “¿repetimos?”… Gracias a este juego, el niño descubrirá la relación causa-efecto y desarrollará la inteligencia auditiva, fomentando la creatividad y la autovaloración mediante el reconocimiento positivo por parte del adulto.



Saltando obstáculos

Puedes crear un verdadero circuito de obstáculos con varias cajas de cartón. Haciéndoles un agujero en el centro, donde introducir un cilindro de cartón, las vas uniendo de forma que quede una caja en cada extremo del cilindro. A continuación, ponlas en una fila, todas seguidas de modo que el pequeño tenga que “saltar” por encima de los cilindros que se encuentran en su camino. Una vez adquirida la marcha autónoma, tu hijo necesita aprender a salvar pequeños obstáculos en su camino. Enseña al niño a pasar entre ellos, levantando los pies e intercambiando las piernas, como se hace al andar. Además, puedes pintar las cajas de colores, para nombrar el color y enseñárselos cuando el niño esté pasando por encima de estos obstáculos.


Los tambores

Sentados en el suelo, el niño con un adulto, con papá y mamá, los hermanos, abuelos… Cada uno tiene su “tambor”, una caja de 20 x 20, más o menos, y comienzan a golpear y cantar una canción. Luego comenzáis a tocar fuerte diciendo: “Ahora tocamos fuerte, más fuerte… y ahora tocamos suave, más suave” (casi acariciando la caja). Así, además de estimular la audición, adquirirá el concepto de fuerte/suave y el control voluntario motriz de sus manos.


El puente

Necesitas una madera de unos 40 cm de ancho por 1 m de largo, que colocarás sobre unos libros fuertes (en los extremos) de modo que forme un puente a unos 25 o 30 cm de alto. El niño, en un principio, pasará el puente a gatas. Es importante que estés cerca para evitar que se caiga, pero procura no ofrecerle más ayuda de la que realmente requiera. Además, pinta en el puente un gato, una casa y un árbol con manzanas y cuando el niño pase sobre el dibujo haz los sonidos apropiados: “Miau, miau”, “toc, toc” o “mmmm… ¡qué rica la manzana!”. ¡Verás cómo se divierte! Finalmente, colócate en el extremo del puente e invítale a que salte. También puede pasar andando por el puente, e incluso por debajo. Así coordinará los movimientos de ojos y pies, fomentando el conocimiento espacial y el cálculo de distancias, y la agilidad de los movimientos corporales.


Atravesando la caja

Coge una caja grande, abierta por ambos lados para poder atravesarla como si fuera un túnel. Se trata de que el niño vaya descubriendo con su cuerpo dónde y cómo puede pasar por un sitio desconocido y de tamaño reducido. Anímale a que atraviese la caja poniéndote al otro lado. Puedes hacer pasar primero al osito o lanzar una pelota suavemente para que salga por el otro lado. Esta actividad fomenta su motricidad y seguridad, siempre y cuando la cara de mamá o papá esté al otro lado.
 

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Fuente: “Todo un mundo por descubrir” de Elizabeth Fodor y Montserrat Morán.

Redacción: Silvia Paredes

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